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HISTORIA DE LA FILOSOFÍA

JAIME BALMES (1810-1848) - Índice general


 

Historia de la Filosofía  - Jaime Balmes                                Capítulo XXVI - ACADEMIA NUEVA Y NOVÍSIMA

XXVI - LA ACADEMIA NUEVA Y LA NOVÍSIMA

Acaemia nueva y novísima - Carnéades144. Ya hemos visto cómo la escuela de Platón recibió el nombre de Academia; pero con el mismo título se designaron otras, bien que añadiéndoles los epítetos de vieja, media y nueva, o vieja, nueva y novísima, con relación a tres épocas principales.

145. La Academia vieja empieza en Platón, o más bien en Sócrates, quien inauguró el método de discutir en pro y en contra, absteniéndose de afirmar y diciendo que sólo sabía una cosa, y es que no sabía nada. Pero así por el nombre, como por la forma, puede ser mirado Platón como el fundador de la Academia, pues que con su talento, elocuencia y método constituyó una verdadera escuela y organizó un sistema filosófico en todas sus relaciones. La doctrina y método de Platón no se conservaron en Aristóteles, que impugnó en varios puntos las teorías de su maestro, ni fue tan cauto como él en guardarse de afirmar o negar. Los fieles discípulos de Platón fueron Speusippo y Xenócrates, quienes continuaron la escuela académica enfrente de la peripatética. Sucediéronles Polemón, Crates y Crantor.

146. Entre los discípulos de Polemón se contaba Zenón, el fundador de la escuela estoica, quien, proponiéndose introducir nuevas doctrinas, provocó la oposición de Arcesilas, resultando de aquí la Academia media. Según Cicerón, Arcesilas no disputaba por espíritu de contradecir, ni por la vanidad de triunfar, sino movido por la oscuridad de las cosas, oscuridad que había obligado a Sócrates a confesar su ignorancia, y antes que a Sócrates, a Demócrito, Anaxágoras, Empédocles y a casi todos los antiguos, quienes dijeron que nada podemos conocer, ni percibir, ni saber; que los sentidos son limitados, el espíritu débil, la vida corta; que estando la verdad oculta en un pozo profundo, según la expresión de Demócrito, todo lo regían las opiniones y las convenciones; y que así no quedaba lugar a la verdad, y todo se hallaba cubierto de tinieblas. Por lo cual Arcesilas negaba la posibilidad de saber algo; ni aun aquello que Sócrates: «Sé que nada sé»; de donde infería que nada se debía afirmar, que a nada se debía asentir; era necesario suspender siempre el juicio, calificando de temeraria y torpe la conducta opuesta. Consecuente a su sistema, disputaba en pro y en contra de todo, con la mira de que, apareciendo la igualdad de razones en sentidos contrarios, fuera más fácil librarse de la tentación de afirmar. El método de Arcesilas no encontró por de pronto mucho séquito, pero se sostuvo con cierto brillo, merced a los talentos del fundador, que se distinguía por su agudeza de ingenio y admirable gracia en el decir.

147. Sucedióle Lacides; éste tuvo por discípulo a Evandro, quien fue maestro de Hegésino, cuyas lecciones recibió el famoso Carnéades, fundador de la nueva o más bien novísima Academia, por los años de 180 antes de la era vulgar.

148. Era Carnéades hombre de talento extraordinario, de mucha facundia y elegancia y versado en todas las partes de la filosofía, en lo cual excedía al mismo Arcesilas. Sostuvo como éste que nada sabemos, ni aun sabemos que no sabemos; y cuando Antípatro le objetaba que al menos debíamos saber esto último, ya que en ello se fundaba la Academia, respondía Carnéades que la regla era general, sin excepción de ninguna clase; y por tanto, que en la ignorancia de todo quedaba también envuelta la ignorancia de la ignorancia. Sin embargo, no se crea que Carnéades estableciese la duda universal, a la manera de Pirron; admitía probabilidades; sólo negaba la certeza, en lo cual opinaba tener lo bastante para la discusión filosófica y la conducta de la vida. Además, parece que no llevaba su severidad hasta el punto de Arcesilas: éste creía que el sabio no debe afirmar nunca. Carnéades, a veces, concedía que en ciertos casos la afirmación era permitida. Carnéades, nonnunquam secundum illud dabat; assentiri aliquando (Cic., I. Acad., § 21). Esto era un paso importantísimo, y separaba mucho a Carnéades de Arcesilas. Cicerón no aprueba esta reforma, y se inclina a creer que Carnéades no lo estableció así absolutamente, y que trazó la cuestión sin resolverla: hoc magis ab eo disputatum quam probatum, puto (Ibid, 24). Y en verdad que no habría mucha lógica en esta concesión de Carnéades, porque siendo doctrina fundamental de su escuela el que no hay ninguna representación verdadera, que no pueda ser imitada por otra falsa, no se concibe por qué se encontrarían casos en que la afirmación fuese legítima, a no ser que se destruya el cimiento de la Academia.

149. La escuela de Carnéades combatía hasta la misma dialéctica, comparándola con Penélope, porque deshacía a un tiempo la que había tejido en otro. ¿Qué se necesita, preguntaban, para formar un montón? ¿Bastan dos granos? No. ¿Tres? No. ¿ Cuatro? No. Lo mismo, añadían, se puede preguntar sobre la riqueza y la pobreza, la fama y la oscuridad, lo mucho y lo poco, lo grande y lo pequeño, lo largo y lo corto, lo ancho y lo estrecho; y así decían que no es posible fijar nada, pues que por una gradación vamos retrocediendo delante de una serie de interrogaciones que no nos dejan descansar. «Me pararé», respondía Crisipo. «Párate en buen hora —replicaba Carneades—; respira, duerme si quieres; pero ¿de qué te sirve el reposo? Te despertarán y te encontrarás de nuevo con las preguntas.» «Pero haré lo que un buen conductor; detendré los caballos si veo un precipicio; no responderé nada; callaré.» «Bien está; pero callas lo que sabes o lo que no sabes; si lo que sabes, el silencio es orgullo; si lo que no sabes, caíste en la red.»

150. La dialéctica establece que toda proposición es verdadera o falsa; he aquí un ejemplo de las sutilezas con que Carnéades combatía este axioma: «Si dices que mientes, y en efecto es así, mientes y dices verdad; luego tenemos el sí y el no.» Esto es un juego de palabras, porque en tal caso se dice verdad respecto a la afirmación de la mentira, como un hecho anterior; el sí se refiere al acto de mentir; el no, a la falta de verdad en lo afirmado por la mentira.

151. Vivió Carnéades hasta edad muy avanzada, teniendo a su lado a su discípulo Clitomacho, hombre muy aficionado al estudio, muy laborioso y agudo como un cartaginés: acutus ut Poenus. La escuela académica continuó por Philón y Antíoco Ascalonita, a quienes oyó Cicerón, en cuyo tiempo estaba casi abandonada en Grecia: quam nunc propemodum orbam esse in ipsa Graecia inteIligo (De Natur. Deor., lib. I, § 5).
 

Historia de la Filosofía  - Jaime Balmes                                Capítulo XXVI - ACADEMIA NUEVA Y NOVÍSIMA

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