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PSICOLOGÍA ELEMENTAL

José Moreno Castelló

Índice general


 

J.  Moreno Castelló - Psicología Elemental                             1ª parte - Psicología empírica - Cap. IV - Sensibilidad interna

   
   

Capítulo IV. Sensibilidad interna - Artículo I - El sentido común

Si los sentidos correspondientes a la sensibilidad externa se sirven de los órganos situados en la superficie de nuestro cuerpo, para la comunicación del alma con el mundo exterior, lógico es presumir, que la acción física podrá provenir en algunos casos del interior mismo del cuerpo, y entonces habrá, necesariamente, algún órgano o parte del cuerpo, destinada a recibir semejante acción material.

El cuerpo está, en efecto, sometido a cambio y sucesión de estados, a numerosas modificaciones, de que llega a tener noticia el alma, como término de un proceso físico, semejante al que hemos explicado al tratarse del ejercicio de la sensibilidad externa. Y como al cabo se trata de un conocimiento, claro es que la sensibilidad conserva en este nuevo caso su carácter de cognoscitiva, si bien es cierto que empieza, por decirlo así, a dibujarse su carácter de afectiva, por el resultado que en ella ocasiona la clase de sensaciones que se efectúan por las indicadas causas. Así es ciertamente, y basta considerar la especie de objeto y de acto, para determinar la clase de facultad de que se vale el alma.

Además todos sabemos, por datos de nuestra propia experiencia, que aún efectuándose a un mismo tiempo diversas sensaciones, como a menudo acontece, las percibimos con distinción y sabemos a cual sentido se refiere o corresponde cada una de ellas. Este hecho repetido denota la existencia de un sensorio común, a donde van a parar todas las sensaciones, de cualquiera especie que sean, ora correspondan a la que hemos llamado sensibilidad externa, ya a la interna, según hemos indicado anteriormente.

Para comprender la variedad de actos que a la sensibilidad se refieren, en la unidad especifica de la facultad por cuyo medio el alma tiene noticia de los objetos, estados o modificaciones que afectan al cuerpo, hay que afirmar la existencia del sentido común, nombre con que los filósofos designan a este nuevo y necesario sentido, receptor de la muchedumbre de sensaciones, y medio por el cual el alma, sujeto de todas las facultades, conoce y siente.

Es pues el sentido común, una firma o manifestación de la sensibilidad, por cuyo ejercicio el alma percibe, distinguiéndolas, las sensaciones, y experimenta sus efectos.

Es el cuerpo todo el objeto de este admirable sentido, ya que la significación etimológica de la palabra sensación, expresa acción del sentido; y todo el cuerpo está dotado de una virtud sensitiva, que recibe de la substancia superior, que a él vive unida.

Siendo, pues, el cuerpo y la muchedumbre de sus partes, el origen de las sensaciones y por lo tanto el objeto del sentido común, es evidente que se trata de una facultad o de un poder orgánico, que no habrá de ejercitarse sin la intervención de un instrumento físico. Y hallándose todas las partes y especialmente las que sirven de órganos a los sentidos, que impropiamente reciben la denominación de externos, en comunicación con el gran órgano físico llamado cerebro, por medio de los misteriosos y numerosísimos hilos conductores, que llevan el nombre de nervios, lógico es suponer que todo el sistema nervioso y su gran centro, el cerebro, sean los instrumentos dispuestos para el ejercicio del sentido común.

Esta creencia se halla confirmada por las observaciones fisiológicas, relativas a los dos capitales estados de sueño y de vigilia. En el primero se produce una especie de relajación de los nervios, y acaso el fluido que les comunica el cerebro disminuya en cantidad o calidad; y si este elemento es parte necesaria para la importante función de trasmitir las impresiones, se hallen mal dispuestos para desempeñarla en ese estado de necesario descanso.

Por otra parte, las interesantes funciones psíquicas presentan un cierto desorden, que acusa la existencia en el organismo de aquel importante estado fisiológico que se llama sueño. Falta la conciencia de los actos; suspéndese el notorio imperio de la voluntad sobre las demás potencias del alma; aunque desordenadas, se hacen muy vivas las representaciones sensibles, y alma y cuerpo revelan caracteres muy distintos de los que ofrecen al observador en el opuesto estado de vigilia. En éste, todos los órganos están en disposición de desempeñar cumplidamente sus funciones; la comunicación —dado el estado normal del sujeto—, se halla corriente y expedita; el alma puede atender a sus propios fenómenos y alcanzar el conocimiento de las diversas manifestaciones de su misma actividad; y la voluntad impera y la inteligencia dirige y las potencias obedecen. He aquí los principales fenómenos ligados con el ejercicio del sentido común.

 

J.  Moreno Castelló - Psicología Elemental                           1ª parte - Psicología empírica - Cap. IV - Sensibilidad interna - Art. 1

 

 

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