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BACO
Hijo de Júpiter y de Semele, princesa tebana, hija de Cadmio. La
celosa Juno, deseando hacer morir a Semele y al hijo que estaba a punto
de nacer, engañó a la princesa haciéndole concebir deseos de ver a
Júpiter en toda su gloria. Este, tras tenaz resistencia, accedió a las
súplicas de su amada y se presentó en medio de relámpagos y rayos, con
lo que ardió el palacio y Semele pereció abrasada. Pero no así
Baco, que
fue salvado por Vulcano y puesto en las rodillas de su padre, que le
miró lo suficiente para que viviera. Su infancia transcurrió lejos del
Olimpo y de la furia de Juno; y de mayor y luego de conquistar la India
con un ejército de hombres y mujeres armados de tirsos y tambores, en
vez de espadas y lanzas, consiguió triunfar de todos sus enemigos y de
los muchos peligros a que le exponía la constante persecución de Juno.
En la isla de Naxos desposó a Ariana, a quien Teseo había abandonado, y
le dio la famosa corona de oro, obra maestra de Vulcano.
Baco era
adorado como dios del vino y las bacanales y se le inmolaba la urraca,
porque el vino desata las lenguas y hace indiscretos a los bebedores;
también se le inmolaban liebres y machos cabríos, porque estos animales
comen los retoños de las vides. Su animal era la pantera y sus plantas
la viña, la hiedra y el abeto.
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