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Empleó la juventud en viajar por Egipto, para estudiar la filosofía,
según era costumbre en su tiempo. A su regreso, se casó con una mujer
muy virtuosa, y vivió en medio de su familia, gozando de inalterable
tranquilidad. De esta unión nació la célebre Cleobulina, la cual, con su
aplicación constante y con las lecciones de su padre, adquirió tan
vastos conocimientos que embarazaba y confundía a los hombres más
sabios, especialmente con las preguntas enigmáticas que solía
proponerles. Era además tan benéfica, que ella misma era la que lavaba
los píes a los sujetos que entraban en casa de su padre.
Cleóbulo fue elegido para gobernar el pequeño distrito de Lindos, y lo
hizo con tanta facilidad como si gobernase una sola familia. Evitó
cuidadosamente todo lo que podía atraer guerras y discordias, tanto
entre los habitantes, como entre estos y los extranjeros. Su mayor
mérito, como filósofo, era su sutileza para proponer y resolver enigmas.
Él fue el que propagó en Grecia la afición a enigmas, que era tan común
en Egipto. He aquí uno de los que compuso:
«Soy un padre, que tengo doce
hijos, y cada uno de ellos tiene treinta hijas, pero muy diferentes
entre sí, en punto a belleza. Las unas tienen el rostro blanco; las
otras lo tienen negro. Son inmortales y mueren cada día.»
Este enigma significa el año. Cleóbulo compuso también el epitafio que
está en el sepulcro de Midas, en que tributa grandes elogios a este
monarca. Algunos lo han atribuido sin fundamento a Homero, que fue muy
anterior a Midas.
Según la doctrina de Cleóbulo, la virtud consiste en huir de la
injusticia y de los otros vicios. En el mismo sentido habla Horacio
cuando dice:
Virtus est vitium fugere, et sapientia prima
Stultitiâ
caruisse...
Decía que el hombre debía observar tres cosas cuidadosamente en toda
clase de negocios, a saber, el orden, el tiempo y la moderación; que los
hombres debían vivir según la condición que tienen en la sociedad; que
no hay cosa más común en el mundo que la ignorancia y la charlatanería;
que el filósofo debe tener sentimientos elevados, huir de la ingratitud
y de la infidelidad y hacer bien a los amigos y a los enemigos, para
conservar a los unos, y ver si se puede cautivar a los otros.
«Antes de salir de casa, decía, examinad lo que vais a hacer, y cuando
volváis, examinad lo que habéis hecho. Hablad poco y escuchad mucho. No
habléis mal de nadie. Aconsejad lo que creáis más conforme a la razón.
No os abandonéis a los placeres. Reconciliaos con vuestros enemigos, si
los tenéis. No hagáis uso jamás de la violencia; no reprendáis jamás a
vuestra esposa, ni la alabéis en presencia de extraños, pues lo uno es
locura, y lo otro flaqueza.»
Cuando Cleóbulo supo que Solón había abandonado para siempre a su
patria, hizo cuanto pudo para atraerle a su país, y con este objeto le
escribió la carta siguiente:
«Tienes muchos amigos, cuyas casas están a
tu disposición; pero creo que en ninguna parte puedes estar mejor que
aquí. Lindos es una ciudad marítima enteramente libre. Nada tienes que
temer de Pisístrato, y todos tus amigos podrán venir a verte con entera
seguridad. »
Cleóbulo supo aprovecharse diestramente de todas las ventajas que la
suerte le habla proporcionado, y vivió sin embarazos ni incomodidades.
Fue feliz como marido, como padre, como ciudadano y como filósofo, y
murió a la edad de 70 años, después de haber gozado extraordinarios
honores. Los habitantes de Lindos sintieron amargamente su pérdida, y le
erigieron un magnífico sepulcro con un epitafio en que honraban su
memoria. |