“Nuestra vida, según esto, no es sólo nuestra
persona sino que de ella forma parte nuestro mundo; ella
―nuestra vida―
consiste en que la persona se ocupa de las cosas o con ellas, y
evidentemente lo que nuestra vida sea depende tanto de lo que sea
nuestra persona como de lo que sea nuestro mundo. Ni nos es más
próximo el uno que el otro término: no nos damos cuenta primero de
nosotros y luego del contorno, sino que vivir es, desde luego, en su
propia raíz, hallarse frente al mundo, con el mundo, dentro del
mundo, sumergido en su tráfago, en sus problemas, en su trama
azarosa. Pero también viceversa: ese mundo, al componerse sólo de lo
que nos afecta a cada cual, es inseparable de nosotros. Nacemos
juntos con él y son vitalmente persona y mundo como esas parejas de
divinidades de la antigua Grecia y Roma que nacían y vivían juntas:
los Dióscuros, por ejemplo, parejas de dioses que solían denominarse
dii consentes, los dioses unánimes.”
Ortega y Gasset, ¿Qué es Filosofía?, lección X