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BIOGRAFÍAS Y SEMBLANZAS

Vidas y referencias biográficas de los filósofos y pensadores - Índice General
 

 
 

Noticias biográficas acerca de Platón (*)     (1) (2)

Patricio de Azcárate 

I

Biografía de PlatónLos documentos auténticos sobre la vida de Platón se reducen a los cuatro siguientes:

Diógenes Laercio, libro III;

Apuleyo, preámbulo del libro I. De dogmate Platonis;

Olimpiodoro, en su comentario sobre el Primer Alcibiades;

y 4º, un fragmento anónimo publicado por la primera vez por Heeren, y que no difiere mucho de la biografía de Olimpiodoro.

De estos cuatro documentos, el más antiguo, el más atendible, el más extenso, y el que quizá ha servido de base a todos los demás, es la biografía de Diógenes Laercio. Le seguiremos fielmente, completándolo sobre algunos puntos con las indicaciones tomadas de los otros tres biógrafos.

Platón de Atenas, dice Diógenes Laercio, era hijo de Ariston; su madre, Perictiona o Potona, descendía de Solon, por Drópides, hermano del legislador y padre de Critias, que tuvo por hijo a Calleschrus. De este último nació Critias, uno de los treinta tiranos, y Glaucon; de Glaucon, Carmides y Perictiona madre de Platón. También era Platón descendiente en sexto grado de Solon, suponiéndose éste mismo procedente de Neleo y de Neptuno. Se pretende, igualmente, que su padre contaba entre sus antepasados a Codro, hijo de Melanto, uno de los descendientes de Neptuno, después de Trasylo. Según un rumor acreditado en Atenas, y reproducido por Spensipe en el Banquete fúnebre, por Clearco en el elogio de Platón, y por Anaxílides en el segundo libro de los Filósofos, deseando Ariston consumar su unión con Perictiona, que era muy hermosa, no pudo conseguirlo; renunció entonces a sus tentativas, y vio al mismo Apolo en los brazos de su mujer, lo que le obligó a no unirse a ella hasta el fin de su matrimonio. Platón nació según las Crónicas de Apolodoro, en el primer año de la olimpiada 88, séptimo del Targelion, día en que los habitantes de Delos creen que nació Apolo. Murió en un convite de boda, según Hermipo, el primer año de la olimpiada 108 a la edad de 81 años. Neante pretende que murió de edad de 84 años. Tenía seis años menos que Isócrates, puesto que éste nació bajo el arcontado de Lisímaco, y Platón bajo el de Aminias, el año mismo en que murió Pericles. Aureliano dice en el último libro de los Tiempos, que Platón era del barrio de Colito; pero otros sostienen que nació en Egina, en casa de Fidiadas, hijo de Tales. Favorino, en particular, sostiene esta opinión en sus Historias diversas; y dice que su padre formaba parte de la colonia enviada a esta isla, y que se trasladó a Atenas en la época en que los eginetas, auxiliados por los lacedemonios, arrojaron a los antiguos colonos. Atenodoro refiere en el libro octavo de los Paseos, que Platón dio en Atenas juegos públicos a expensas de Dion.

Tenía dos hermanos, Adimanto y Glaucon, y una hermana llamada Potona, de la que nació Spensipe. Estudió las letras con Dionisio, que cita en los Rivales, y la palestra con Ariston de Argos. Alejandro dice en las Sucesiones, que fue Ariston el que le dio el nombre de Platón, a causa de su robusta constitución, y que antes se llamaba Aristocles, del nombre de su abuelo. Otros pretenden que se le llamó así por la anchura de su pecho, y Neante ve en esto una alusión a lo espacioso de su frente. Algunos autores, entre otros Dicearco en Las Vidas, han pretendido igualmente que disputó el premio de la palestra en los juegos Istmicos. (1) Se dice que cultivó la pintura y compuso obras poéticas, primero ditirambos, y después cantos líricos y tragedias.

Timoteo de Atenas dice en Las Vidas, que tenía la voz atiplada. Se refiere también con este motivo el hecho siguiente: Sócrates vio en sueños un cisne joven puesto sobre sus rodillas, que soltando sus alas voló al momento haciendo escuchar cantos armoniosos. Al día siguiente, Platón se presentó a él, y dijo Sócrates: he aquí el cisne que yo he visto.

Platón enseñó por lo pronto en la Academia, y después en un jardín cerca de Colona, por relación de Heráclito, citado por Alejandro en Las Sucesiones. No había renunciado aún a la poesía, y se preparaba a disputar el premio de la tragedia en las fiestas de Baco, cuando oyó a Sócrates por la primera vez. Quemó en el momento sus versos, exclamando: Vulcano, acude aquí; Platón implora tu socorro. (2) A partir desde este momento intimó con Sócrates, contando entonces 27 años. Después de la muerte de Sócrates siguió las lecciones de Cratilo, discípulo de Heráclito, y las de Hermógenes, filósofo de la escuela de Parménides. A la edad de 28 años, según Hermodoro, se retiró a Megara cerca de Euclides, con algunos otros discípulos de Sócrates; después fue a Cirene a oír a Teodoro el matemático, y de allí a Italia cerca de los pitagóricos Filolao y Euritus. Pasó en seguida a Egipto para conversar con los sacerdotes. Se dice que Eurípides le acompañó en este viaje, durante el cual contrajo una enfermedad de la que le curaron los sacerdotes con el agua del mar. Esto le sugirió el verso siguiente:

la mar lava todos los males de los hombres. (3)
 

Y también le obligó a decir con Homero, que todos los egipcios eran médicos.

Platón tuvo al mismo tiempo intención de visitar a los magos; pero la guerra que desolaba el Asia se lo impidió. De vuelta a Atenas, se puso a enseñar en la Academia; gimnasio plantado de árboles y llamado así del nombre del héroe Academus, como lo atestigua Eupolis en Los soldados libertados:

 «bajo los paseos sombríos del Dios Academo.»

Timon, a propósito de Platón, dice también:

 «a su cabeza marchaba el más despejado de todos ellos, agradable parlante, rival de las cigarras que hacen resonar sus cantos armoniosos en las sombras de Academo.»

Era amigo de Isócrates. Praxifano nos ha conservado una conversación sobre los poetas, que tuvieron los dos en una casa de campo, en la que Platón recibió a Isócrates.

Aristoxenes dice, que tomó parte en tres expediciones: la de Tánagro, la de Corinto y la de Delis, en la que alcanzó el premio del valor.

Algunos autores, entre otros Sátiro, pretenden que escribió a Dion en Sicilia, para que comprara a Filolao tres obras pitagóricas por el precio de cien minas. Entonces Platón estaba en la opulencia; porque Onetor asegura, en la obra titulada: Si el sabio puede enriquecerse, que había recibido de Dionisio más de ochenta talentos.

Hizo tres viajes a Sicilia. La primera vez no llevó allí otro objeto que visitar la isla y los cráteres del Etna; pero habiendo exigido Dionisio el Tirano, hijo de Hermócrates, que fuera a conversar con él, Platón le habló de la tiranía, y le dijo entre otras cosas, que el mejor gobierno no era aquel que redundaba sólo en provecho de un hombre, a menos que este hombre estuviera dotado de cualidades superiores. Dionisio, irritado, le dijo con cólera: «tus discursos se resienten de la vejez.» «Y los tuyos, repuso Platón, se resienten de la tiranía.» Arrebatado Dionisio con esta respuesta, al pronto quiso hacerle morir, pero templado con las súplicas de Dion y de Aristodemo, se contentó con entregarle a Pollis, que se encontraba entonces cerca de él en calidad de enviado de los lacedemonios, para que le vendiese como esclavo. Pollis le condujo a Egina, donde en efecto le vendió. Pero apenas Platón estuvo en Egina, cuando Carmandro, hijo de Carmandrides fulminó contra él una acusación criminal, en virtud de una ley del país que mandaba condenar a muerte al primer ateniense que abordase a la isla. Esta ley había sido dictada a petición del mismo Carmandro, al decir de Favorino en las Historias diversas. Una chistosa ocurrencia salvó a Platón, porque habiendo dicho uno, como por irrisión, que era un filósofo y nada más, se le declaró absuelto. Según algunos autores se le condujo a la plaza pública, fijándose en él las miradas de todos; pero él, sin pronunciar palabra, se resolvió a sufrir cuanto pudiera sucederle. Los eginetas le concedieron la vida y le condenaron solamente a ser vendido como cautivo. Anniceris de Cirene, que se encontraba allí por casualidad, le compró por veinte minas, otros dicen treinta, y le envió a Atenas a sus amigos. Como estos quisieran reintegrarle el precio de la compra, Anniceris lo rehusó, y les respondió, que no eran ellos solos los dignos de interesarse por Platón. Otros pretenden que Dion dio a Anniceris la suma gastada, y que en lugar de rehusarla, la consagró a comprar a Platón un pequeño jardín cerca de la Academia. En cuanto a Pollis, Favorino refiere en el primer libro de los Comentarios, que fue vencido por Cabrias, que más tarde le tragaron las olas no lejos de las riberas del Helix, víctima de la cólera de los dioses, irritados contra él por su conducta para con el filósofo. Dionisio, inquieto por su parte, escribió a Platón, luego que supo su libertad, suplicándole que no le maltratara en sus discursos, a lo que Platón respondió, que no tenía tiempo para acordarse de Dionisio.

Fue por segunda vez a Sicilia, con ánimo de pedir a Dionisio el Joven tierras y hombres para realizar el plan de la república. Dionisio lo prometió, pero no cumplió su palabra. Se pretende al mismo tiempo, que Platón corrió entonces algún peligro, bajo pretexto de que excitaba a Dion y Feotas a dar la libertad a Sicilia. El peripatético Arquitas escribió en esta ocasión a Dionisio una carta justificativa, a la que debió Platón el verse sano y salvo en Atenas. He aquí la carta:
 

Arquitas a Dionisio, salud.

«Todos nosotros, amigos de Platón, te enviamos a Lamisco y Fotidas para reclamar de ti a este filósofo, en conformidad a la palabra que nos has dado. Es justo que recuerdes el ansia que tenías por verle, cuando nos apurabas con insistencia para que le comprometiéramos a ir cerca de ti. Entonces nos prometiste que nada le faltaría, y que a tu lado podía contarse seguro, ya quisiera permanecer o ya quisiera marcharse. Acuérdate igualmente de la alegría que te causó su llegada y el afecto que desde entonces le has manifestado. Si entre vosotros ha sobrevenido posteriormente algún incidente desagradable, no por eso dejas de estar obligado a mostrarte generoso, y enviárnosle sano y salvo. Obrando de esa manera, harás justicia y adquirirás derecho a nuestro reconocimiento.»

El objeto del tercer viaje de Platón era reconciliar a Dion con Dionisio, pero volvió a Atenas sin haberlo conseguido. Platón vivió siempre extraño a los negocios públicos, aunque sus obras prueban una alta capacidad política. Daba por razón de su alejamiento de los negocios la imposibilidad de reformar bases de gobierno largo tiempo adoptadas, y que él no podía aprobar. Pánfila refiere en el libro 25 de las Memorias, que los arcadienses y los tebanos le reclamaron leyes para una gran ciudad que habían construido, pero que Platón se excusó porque supo que no querían establecer la igualdad. Se dice que fue el único que tuvo valor para encargarse de la defensa de Cabrías, acusado de un crimen capital, defensa que ningún ateniense quiso aceptar. Cuando con él subía al Acropolo, encontró al detractor Crobilo, quien dirigiéndose a Platón le dijo:

«vienes a defender a otro, sin considerar que la cicuta de Sócrates te espera a tu vez.»

Platón le respondió:

«cuando llevaba las armas me exponía al peligro por mi patria; ahora combato en nombre del deber, y desprecio el peligro por un amigo.»


__________

(1) Apuleyo refiere igualmente que Platón hizo tantos progresos en los ejercicios de la lucha que disputó el premio en los juegos Pitienses y en los juegos Istmicos. (De dogmate Platón)
(2) Imitación de un verso de la Iliada, canto 18, v. 392.
(3) Ifigenia en Tauride, I, 93.
 

(*) Obras completas de Platón. Traducción: Patricio de Azcárate. Colección Biblioteca Filosófica. Medina y Navarro Editores, Madrid, 1871. Volumen 1.
Fuente: Biblioteca Nacional. Madrid. Signatura: 5/10910

      Mantenemos en nuestra edición digital los nombres griegos tal como los ofrece Patricio de Azcárate; excepto en lo que se refiere a la tipografía y detalles de maquetación, reproducimos el texto presente en el Volumen 1; en algún caso que parecía imprescindible hemos modificado la puntuación, y en otros hemos actualizado la ortografía según las reglas de la Real Academia de la Lengua.  
 

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