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BIOGRAFÍAS Y SEMBLANZAS

Vidas y referencias biográficas de los filósofos y pensadores - Índice General
 

 

 

SEMBLANZA DEL P. ZEFERINO GONZÁLEZ Y DÍAZ-TUÑÓN (1831-1894)

(En Álbum Biográfico-Litográfico del Episcopado Español, lámina 1)
 

El P. Zeferino. Álbum Biográfico-Litográfico del Episcopado Español. Lámina 1 - Calle, E. LitógrafoVamos á inaugurar nuestra obra con el retrato de uno de los más ilustres Padres de la Iglesia Católica, acompañando á éste un ligero bosquejo biográfico del Primado de España; decimos bosquejo por dos razones importantes: en primer término, por creernos incapacitados para poder hacer una biografía digna del personaje que motiva estas líneas, ilustre dominico cuya existencia toda viene consagrándola al estudio y al bien de la humanidad; y en segundo, por lo imposible que nos es el extendernos —como deseáramos— en la enumeración de las innumerables fundaciones y obras piadosas realizadas por el señor Arzobispo de Toledo, siempre dispuesto á ofrecer su mano al necesitado y su pluma al que ambiciona luz, que de seguro obtiene si con juicio lee y estudia sus brillantes producciones, hijas de un ingenio profundo y de un conocimiento científico extraordinario.

Esto genio europeo, reconocido así hasta por sus mismos adversarios, pertenece y se encuentra á la altura de esas figuras que, por su ciencia y virtud, honran en vida al país donde nacieran, y en la muerte glorifican al universo mundo.

En la región aquella donde el infiel Alkamah tuvo que doblegar la cerviz ante la enseña santa de la Cruz, defendida por el robusto y valeroso brazo de Pelayo, vió la luz de la naturaleza el P. Zeferino González y Diaz-Tuñón el 28 de Enero de 1831.

La pequeña aldea de Villoría —concejo de Laviana— fué su cuna: sus padres humildes y honrados ciudadanos.

Desde su más tierna edad mostró el P. Zeferino condiciones espacialísimas para el estudio, por cuya razón confiaron sus padres la educación de su hijo á un modesto dómine, quien en muy breve periodo de tiempo logró que su discípulo conociera el idioma en que tanto brilló Cicerón.

El año de 1844, es decir, cuando contaba trece años de edad, tomó el hábito de la Orden de Predicadores en el convento de misioneros establecido en Ocaña; sus compañeros pudieron apreciar las condiciones especiales que caracterizaban al adolescente novicio; su amor al estudio, las juiciosas reflexiones que emitía sobre este o el otro asunto, relacionado con los más graves y trascendentales problemas científicos, dieron margen —según afirma un notable publicista— que sus condiscípulos en noviciado le conocieran o lo apodaran Traga-libros.

Pronunció sus votos de profesión en pleno poderío de juventud y vigor, en esa edad desde donde se contempla todo risueño y agradable, edad que convida á lanzarse al torbellino de las incitantes pasiones, época de la existencia en la cual el mundo seduce y encanta, ejerciendo atracción tentadora en el calenturiento cerebro de la adolescencia, los harapos con qua se viste el vicio; todos estos aparatosos encantos vinieron á ofrecerse de nuevo al joven dominico; por un error de fecha en la partida de bautismo se había concedido la profesión al P. Zeferino; subsanada y no contando con la edad de rúbrica para poder pronunciar votos, se le comunicó que podía retirarse del claustro si así lo deseaba, dando por no hecho el voto de profesión; pero convencido de su vocación, aferróse más y más á la estrecha ley de la Orden.

Había llegado el momento de cumplimentar la misión santa de partir á lejanas tierras á difundir predicando el Evangelio, encargo que cumplimentó con entusiasmo y fervor cristiano, embarcando en el puerto de Cádiz á bordo de la nave Fama Cubana, que se dirigía con rumbo hacia el Archipiélago Filipino.
Vencidas las dificultades que por aquel entonces ofrecía tan largo viaje, una vez de encontrarse en Manila, solicitó el pase para ejercer misiones en el Tonkin; pero en atención á su delicada salud, le fue negada la petición.

Sin lograr el restablecimiento, ocupóse en la enseñanza de la Filosofía y Teología, sin abandonar por esto sus estudios y trabajos filosóficos; pero esta tarea, impuesta á una naturaleza debilitada por la enfermedad propia de aquellos climas, agravada de día en día merced á tanta laboriosidad y estudio, exigía pronto remedio para lo cual tuvo de regresar á la Península con el objeto de restablecerse.

A su llegada mereció ser nombrado Superior del colegio de misioneros de Ocaña; pero sus continuados estudios y rigurosa observancia de la Orden debilitaron sus fuerzas tanto, que hubo de abandonar el colegio, dirigiéndose á Madrid á ocupar la modesta celda que le ofreciera una casa de sencilla apariencia, situada en la calle de la Pasión, colindante con la Ribera de Curtidores.

Pareciera natural que este ilustre como humilde soldado de La Orden de la Verdad, maltratado por las enfermedades contraídas en lejana tierra, dedicárase únicamente á procurarse la curación de sus dolencias con la quietud del pensamiento y la comodidad para el cuerpo; pero no sucedió así.

Amigo y propagandista decidido de la luz y de la cultura, privándose del escaso tiempo que sus oraciones y trabajos le permitían para el solaz y el sosiego, el sabio dominico, ansioso en ser útil á la humanidad y accediendo á las peticiones de sus innumerables admiradores dedicó tres días á la semana para darles algunas lecciones de Filosofía, de la que fue y es el P. Zeferino un maestro; de todas las clases de la sociedad concurrían á escucharle, pero los médicos obligáronle á suspender estas tareas metafísicas.

A tan humilde morada llegaron á ofrecerle, una cátedra, la Universidad libre, y la Academia de Ciencias Morales y Políticas á participarle su elección como académico de número.

En 24 de Agosto de 1875 fue consagrado Obispo de Córdoba, acto que se verificó en el colegio de Ocaña; debemos hacer observar que anteriormente le fueron ofrecidas por el Gobierno de la República las mitras de Málaga y de Astorga, que no quiso aceptar, aunque agradeció.

El de Noviembre verificó su entrada en la diócesis de Ossío, prestando el juramento de rigor el 27 del mismo mes.

Siete años estuvo ocupando la Sede de Córdoba, mereciendo durante este tiempo el aprecio y la consideración de los cordobeses, tanto por sus ejemplarísimas virtudes y sabiduría como por la inagotable caridad y protección que dispensó al pueblo durante la inundación ocurrida en un barrio de aquella ciudad.

Su palacio le convirtió en asilo, donde encontraron albergue cuantos perdieron sus hogares; distribuyó con esplendidez dinero, ropas y alimentos, iniciando una suscrición pública á favor de los necesitados; y más tarde hizo lo mismo cuando ocurrieron las inundaciones de Murcia; esta, como la anterior suscrición, fueron encabezadas con su nombre y su ofrenda.

Volvemos á repetir lo anteriormente expuesto; nos es de todo punto imposible por el reducido espaciado que disponemos, seguir paso por paso el brillante camino de este digno sucesor de Santo Domingo de Guzmán y Santo Tomás de Aquino. Si fuéramos á enumerar los actos realizados, las obras piadosas y de instrucción creadas á influjos de su iniciativa y celo por todo lo que á la Iglesia y cultura se refiere, serian escasas Veinte columnas del tamaño presente para reseñarlas.

Sólo podremos decir que al ocupar la Silla episcopal convocó un Sínodo, condenó desde el Boletín de la diócesis las doctrinas de Dumas y Naquet sobre el matrimonio y divorcio; en resumen, se desvivió por hacer que el clero de su diócesis fuera un reflejo de la vida moral é intelectual de su Obispo.

Presentado para ocupar la Sede metropolitana de Sevilla, fue preconizado por Su Santidad el Papa León XIII en el consistorio celebrado el 18 de Marzo del año 1883; en Septiembre del mismo año tomó posesión del arzobispado, y durante el escaso tiempo que desempeñó el gobierno de la metropolitana, dejó el P. Zeferino, como en Córdoba, gratísimos recuerdos por sus fundaciones y otras obras, de las cuales nos ocuparemos ligeramente.

En el Seminario de Córdoba se adquieren á su costa camas de hierro y otros enseres.

Crea escuelas donde se enseña la gramática latina, extendiendo éstas en muchas localidades de su jurisdicción episcopal.

Funda un Seminario bajo la advocación de San José, donde obtiene educación la juventud desheredada.

Funda escuelas gratuitas en Córdoba, y á ellas concurren á ilustrarse niños, adultos y sirvientes.

Muéstrase decidido protector del Asilo del Buen-Pastor para recoger á la juventud extraviada de su diócesis.

Ordena conferencias morales para el clero.

Establece las Hermanas terciarias de San Francisco.

Busca domicilio á las Hermanitas de los pobres en Cabra, y costea de su peculio cuanto origina esta instalación.

Funda un Asilo para jóvenes sirvientes que estén desacomodados.

En Cabeza del Buey funda las carmelitas terciarias de la Caridad.

Crea en Córdoba círculos para obreros católicos; para terminar, allí donde el P. Zeferino ha tenida residencia, dejó huellas brillantes de su paso; pero como son éstas tantas, nos es penosísimo, imposible, enumerar todas.

Al ocurrir la defunción del inolvidable Cardenal Moreno, y quedando vacante por lo tanto la Silla Arzobispal de Toledo, la Providencia sin duda tenia designado para ocupar tan elevado como difícil puesto al sabio dominico P. Zeferino; en efecto el Gobierno de S. M. el Rey Don Alonso XII propúsole en 24 de Octubre de 1884, y Su Santidad el Papa León XIII aprobó su pensamiento en 27 de Marzo de 1885; los sevillanos, que tanto querían al modesto como sabio filósofo, experimentaron profunda pena, si bien tuvieron de resignarse en honor á sus merecimientos y evangélico celo.

El P. Zeferino débese en absoluto á la Iglesia, y por ella rigurosamente debía aceptar el sillón primado de las Españas, puesto penoso y difícil, que no dudamos desempeñará el P. Zeferino á gusto de sus feligreses y para honra de la católica nación española.

Impuesta por el Rey de España la birreta cardenalicia que Su Santidad el Papa León XIII se dignó conceder en 10 de Noviembre de 1884 al P. Zeferino, ante lo mejor y más escogido de la nobleza y corte de España, verificóse tan augusta como solemne ceremonia en la capilla del Palacio Real de Madrid.

Entre la multitud aristocrática, representada por la sangre, las letras, las armas y la ciencia, en medio del júbilo general que todos los asistentes al religioso acto experimentaban, una anciana de modesto vestir, de maneras sencillas, casi en los últimos peldaños de la existencia, llevábase de continuo el pañuelo á los ojos con el fin de enjugar las amorosas lágrimas que corrierais por sus mejillas. Aquella mujer, aquella anciana de 85 años de edad, era la madre de aquel dominico elevado al cargo de príncipe , modelo de virtudes y en la ciencia maestro.

El nuevo Cardenal Arzobispo de Toledo es joven aun, tiene 53 años y medio de edad, de mediana estatura, ojos y mirada penetrante, algo cansada, merced á sus estadios y trabajos, frente espaciosa, rostro ovalado y tez morena; habla poco, pero en medio de su seriedad, encanta su trato y seducen sus meditadas y juiciosas frases; gusta poco de visitas: la ciencia y los estudios embargan el tiempo que la meditación, las practicas religiosas y gobierno de la Iglesia le dejan libre; quien le visita por primera vez, al saludarle nota en el P. Zeferino algo que no se explica, pero que se siente cuando se la abandona; hay que reconocer en el modesto dominico cierta superioridad de grandeza que cautiva al ánimo y seduce al espíritu.

Entre sus obras recordarnos: El Positivismo Materialista, Philosophia elementaria y su traducción castellana; La Inmortalidad del alma y sus destinos; La Economía política y el Cristianismo; Los Temblores de la tierra; Idea de una biblioteca de teólogos españoles; La Infalibilidad pontificia; La Filosofía de la historia, Sermón de Santo Tomás de Aquino; Historia de la Filosofía, discurso leído en la Academia de Ciencias Morales y Políticas; La Filosofía católica y la Filosofía racionalista; Estudios religiosos, filosóficos, científicos y sociales, con un prólogo soberbiamente escrito por la bien cortada y castiza pluma del Excmo. señor D. Alejandro Pidal y Món.

El P. Zeferino ha sido senador y es académico do la Real Academia de Ciencias Morales y Politices.

En los momentos que terminamos este trabaja dícese que este sabio príncipe de la Iglesia volverá á ocupar la silla de Sevilla, y, por consiguiente, deja el arzobispado de Toledo, donde su salud, maltratada por el estudio, no encuentra alivio.

SIERRA
 


 

 

 ©  TORRE DE BABEL EDICIONES - ISABEL BLANCO