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DICCIONARIO ENCICLOPÉDICO HISPANO-AMERICANO (1887-1910)

Índice


 

 

AFRODITA, diosa griega del amor (mitología griega)

AFRODITA

Mitología. (Del gr. αφροδιτη, Venus; de αφροσ, espuma):  Diosa de la mitología griega, la más popular en Grecia de todas las deidades del Olimpo. A ella van unidas diferentes leyendas en todas las que está considerada como diosa del amor físico, habiendo ejercido dicho culto extraordinaria influencia sociológica en los pueblos de la antigüedad. Es la Venus de la mitología romana.
 

I. Origen y nacimiento de Afrodita.

Cronos mutiló a su padre Urano arrojando al mar los despojos de su virilidad, los cuales flotaron largo tiempo sobre la superficie de las ondas, produciendo una espuma blanca de la cual nació una virgen; tal es Afrodita Anadyomeda. El húmedo céfiro hizo vagar sobre las aguas su cuna, que era una concha marina, llevándola por fin a las riberas de Chipre donde la recibieron las Horas conduciéndola triunfalmente al palacio del Olimpo; allí los inmortales quedaron admirados ante su divina belleza. En la Ilíada, es hija de Zeus y de Dione. Está demostrado su origen asiático, según los griegos mismos lo reconocieron al considerar a la diosa de los amorosos deseos como una extranjera introducida en su Olimpo. Haciendo alusión al origen de la diosa, la designaban con el epíteto de Urania, traducción de una voz semítica. Atribuían la institución de su culto a los asirios, confundiéndola con Mylita. De Asiria pasó a Fenicia, de Fenicia a Chipre y a Citerea, extendiéndose luego por la Laconia y el Peloponeso. Por tanto el parentesco de Afrodita Urania con la Astarté fenicia y las divinidades asiáticas de la fecundidad y del amor es indubitable, habiendo que atribuir al comercio fenicio la introducción de la diosa en la Grecia.
 

II. Significación del mito de la diosa.

Los textos nos muestran a Afrodita como divinidad de la luz que desciende de Urano y Hemera, el cielo y el día, teniendo el rocío matinal por uno de sus dones y la llaman estrella matutina y vespertina. En la Ilíada, es la esposa de Hefestos, dios del fuego celeste. Apoyándose en estos testimonios Max Müller la ha considerado como personificación de la Aurora, que llegó a ser con el tiempo diosa de la belleza y del amor. Según Decharme, abrazaba la naturaleza entera, cuya vida fecundaba y llenaba de júbilo, personificando la expansión primaveral de la misma. Este carácter psíquico de la diosa está fielmente retratado por el mito Adonis, amante de Afrodita (V. ADONIS). Pero luego perdió tan alta significación, viniendo a ser el ideal femenino con sus atractivos y sus promesas voluptuosas. Los poemas homéricos cantan la gracia soberana de Afrodita, su triunfante belleza, su tipo celeste, comparándola con las hermosas vírgenes de la tierra. Ares y Anquises son dos inmortales encadenados por el amor de la diosa, y a varios mortales colma de bienes y de venturas: tales son Faeton y Cinyras. Intervino ejercitando su sobrenatural influencia en varios dramas de amor, como el de Elena y Menelao, siendo víctimas de la diosa Medea, Pasifae, Fedra y otras heroínas; en suma, en el espíritu griego, Afrodita representaba la concepción del amor con sus encantos y sus voluptuosidades, sus inquietudes y sus tempestades. Afrodita Urania era la diosa pura del amor, opuesta a Afrodita Pandemos que presidía al amor vulgar y a la unión de los sexos. Como diosa de la generación, estaba relacionada con el matrimonio y con la familia, y protegía la vida de la mujer doncella y casada. Bajo este último concepto, en Argólida y en Anpacta era objeto de culto por parte de las doncellas y de las viudas que deseaban volverse a casar; por consecuencia de esto era diosa de los nacimientos. Esta dignidad primera de Afrodita fue debilitándose con el tiempo, sustituyendo la licencia y la corrupción a las augustas prácticas de su culto. Se le da generalmente por hijo a la diosa el dios Eros. V. Eros.
 

III. Mitología figurada de Afrodita.


 

El comercio repartió las imágenes de la Afrodita de Chipre por toda la costa Oriental del Mediterráneo, teniendo para los marinos valor supersticioso. Las imágenes más antiguas de Afrodita estaban en los templos del litoral o en las islas, donde figuraban como exvotos. El arte griego en sus comienzos tomó del arte chipriota el tipo de Afrodita, y así se explica el aire de familia común a las representaciones arcaicas con las figurillas de barro cocido procedentes de Chipre. Los escultores griegos solamente agregaron al tipo chipriota la severa gracia helénica.
 

 La diosa cuyo poder misterioso preside al renacimiento de la naturaleza y la unión de los seres, está representada bajo el aspecto más casto, vestida con túnica ceñida al cuerpo, teniendo en una mano un fruto, una flor o una paloma, y levantando con la otra un pliegue de su ropa. El arte del siglo V permaneció fiel al tipo severo de la Afrodita arcaica, apareciendo ésta en los monumentos de la buena época vestida con amplio ropaje y el chitón ático; tal aparece en las estatuitas de bronce que sirven de sostenes a los discos de los espejos. Desgraciadamente no se conservan estatuas de mármol auténticas del siglo V, pero en un fragmento del friso oriental del Partenón, Fidias la representó velada y en compañía de Eros. Por otra parte, los pintores ceramistas de aquella época la representaron con caracteres análogos. A medida que el arte se hizo menos religioso y más escéptico, reflejando así el espíritu del tiempo, fue prevaleciendo el tipo de la diosa del amor, caracterizada por la gracia y el sensualismo; tales eran la Urania de Elis, obra de Fidias, y la estatua de la Pandemos, obra de Escopas. Las modificaciones que el arte introdujo en el tipo de Afrodita se tradujeron principalmente en los detalles del vestido, y en las estatuas conservadas puede observarse la progresión seguida por los artistas para despojar poco a poco de sus velos el cuerpo de la Diosa. Ésta aparece en gran número de estatuas de diversas épocas vestida con chitón, sin ceñidor, de tela ligera, que dibujaba las formas y dejaba desnudos los hombros y el seno; en una mano suele retener el manto sobre el hombro y en la otra ostenta la poma, símbolo de fecundidad: tal aparece en los pequeños bronces y en las monedas. Las estatuas de Afrodita, medio vestidas, cuyo más hermoso ejemplar es el célebre mármol encontrado en la isla de Milo y que se conserva en el Museo del Louvre, vienen a ser como un tipo de transición; de este género es la estatua de Capua, conservada en el Museo de Nápoles. En el siglo IV Praxíteles osó el primero despojar a la diosa de todos sus velos y mostrarla en el esplendor de su desnudez; Plinio refiere que había ejecutado dos estatuas de Afrodita, una velada y otra desnuda, y que los habitantes de Cos prefirieron la primera por un sentimiento de religioso respeto y los de Cnido tomaron la segunda que aparece figurada en las monedas de la localidad y fue objeto de los elogios unánimes de los escritores antiguos que celebraron el encanto voluptuoso de la estatua, a propósito de la cual se lee en la Antología que habiendo ido Afrodita a Cnido con el fin de contemplar su propia imagen, exclamó: ¿Dónde me has visto, Praxíteles, sin velos? No, dice el poeta: Praxíteles no ha puesto en ti una mirada sacrílega; pero su cincel ha sabido representarte tal como Ares te amó. La obra de Praxíteles fue como un tipo nuevo que se hizo familiar en el arte, según lo demuestran las estatuitas de barro cocido encontradas recientemente en el emplazamiento de Myrsina, y las estatuas marmóreas que se conservan en los museos de Europa, así como la de la Gliptoteca de Munich y la del Vaticano. La Venus del Capitolio, que no es anterior al siglo III antes de J. C., y la Venus de Médicis, en Florencia, ejecutada por Cleomenes de Atenas, según la inscripción grabada al pie, son los ejemplares más interesantes de la larga serie de estatuas en que la Diosa aparece cubriéndose púdicamente con las manos. Es imposible enumerar detalladamente las escenas figuradas en que aparece Afrodita con otros personajes, tales como Eros, Ares, Adonis, Hermes, y en la leyenda del juicio de Paris. También sirvió de asunto la representación del cortejo de Afrodita, compuesto de divinidades secundarias, principalmente femeninas, tales como Paidia, Peito, Eunomia, Eudainomia, y por último Eros, el cual tiene su ciclo particular.



 

 

Diccionario Enciclopédico Hispano-Americano (vol. 1, pág. 563 - editado: 15-9-2007)             AFRODITA, diosa del amor (mitología griega)

 

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