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La Mitología contada a los niños e historia de los grandes hombres de Grecia  
 

MITOLOGÍA DE LA JUVENTUD
 

Introducción al estudio de la Mitología

De los dioses de la Grecia y de Roma

 

Anfión

Apolo

Aquiles

Arión

Arpías

Atlas

La Aurora

 

Baco

Bóreas

 

Caos y descendientes

Castor

Ceres

Cibeles

Cupido

 

Deucalión

Diana

Las Dríadas

 

Eneas

Eolo

Esculapio

La Esfinge

 

Fama

Los Faunos

Flora

La Fortuna

Las Furias o Euménides

 

Las Gorgonas

Las Gracias

 

Harpócrates

Hebe

Hércules

Las Hespérides

Higiía

Himeneo

 

Los Infiernos

 

Jano

Jason

Juno

Júpiter

 

Los dioses Lares

 

Marte

Mercurio

Midas

Minerva

Momo

Morfeo

Las Montañas, los Ríos

Las Musas

 

Las Náyades

Neptuno

Las Nereidas

 

El monte Olimpo y los juegos Olímpicos

Orfeo

 

Pan

Las Parcas

Los dioses Penates

Perseo

Pluto

Plutón

Pólux

Pomona

Príapo

Prometeo

Proteo

 

Los Sátiros

Saturno

Las Sirenas

El Sueño

 

Termino

Teseo

Los Tritones

Troya: reyes, guerra y destrucción de Troya

 

Ulises

 

Venus

Vertumno

Vesta la menor o pequeña

Vulcano

 

Zéfiro

 

Conclusión

 

 

Mitología de la Juventud

o Historia Fabulosa para la inteligencia de los poetas y autores antiguos


Índice
 

 

Cap. XIII - Vulcano  ◄

 

    ►  Cap. XV - Marte

Mitología de la juventud - Capítulo XIV - Ceres

P. ¿Quién era Ceres?

R. Ceres, diosa de la agricultura y de las mieses, era hija de Saturno y de Cibeles, y hermana de Júpiter, de Neptuno y de Plutón.

P. ¿Qué se dice de su conducta?

R. Su conducta y sus costumbres fueron al principio bastante desarregladas; pero luego se arrepintió de sus extravíos, se vistió de luto y se ausentó del mundo tanto tiempo que hubiera resultado una hambre general si no se hubiese conseguido hacerla volver.

P. ¿Por otra parle, no ejerció Ceres la beneficencia?

R. Sí: enseñó a Triptolemo, hijo de Eleusio, rey de la Ática, el arte de cultivar la tierra, y le dio su carro tirado por dragones con alas, mandándole que recorriese el mundo, para enseñar la agricultura a sus habitantes. A su vuelta instituyó en honor de la diosa los misterios de Eleusis.

P. ¿Qué cosa eran estos misterios?

R. Los misterios de Eleusis eran unas fiestas, que se celebraban en Atenas, cada cinco años, en honor de Ceres. Solamente los iniciados podían asistir a ellas, y cualquiera que revelara sus ceremonias secretas era condenado a una muerte ignominiosa.

P. ¿No sucedió a Ceres una desgracia muy grande?

R. Sí: inconsolable por la perdida de su hija Proserpina, que Plutón arrebató, encendió dos teas en las llamas del Etna, y se puso a correr el mundo en busca de ella.

P. ¿Qué hizo cuando supo el destino de su hija?

R. Obtuvo de Júpiter la promesa de que la seria devuelta si, durante su mansión en los Infiernos, no había comido cosa alguna. Supo Júpiter, por una indiscreción de Ascalofo, su custodio, que Proserpina, paseándose en los jardines de Plutón, había cogido una granada y comido siete granos de ella; de suerte que el único favor que Ceres pudo conseguir fue el de que su hija pasase seis meses del año en compañía de su madre, y los otros seis en la de su esposo.

P. ¿En muchas circunstancias no se mostró muy irascible?

R. Sí: Abbas, que se burló de ella, fue cambiado en lagartija: Erisictón, que cortó un bosquecillo que la estaba consagrado, fue castigado de un modo tan horroroso, que devoraba su propio pellejo; y unos paisanos, que quisieron impedirla el beber en una fuente, fueron transformados en ranas.

P. ¿Con qué nombres se distinguía a Ceres?

R. Del mismo modo que a Cibeles, era llamada algunas veces Magna-Dea, (la Gran-Diosa) Bona-Dea (la Buena-Diosa), Alma, Mammosa, como madre de los hombres, y Tesmofora o legisladora, porque enseñó a los hombres a marcar sus propiedades con mojones.

P. ¿Cómo se representaba a Ceres?

R. Como una matrona bella y majestuosa, coronada de espigas de trigo; en una mano una hoz, o adormideras y espigas mezcladas, y en la otra una tea encendida; regularmente va coronada con una guirnalda de adormideras. Todos los poetas atribuyen a Ceres la invención de la labranza, y la hacen presidir a las mieses y a cuanto mira a la agricultura.

 

Mitología de la juventud o historia fabulosa para la inteligencia de los poetas y autores antiguos - CERES

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