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COMPENDIO DE LAS VIDAS DE LOS FILÓSOFOS ANTIGUOS

François Fénelon - Índice general

 

 


 

HERÁCLITO

Florecía en la Olimpiada 69.
 

Heráclito, de Éfeso, era hijo de Blyson. Era generalmente apellidado el filósofo tenebroso, porque nunca hablaba sino es por enigmas. Laercio dice que era muy vano, y que despreciaba a casi todos los hombres. Decía que Homero y Arquíloco, debían ser arrojados violentamente de la sociedad de los hombres. Estaba muy enfadado con los habitantes de Éfeso, porque habían desterrado a su amigo Hermodrus. Decía a gritos que todos los de Éfeso merecían la muerte, para expiar el crimen que habían cometido persiguiendo al mejor ciudadano y al hombre de más mérito de toda la república.

Heráclito había aprendido todo lo que sabía sin maestro. Sus profundas meditaciones le habían abierto el camino del conocimiento de la verdad. Tenía muy mala idea del género humano, y se compadecía de los errores en que viven la mayor parte de los hombres. Tanta pesadumbre tenía al considerar estas cosas, que casi siempre estaba llorando. Juvenal le pone en contraste con Demócrito, que siempre estaba riendo. El mismo poeta dice que la risa es un arma de que cada cual puede echar mano para corregir las locuras de los hombres, pero que no sabe como pueden caber en una cabeza humana las lágrimas que no cesaba de derramar Heráclito.

Sin embargo, este filósofo no fue siempre del mismo modo de pensar. Cuando joven decía que no sabía nada y se quejaba de su ignorancia; cuando llegó a la edad madura decía que su ciencia era universal y que nada se le ocultaba. Todos los hombres le desagradaban, huía de la sociedad, y se iba a jugar a las tabas y a otros juegos con los muchachos del pueblo, enfrente del templo de Diana. Los habitantes de Éfeso iban a presenciar tan extraño espectáculo. «¿De que os admiráis? les decía el filosofo. ¿No es mucho mejor jugar con estas criaturas que consentir, como hacéis vosotros, en el mal gobierno de la república?» Los habitantes de Éfeso le pidieron que les diese leyes, más él no quiso, fundándose en que las costumbres públicas estaban muy corrompidas en aquel país, y en que no tenía la menor esperanza de reformarlas.

He aquí algunas opiniones de Heráclito: Heráclito - La escuela de Atenas (detalle) - Rafael Sanzio - (c. 1510, Sala de la Signatura, Estancias de Rafael, Palacio Apostólico - Ciudad del Vaticano)

«Los pueblos deben pelear con tanto ardor por conservar sus leyes, como por defender sus fortalezas. Un resentimiento debe apagarse con más prontitud que un incendio, porque el uno trae consigo resultados más funestos que el otro. Un incendio consume algunas casas, y un resentimiento ocasiona guerras crueles y con ellas la ruina délas naciones.»

«El fuego es el primer principio de todas las cosas. Este primer elemento se cambia en aire, por medio de la condensación. El aire, condensándose, se convierte en agua. El aire se convierte en tierra, y por los mismos grados, la tierra, por medio de la rarefacción se convierte en agua, el agua en aire, y el aire vuelve al principio universal, que es el fuego. El universo no es infinito. No hay más que un mundo. Este se compone de fuego, y perecerá por el fuego. El universo está lleno de espíritus y de genios. Los dioses no tienen providencia; todo lo que sucede depende del destino. El sol es del tamaño que parece a nuestra vista. Sobre el aire que nos rodea, hay unos cuerpos en figura de barcos, cuya parte cóncava está vuelta hacia la tierra. Allí suben los vapores que la tierra despide. Estos cuerpos son los astros, llenos de vapores inflamados, que brillan como lo vemos en el resplandor de los cuerpos celestes. Los eclipses del sol y de la luna acaecen cuando estos cuerpos vuelven hacia la tierra la parte convexa. De esto mismo dependen los varios aspectos de la luna. Es inútil toda investigación acerca de la naturaleza del alma, porque es tan obscura que imposible comprenderla.»

Hubo una sedición en Éfeso. Algunos habitantes le suplicaron que declarase delante de todo el pueblo los medios de evitar semejantes trastornos. Heráclito subió a la tribuna, tomó un vaso de agua fría, le llenó de yerbas, se las comió y bajó de la tribuna; con lo que quiso dar a entender que era necesario desprenderse del lujo y acostumbrarse a vivir con moderación.

Heráclito compuso un libro intitulado: De la Naturaleza, y le depositó en el templo de Diana. El estilo de esta obra era sumamente oscuro, de modo que era preciso ser muy sabio para entenderla. No quiso que el pueblo se acostumbrase a estas doctrinas porque llegaría a despreciarlas. Este libro tuvo mucha fama por su oscuridad. Darío, rey de Persia, escribió al autor, convidándole a que viniese a su corte a explicarle aquella otra, y ofreciéndole una gran recompensa, más Heráclito no admitió.

Este filósofo hablaba muy poco. Cuando le preguntaban la causa de su silencio, respondía: «Callo, para que hables.» Despreciaba a los atenienses que le miraban con un respeto extraordinario, y prefería vivir en Éfeso donde era despreciado generalmente. Lloraba con mucha frecuencia considerando las miserias humanas. El odio que profesaba al género humano le indujo a abandonarle para siempre. Se retiró a unas montañas espantosas, donde no trataba con nadie y donde se mantenía de yerbas. Las asperezas de este género de vida le ocasionaron una gran enfermedad. Estaba hidrópico y volvió a Éfeso para curarse. Como no hablaba más que por enigmas, preguntó a los médicos si podían convertir el tiempo lluvioso en sereno. Los médicos no le entendieron y Heráclito se fue a un establo y se enterró en estiércol, creyendo que de este modo se evacuarían las aguas que eran causa de su mal, pero se enterró de tal modo que no fue posible desenterrarle. Otros dicen que murió comido de perros. Murió a la edad de 65 años.

 

 

 

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