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PSICOLOGÍA ELEMENTAL

José Moreno Castelló

Índice general


 

J.  Moreno Castelló - Psicología Elemental                                                                      1ª parte - Psicología empírica - Cap. IX

   
   

Artículo III - Del verdadero origen de las ideas

Empecemos recordando algo de lo expuesto respecto de las potencias cognoscitivas.

Mientras que la sensibilidad y con ella todas sus formas, que llevan el nombre de facultades sensitivas, solo tienen por objeto lo material o sensible, lo concreto e individual, el entendimiento, por el contrario, busca lo inteligible y universal como su objeto propio, pero arrancando de lo singular y contingente, en cuyo fondo penetra, para desde allí alzarse a la contemplación de las altas verdades, a lo inteligible puro, que existe ajeno a toda concreción material.

No posee el entendimiento desde su principio ideas o nociones que le informen de los objetos con ellas relacionados; bástale la excitación de la sensibilidad, por donde primeramente se manifiesta la actividad esencial del alma, para que, recogiendo los datos, la materia, por decirlo así, que la facultad inferior le ofrece, lo trabaje y transforme, dando por resultado un conocimiento nuevo y como de objeto distinto; y todo esto por su propia obra, y después de largas operaciones.

Muy escaso es el número de las clarísimas verdades que la inteligencia alcanza sin el esfuerzo y el trabajo. El entendimiento emplea su poder sobre las representaciones sensibles y las convierte en objetos, que sirven de término proporcionado al acto intelectivo.

Este es el momento de explicar cómo se efectúa tan maravillosa transformación, o lo que es lo mismo, de resolver el arduo problema relativo al origen de las ideas.

Ya sabemos que cada potencia de nuestra alma tiene como una natural tendencia hacia su objeto propio, y una vez presente este objeto, la facultad se mueve hacia él, digámoslo así, por impulso de su propia naturaleza.

También sabemos que el objeto proporcionado del entendimiento humano es la esencia contenida en las cosas materiales, la cual está siempre revestida de caracteres o notas sensibles, por cuyo medio obran los objetos sobre los órganos de los sentidos.

La representación del objeto aparece en el alma, debiéndose, de una parte, a la acción del sentido y de otra a la fantasía. He aquí la materia sobre la cual trabaja el entendimiento, bajo su forma de agente, para remover las condiciones de singularidad, y como tales, propias únicamente el objeto individual, y llegar a descubrir la esencia.

De este modo la esencia, que allí estaba oculta o en potencia, pasa a estarlo en acto y libre de aquella envoltura sensible que la encerraba. El concepto que la facultad aprehende es abstracto y universal.

Por esta doctrina descubrimos que el alma, sujeto del conocimiento, lo realiza por su actividad, valiéndose de sus facultades; el conocimiento, por lo tanto, es como el término natural de su acción.

La teoría precedente está en un todo conforme con los datos que suministra la experiencia, tanto interna como externa, y esto acredita la verdad de nuestra doctrina, pues al filósofo no corresponde el papel de inventor, sino el de observador de la naturaleza, tanto en el orden físico como en el mental y racional.

Con efecto, según el orden cronológico del conocer, su principio o punto de arranque consiste en la acción física del objeto material sobre el órgano del sentido; comienza en el sentido y se perfecciona en el entendimiento, como dicen los Escolásticos. Así lo pide la misma constitución del hombre. Hay necesidad de la intervención del elemento físico e inferior, para que entre en ejercicio el espiritual y superior.

Este orden es natural en el conocimiento. Las representaciones o fantasmas dan la materia, pero no es el conocimiento. Solo en el entendimiento reside la virtud de abstraer, y esta singular virtud es innata en el entendimiento, pero no son en él innatas las ideas, sino que éstas son producto de la fuerza y poder de la facultad operante.

Por último, no olvidemos que el alma es una, y ella es el sujeto único de todas sus potencias, las cuales, por medio de su respectivo y ordenado ejercicio; admiten grados sucesivos de desarrollo y perfección, porque no forman parte de la esencia del alma.

En la marcha o proceso del conocer, se cumple una sabia ley de nuestra naturaleza: pasamos, por natural graduación, de lo fácil a lo difícil, de lo visible a lo invisible, de lo material a lo inmaterial, de lo inferior a lo superior.

Réstanos añadir que entendemos por medio de ideas, y que estos son los elementos simples del conocimiento, y que son más o menos extensas o generales, según sea mayor o menor el número de individuos a quienes convenga; y finalmente; que la idea recibe diversas denominaciones, según el grado de claridad de la representación y la clase y número de los objetos representados por ella.

 

J.  Moreno Castelló - Psicología Elemental                                                          1ª parte - Psicología empírica - Cap. IX - Art. 3

 

 

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