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HISTORIA DE LA FILOSOFÍA

JAIME BALMES (1810-1848) - Índice general


 

Historia de la Filosofía  - Jaime Balmes                                                                   Capítulo LXII - KRAUSE

LXII - KRAUSE

Krause - Historia de la filosofía347. Basta la simple exposición de los sistemas filosóficos de la moderna Alemania para convencerse de que son un conjunto de hipótesis sin fundamento alguno en la realidad; pero ahora se trata de hacernos creer que se les ha encontrado un punto de apoyo, que se ha descubierto el secreto para convertirlos en verdadera ciencia, y que en adelante la filosofía alemana, completada en lo defectuoso, fortalecida en lo que encerraba de flaco, ensanchada en lo que tenía de estrecho, podrá satisfacer todas las necesidades de la ciencia, explicando los misterios del hombre, del mundo y de Dios. El autor de esa maravilla filosófica es Krause, según afirma con pasmosa seguridad su discípulo Ahrens. Veamos, pues, en qué consiste el nuevo sistema, cuyas pretensiones tendrán el mismo resultado que las de sus predecesores: después de haber prometido que lo explicarían todo, no explican nada; o vertieron un error nuevo, o dieron una nueva forma a un error viejo.

348. En la escuela de Krause se empieza por radicar la metafísica en la idea de ser, no sólo en cuanto contiene el significado común del verbo ser, o la existencia, sino en cuanto comprende «todos los seres con todos sus atributos». De esta suerte se entiende por ser el conjunto de todos los seres, con todos sus modos, bajo todas las formas: nada se excluye. En esta idea fundamental se deben distinguir dos: el ser y la esencia; o en otros términos: el ser subsistente y sus propiedades. La esencia no es distinta del ser; pero conviene distinguir con el entendimiento estas dos nociones. El ser y su esencia son las dos categorías más elevadas.

349. El ser, y todo ser, es uno; su esencia es una también; y así la unidad es la categoría inmediata a la de ser.

350. Note el lector que aquí hay un sofisma, y que si le dejamos pasar caemos en el panteísmo. Se dice: «Entendemos por ser el conjunto de todos los seres (348): es así que el ser es uno o tiene por atributo la unidad (349) luego todo el conjunto de los seres es un solo ser.» El sofisma se deshace diciendo que la unidad es el atributo de cada ser en particular; pero no del ser significado conjunto de todos los seres; la palabra expresa en la mayor una cosa muy diferente de la que significa en la menor; la consecuencia es, pues, ilegítima. El sofisma se reduce a una grosera petición de principio: «El ser es todo: eI ser es uno; luego todo es uno.» Esto es lo que se busca: si comenzáis afirmando que la unidad es el atributo de la totalidad, empezáis por suponer lo mismo que está en cuestión.
     Así dejamos rota la cadena del raciocinio de Krause no puede dar un paso; la categoría de unidad no pertenece al ser tal como él le toma, y así edifica en falso todo lo restante. Pero prosigamos exponiendo su sistema.

351. Después de la categoría de la unidad vienen las de sustancialidad y totalidad. Por sustancialidad se entiende el ser subsistente en sí y para sí. Se le podría sustituir el nombre de espontaneidad, si a éste no se le uniese la idea de actividad. La totalidad consiste en ser un todo, no de partes, sino de unidad. Ambas son absolutas o relativas. Si el ser existe en sí y para sí, con independencia completa, es absoluto, incondicional; en el caso contrario es relativo, condicional. Cuando el ser lo encierra todo en su esencia, es infinito, su totalidad es completa; cuando no, incompleta.

352. Lo infinito implica negación de límites; si se niega todo límite, la infinidad es absoluta; si sólo se niegan ciertos límites, la infinidad es sólo de cierto género u orden.

353. En todas las cosas hay un fondo que se llama esencia; su realización es la existencia. La posibilidad es la relación de la esencia a la existencia; de suerte que es posible todo aquello que está contenido en la esencia; lo que no está contenido en ella es imposible. Pero es preciso advertir que por esencia no entiende Krause la idea de la cosa, sino algo real, que más bien se llamaría germen, y que se va desenvolviendo y manifestando de diversas maneras. Así, la esencia de la encina no es su idea considerada en abstracto, sino su germen que ya estaba en la bellota; aquello, realizado, desenvuelto, toma la forma de encina. Lo mismo aplican a los demás seres corpóreos e incorpóreos. La esencia del espíritu no es su idea; es una especie de germen que se desarrolla con arreglo a sus leyes. Así, para resolver las cuestiones sobre la posibilidad o imposibilidad con respecto a una cosa, es preciso conocer el germen, la esencia de la misma: aquello de que se trata, ¿está contenido en el germen?; entonces es posible. ¿No está contenido?; entonces es imposible.

354. Antes de pasar adelante preguntemos a la escuela de Krause: ¿cómo sabe todo eso? Pruebas no alega; sólo expone; se trata, pues, de un sistema hipotético como tantos otros; obra de la imaginación. Continuemos.

355. Ningún ser infinito realiza juntamente todo su contenido; a cada cosa su época: la esencia del árbol tiene las épocas de germen, raíz, tronco, ramas, hojas, flor, frutos; la esencia es la misma, sólo que se manifiesta bajo diversas fases en el espacio y en el tiempo.

356. La razón de una cosa no es lo mismo que su causa: por razón entiende esta escuela la relación de lo continente a lo contenido. La razón de la flor es el árbol; la del árbol es el reino vegetal; la del reino vegetal es la tierra; la de la tierra es el sistema solar de que forma parte; en fin, la razón de todos los seres físicos y de todas sus combinaciones, es la naturaleza entera, que es la razón última de todo lo que vive en ella. En verdad que no es muy metafísico el señalar la razón de las cosas por el mero contener, como las bolas en la urna, y que el sistema de Krause se resiente algo de la idea grosera de Spinosa sobre el mismo punto; pero esto resalta todavía más cuando lo aplican al espíritu. La razón de los pensamientos, voliciones y sentimientos particulares se halla en las respectivas facultades de pensar, querer y sentir; la razón de estas facultades se encuentra en la constitución, en la esencia general del espíritu. ¿Quién os ha dicho que hay esa esencia general?

357. El espíritu individual, según ellos, no es la razón de sí mismo, ni de su organización; además, como todos los espíritus, no obstante su individualidad, tienen algo de común, una organización espiritual común en las facultades fundamentales y en las leyes que rigen su actividad, ningún espíritu individual puede ser la razón de esta constitución común de todos. Toda comunidad de constitución y de relación es un hecho transcendental que nos impele a buscar la razón de las individualidades en un ser superior que los contiene. (Ahrens, Curso de filosof., t. II, lec. X.) El lector notará que se llama razón no a lo que causa, sino a lo que contiene; y por lo tanto, al inquirir la razón de la comunidad de la organización de los espíritus, se la busca en un ser superior, no que los produzca o cree, sino que los contenga. Estamos otra vez en el panteísmo por un sofisma que es preciso deshacer. La comunidad de ciertas leyes en los espíritus requiere una razón, es verdad; pero esta razón vosotros decís que es lo que contiene, nosotros decimos que es lo que causa; si insistís en que por razón se ha de significar aquí contener, os preguntaremos: ¿por qué?, seguros de que no podréis dar un paso. Que hay leyes generales comunes a todos los espíritus, lo admitimos; pero negamos que el origen de esta comunidad haya de ser algo que contenga; decimos que es algo que causa, porque ésta es la única idea digna de la metafísica: lo de contener es tan grosero que sienta muy mal en una metafísica que se precia de haber llegado al último término; si por eso la hubiésemos de juzgar, la miraríamos como ciencia infantil, pues que se atiene a las formas sensibles.

358. Roto este eslabón, viene al suelo la consecuencia que se propone sacar Krause, a saber: que cada espíritu individual es una determinación y limitación interior de un espíritu universal, de una razón subsistente, donde se hallan contenidos todos los espíritus individuales como las figuras en el espacio, como los cuerpos individuales en la totalidad de la naturaleza física, centros propios, unitarios, pero interiores; focos particulares que reflejan la misma luz, que viven de la misma sustancia, la esencia fundamental del espíritu general.

359. Admitido el espíritu universal, verdadero ser sustancial, personal, existente en sí y para sí, superior a toda individualidad, pero que encierra a todos los individuos; superior al tiempo, pero donde están como en sustancia común los espíritus individuales que se desenvuelven en el tiempo, no cree la escuela de Krause haber llegado al ser absoluto; porque este espíritu, aunque infinito como espíritu, no lo es como naturaleza; su infinidad encierra los seres finitos del solo orden espiritual, y así es necesario buscar otro infinito que contenga lo perteneciente a lo corpóreo, o sea el orden de la naturaleza.

360. El espíritu universal, según Krause, no puede ser el Ser Supremo, porque no es absolutamente infinito; es un mundo particular que tiene a su lado otro mundo distinto de él; la Naturaleza, la cual es la razón de lo que existe fuera del orden de los espíritus, es un ser que contiene toda la serie de los individuos corpóreos, y bajo este aspecto es infinita; pero no lo es de un modo absoluto, pues no contiene al mundo de los espíritus.

361. Henos aquí, pues, con dos grandes seres, infinitos cada cual en su línea, distintos entre sí, independientes el uno del otro: el Espíritu y la Naturaleza. Ahora es preciso buscar un punto de unión entre los dos, un origen común, un tronco para esas dos ramas, un mundo superior que encierre el espiritual y el natural, un infinito absoluto que contenga los dos infinitos relativos, y aquí es donde Krause encuentra el Ser Supremo, esencia fundamental, cuyas dos manifestaciones son la Naturaleza y el Espíritu. A la primera ojeada descubrirá el lector que después de tantos rodeos venimos a parar, bien que con otras palabras, a la sustancia única de Spinosa, con sus dos atributos extensión y pensamiento; veamos, sin embargo, lo que excogita la vanidad filosófica para aparentar que dice algo más que el judío holandés.

362. El Espíritu ofrece el carácter de espontaneidad; la Naturaleza, el de totalidad; la Naturaleza hace sus obras completas, enlazadas, con sujeción a una ley de continuidad; el Espíritu produce sus actos aislados, sin unidad, sin sujeción a ninguna ley, por la cual los unos se sigan a los otros; la Naturaleza no forma una cabeza sin añadirle los demás miembros que corresponden; el Espíritu concibe una cosa con separación de las otras, y una misma la considera bajo diferentes aspectos; la Naturaleza sigue en su desarrollo un orden constante, en que todo marcha con simultaneidad y en una dirección dada; el Espíritu se desenvuelve con variedad, con interrupciones, cambiando la dirección a cada instante, sin necesidad alguna, con entera libertad. Estos dos modos de manifestarse indican dos seres distintos, independientes el uno del otro; sin embargo, estos dos seres existen juntos, y no sólo por yuxtaposición, sino por intimidad de penetración... «Y se penetran más íntimamente en el hombre, que, formando la síntesis más completa de los mismos, posee órganos físicos para todo lo que se halla en la Naturaleza y facultades intelectuales para todo lo que existe en el Espíritu.» (Ahrens, Ibid.)

363. Pero la razón de la comunidad de vida y de esta unión de la Naturaleza y del Espíritu, no puede hallarse ni en el uno ni en el otro, porque ni uno ni otro es la razón de que el ser opuesto esté constituido en su esencia de tal modo que pueda entrar con él en esta unión y recibir sus influencias. La razón de la unión no puede hallar se sino en una unidad superior que reúne en esencia los dos atributos opuestos. Esta unidad superior es un Ser Supremo llamado Dios; él es en unidad de esencia lo que todos los seres finitos y particulares son exclusivamente y de una manera opuesta y predominante; Dios no es la Naturaleza ni el Espíritu como tales; es, en la unidad de su esencia, la identidad del Espíritu y de la Naturaleza; y esta unidad, esta identidad es una esencia distinta y superior, que hace imposible la confusión del Ser Supremo con lo que es todavía finito bajo ciertos aspectos. El Ser Supremo, por el atributo de lo infinito o de la totalidad, es la Naturaleza; y por el atributo de lo absoluto o de la espontaneidad, es el Espíritu; pero es todavía más, es la unidad de lo infinito y de lo absoluto, de la totalidad y de la espontaneidad, y esta unidad constituye para él un nuevo modo de existir, una modalidad tan fundamental como la de la Naturaleza y del Espíritu, y fundamentalmente distinta del Espíritu y de la Naturaleza. Dios, en cuanto Espíritu, es pensamiento, sentimiento y voluntad; 'en cuanto Naturaleza, es luz, calor, atracción, etc.; pero es más todavía: es la unidad y la identidad superior de estas manifestaciones opuestas; es la unidad y la identidad del pensamiento y de la luz, del sentimiento y del calor, de la voluntad y de la gravitación. (Id., Ibid.)
     Como la luz es la verdad y la identidad de todos los colores, así la esencia divina es la identidad de esencia de todas las cosas del universo; y esta unidad es distinta de ellas, como la luz lo es de todos los colores, aunque toda esencia esté contenida en la unidad de esencia, como todos los colores lo están en la luz. Así no confundimos a Dios con el mundo, ni le separamos de él, porque no podemos separar la esencia divina de la esencia del mundo. Pero por su unidad, Dios es superior al mundo; Dios no ha existido sin el mundo; el mundo no ha sido creado en el tiempo, porque la esencia del mundo está contenida en la esencia divina; pero Dios es la razón eterna del mundo y de todo lo que él contiene, y aunque por la unidad de su esencia esté en unión, en contacto con la menor parte del mundo, no obstante la esencia divina no se resuelve en la del mundo, permanece unitaria, y Dios queda uno e idéntico, sin dividirse en las existencias particulares. (Id., Ibid.)

364. El sistema de Krause se reduce a lo siguiente: hay dos mundos, el espiritual y el natural, a cada uno de los cuales corresponde un ser infinito en su orden respectivo: Espíritu y Naturaleza. Los seres individuales finitos están en comunidad de esencia con uno de ellos; los cuerpos, con la Naturaleza; los espíritus, con el Espíritu. La Naturaleza y el Espíritu son distintos, pero tienen comunidad de esencia con el Ser Supremo absoluto, que incluye en sí la unidad, la identidad de la Naturaleza y del Espíritu. Dejo al buen juicio del lector el resolver si con esta doctrina se evita el panteísmo; y si, a pesar de todas las protestas, es algo más que el sistema del ser absoluto, con distintos atributos. El mismo Spinosa, al establecer la unidad de sustancia, admitía dos atributos: extensión y pensamiento; Schelling reconocía dos fases en el ser absoluto, mirando al Espíritu como el predominio de lo infinito y a la Naturaleza como el predominio de lo finito; Hegel consideraba a la Naturaleza como lo exterior de lo absoluto; al Espíritu, como lo interior; no hay panteístas que no admitan bajo una u otra forma, con este o aquel nombre, cierta distinción en la unidad absoluta; a esto se hallan precisados, porque la razón, y sobre todo la experiencia, nos presentan evidentemente la diversidad, y esto es necesario explicarlo de un modo u otro, considerando en lo absoluto variedades de fases, modos de ser, evoluciones, manifestaciones, atributos, propiedades, etcétera. Pero empléense las palabras que se quieran, si no se establece distinción esencial y sustancial entre lo finito y lo infinito, no se sale del panteísmo, no se explica a Dios, se le niega; y en cuanto al origen del mundo, se cae en el sistema de las emanaciones, que es irreconciliable con la religión y con la metafísica.
 

Historia de la Filosofía  - Jaime Balmes                                                                   Capítulo LXII - KRAUSE

Capítulo LXI - Cousin                                                 Capítulo LXIII- Ojeada sobre la filosofía y su historia

 

 

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