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VOLTAIRE - DICCIONARIO FILOSÓFICO 

Índice (A) (B-C) (D-F) (G-N) (O-Z)



Voltaire es un precursor. Es el portaantorcha
del siglo XVIII, que precede y anuncia la Revolución.
Es la estrella de ese gran mañana. Los sacerdotes
tienen razón para llamarle Lucifer.


         VÍCTOR HUGO

 

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Voltaire - Diccionario Filosófico  

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ANALES

Anales - Diccionario Filosófico de VoltaireVarios pueblos vivieron mucho tiempo y viven todavía sin anales. En toda la América, o sea en la mitad del globo, sólo los tuvieron Méjico y el Perú, y estos anales son relativamente modernos, porque no contamos los cordelillos con nudos con los que los peruanos recordaban los principales hechos, antes de que conocieran la escritura.

Tampoco conocieron nunca anales las tres cuartas partes de África. Aun en la actualidad, entre las naciones más ilustradas, que usan y abusan del arte de escribir, puede contarse por lo menos el noventa y nueve por ciento del género humano que ignoran lo que sucedió en su país más allá de cuatro generaciones, y apenas si conocen el nombre de sus bisabuelos. La mayoría de los habitantes de las aldeas y de los pueblos se encuentran en este caso, y hay en ellas familias que ni siquiera tienen los títulos de sus posesiones. Cuando se entabla algún proceso respecto a los límites de un campo o un prado, el juez lo decide según lo que oye decir a los ancianos del pueblo. Para muchas familias, el mejor título es la posesión de la tierra. Algunos acontecimientos notables se transmiten verbalmente de padres a hijos, y van alterándose poco a poco, a medida que pasan de boca en boca: no conocen otros anales.

Recorred las aldeas de Europa, que hoy está civilizada, cuenta con numerosas bibliotecas y parece que esté agobiada bajo el peso de un enorme montón de libros; pues apenas hay en cada aldea dos hombres que sepan leer y escribir. Ejecutan todavía los trabajos de batir, de sembrar y de recoger como se ejecutaban en tiempos antiquísimos. El labrador no tiene momentos de ocio y no echa de menos que no le hayan enseñado a consumir algunas horas del día dedicándolas a la lectura. Esto prueba que el género humano no ha tenido necesidad de monumentos históricos para cultivar las artes que son indispensables para la vida.

No debe sorprendernos que carezcan de anales muchísimas poblaciones, pero sí debe causarnos sorpresa que tres o cuatro naciones los conserven desde hace cinco mil años, después de tantas revoluciones que han trastornado el mundo. No conservamos ni una línea de los antiguos anales egipcios, caldeos, persas, etruscos y latinos. Los únicos anales antiguos que se conservan son los indos, los chinos y los hebraicos.

No podemos llamar «anales» a los fragmentos de Historia, vagos y descosidos, sin fechas, sin ilación y sin orden: esos son enigmas que la antigüedad propone a la posteridad, y ésta no comprende.

No nos atrevemos a asegurar que Sanchoniathon, que vivía, según se dice, antes de la época de Moisés, haya compuesto anales. Probablemente limitaría sus averiguaciones a su cosmogonía, como después hizo Hesíodo en Grecia. Aventuramos esta opinión sin tener seguridad en ella; porque escribimos para instruirnos y no para enseñar; pero merece llamar la atención que Sanchoniathon cite los libros del egipcio Thaut, que, según él dice, vivió ochocientos años antes que él; luego Sanchoniathon escribiría probablemente en el siglo donde se coloca la aventura de Josef en Egipto. Asignamos la época de la elevación del judío Josef al primer ministerio de Egipto, el año 2300 de la creación.

Si Thaut escribió sus libros ochocientos años antes de esa fecha, los escribió el año 1500 de la creación, ciento cincuenta y seis años antes del diluvio; y si esto fuera verdad, estarían grabados en piedra y se hubieran conservado después de la inundación universal. Hay otra dificultad para creer lo que dice Sanchoniathon, y esa dificultad es que éste no habla del diluvio y que no se ha citado jamás ningún autor egipcio que se ocupara de él. Pero todas estas dificultades se desvanecen ante el Génesis que inspiró el Espíritu Santo.

No pretendemos penetrar en el caos que varios autores han pretendido aclarar inventando diferentes cronologías. Nosotros, que nos atenernos al Antiguo Testamento, sólo nos atrevemos a preguntar si en la época de Thaut se escribía con jeroglíficos o con caracteres alfabéticos, si habían desistido ya de escribir en piedra y en ladrillo, y lo hacían en pergaminos o cualquier otra materia; si Thaut escribió anales o una cosmogonía; si el Bajo Egipto estaba habitado; si habían construido ya los canales para que recibieran las aguas del Nilo; si los caldeos habían enseñado ya las artes a los egipcios, y si aquéllos las habían aprendido ya de los brahmanes.

Hay muchos autores que resuelven todas las cuestiones. Esto me recuerda lo que un hombre de ingenio y de buen sentido dijo un día, refiriéndose a un grave doctor: «Ese hombre debe ser un gran ignorante, porque sabe contestar a todo lo que le preguntan.»

 

Voltaire - Diccionario Filosófico    

 ANALES

 

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