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COMPENDIO DE LAS VIDAS DE LOS FILÓSOFOS ANTIGUOS

François Fénelon - Índice general

 

 


 

EPIMÉNIDES

Llegó a Atenas en la Olimpíada 45. Corrió la voz de que había estado dormido en una caverna, por el espacio de 57 años, y que había vivido 154; otros dicen 167, y otros 298.
 

Epiménides de Gnosia, vivía en la isla de Creta en tiempo en que Solón gozaba de gran crédito en Atenas. Era un hombre de vida ejemplar. Todos los griegos creían que era hijo de una ninfa, que un espíritu celeste le inspiraba y que solía tener revelaciones divinas.

 Se aplicó a la poesía y a todo lo concerniente al culto divino. Él fue el primero que empleó las ceremonias de consagrar templos y purificar los campos, las ciudades y aun las casas particulares. No apreciaba mucho a sus compatriotas. San Pablo, en su epístola a Tito, cita un verso de Epiménides, en que, hablando de los cretenses, dice que son embusteros, perezosos y malas bestias.

He aquí como se cuenta la historia del sueño de Epiménides. Su padre le envió al campo a buscar una oveja. Estando de vuelta, se separó un poco del camino, y como era medio día, y hacia mucho calor, entró a descansar y refrescarse en una caverna. Echóse a dormir y estuvo durmiendo cincuenta y siete años. Al despertar, creyendo que había dormido un tiempo regular, lo primero que hizo fue buscar la oveja; no viéndola en ninguna parte, salió de la cueva y quedó admirado al ver cuánto había mudado el aspecto del país. Corrió al sitio en que había tomado la oveja, y vio que la casa había mudado de habitantes y que todas las personas a quienes se dirigía se hacían de nuevas y no- sabían lo que quería decir. Volvió lleno de espanto a la ciudad de Cnosos, y por todas partes veía caras nuevas; entró en casa de su padre y le preguntaron quien era y que buscaba. Al fin, con gran trabajo y después de muchas explicaciones, le reconoció un hermano suyo menor que él, a quien había dejado niño y que ya estaba viejo. Una aventura tan extraordinaria hizo mucho ruido en todo aquel país, y Epiménides fue mirado como un hombre especialmente favorecido por los dioses. Los que no dan asenso a esta fábula, son de opinión que empleó los cincuenta y siete años en viajar bajo otro nombre.

Cuando Megacles hizo pasar a cuchillo a todos los ciudadanos del partido de Solón, sin perdonar a los que se habían acogido a los altares, tal fue el terror de los atenienses, que no podían gozar de un momento de reposo. La peste afligía aquel país y sus pobladores creían además que las sombras de los muertos se aparecían de noche en todas partes. Consultados los adivinos, dijeron que, según los sacrificios denotaban, la ciudad de Atenas había estado contaminada con una gran abominación. Entonces se dio la comisión a Nicias de pasar a Creta para llevar a Epiménides a Atenas, por ser tan grande la reputación de que gozaba aquel filósofo en toda Grecia. Epiménides consintió en ello y habiendo llegado a la ciudad, tomó consigo muchas ovejas negras y blancas, las llevó al Areópago y allí las soltó, dejándolas ir por donde querían: pero mandó que se siguiesen sus pasos, y que se inmolase cada una en honor de una divinidad diferente, en el primer sitio en que se parase. Por esto en tiempo de Laercio se veían en Atenas tantos altares consagrados a dioses cuyos nombres se ignoraban. Las órdenes de Epiménides fueron rigurosamente observadas y desde entonces cesaron las enfermedades y las apariciones.

Epiménides, cuando llegó a Atenas, se hizo muy amigo de Solón, y contribuyó en gran manera al establecimiento de sus leyes. Hizo conocer la inutilidad de las bárbaras ceremonias que practicaban las mujeres en los funerales, Acostumbró poco a poco a todo el pueblo de Atenas a hacer oración y celebrar sacrificios, y le dispuso, por este medio, a vivir con arreglo y con sumisión a los magistrados.Epiménides el Cretense - Compendio de las vidas de los filósofos antiguos - Fénelon

Un día, después de haber contemplado algún rato el puerto de Muniquia, dijo a los que le acompañaban: «Los nombres viven en tinieblas espesas acerca del porvenir. Si los atenienses supieran cuántas desgracias les atraerá este puerto, se lo comerían ahora mismo.»

Después de haberse detenido algunos días en Atenas, Epiménides dispuso su regreso. Los atenienses le prepararon un navío, y le dieron un talento por su trabajo, más el filósofo les dio gracias, rehúso el dinero y se limitó a pedirles su amistad. Después estableció relaciones muy estrechas entre Atenas y Cnosos. Antes de salir, mandó construir un hermoso templo en honor de las Furias.

Epiménides quiso hacer creer que era Eaco y que había resucitado muchas veces. Nunca comió delante de testigos, por lo que el vulgo creyó que las ninfas le mantenían con maná.

Vaticinó a los lacedemonios la dura esclavitud a que los sometieron los habitantes de Arcadia.

Un día, estando edificando un templo dedicado a las Musas, salió una voz del cielo y dijo: «Epiménides, no consagres el templo a ninguna otra divinidad que a Júpiter

Cuando supo que Solón se había retirado de Atenas, a fin de consolarle y de atraerle a Creta, le escribió en los términos siguientes:

«Ten ánimo, amigo mío. Si Pisístrato hubiera reducido hombres acostumbrados a la servidumbre, o que ignorasen lo que son las buenas leyes, quizás podría durar algún tiempo su dominio, pero las tiene que haber con hombres libres y valientes. Los atenienses no tardarán en acordarse de las lecciones de Solón. Tendrán vergüenza de las cadenas que arrastran, y no podrán sufrir que un tirano los tenga tanto tiempo en esclavitud. En fin, aun cuando Pisístrato domine en Atenas durante toda su vida, el reino no pasará a sus hijos. Te aconsejo que no vayas errando de un lugar a otro. Ven sin pérdida de tiempo a Creta, donde no hallaras tirano que te atormente. Si los amigos de Pisístrato te encuentran en alguna parte, como es muy posible, no dudes que se venguen de ti.»

Epiménides pasó toda su vida en la práctica de las virtudes. Era muy aficionado a la poesía y escribió muchas obras en verso. Compuso un poema sobre la generación de los Curetas y de los Coribantes, y otro sobre la expedición de Colcos.

Epiménides vivió, según algunos, 157 años, y 298 según otros. Como toda su vida fue misteriosa, hubo quien dijo que había envejecido en tantos días cuantos años había estado durmiendo. Los cretenses le hacían sacrificios como a un dios. Los lacedemonios conservaron religiosamente su cadáver, en virtud de un oráculo que se lo había mandado así.

 

 

 

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