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El Sendero de la Religión

(fragmentos del "Dhammapada")

 

 

 

 

 

EL SENDERO DE LA RELIGIÓN (fragmentos del dhammapada)

 

Sophia, Revista Teosófica. Editada por la Sociedad Teosófica, julio 1905, pp. 241-243

 

Ha aquí el Dhammapada, el sendero de la religión seguido por los discípulos de Buddha:

Todo lo que somos es la consecuencia de lo que hemos pensado; eso está basado sobre nuestros pensamientos, y eso está construido con nuestros pensamientos.

Por sí mismo cada uno hace el mal; por sí mismo sufre cada uno; es por uno mismo por quien no se hace el mal, y es por sí mismo por quien uno se purifica. La pureza y la impureza pertenecen a cada uno; nadie puede purificarse en otro.

Es preciso que hagáis por vosotros mismos ese esfuerzo. Los Tathagatas no son los que han de daros la enseñanza. Los hombres reflexivos que siguen el sendero se libertan de las cadenas de Mara.

El que no se levanta a la hora en que debe levantarse; el que siendo joven y fuerte es perezoso; aquél cuya voluntad y pensamiento son débiles, y en fin, el perezoso y el indolente no hallarán el camino de la iluminación.

Si un hombre se mira como preciado, que se vigile cuidadosamente, pues que guarda la verdad consigo.

Si un hombre hace por sí mismo lo que aconseja a los demás que hagan, como se somete a sí mismo someterá a los otros; es difícil en verdad que se someta a sí mismo.

Si en los combates un hombre es mil veces vencedor de mil hombres, y si uno es vencedor de sí mismo, éste es el más grande de los dos vencedores.

Es costumbre de los tontos, lo mismo entre los laicos que entre los clérigos, el decir: Eso está hecho por mí. Es preciso que los otros se me sometan. En este asunto o en este otro, el principal papel es el que a mí me corresponde. Los tontos no piensan ni en el deber que debe de cumplirse, ni en el fin que debe de esperarse; no piensan más que en sí mismos, y de todo pretenden hacer un pedestal para su vanidad.

Es fácil hacer malas acciones y acciones perjudiciales para nosotros mismos; lo que es provechoso y bueno es dificilísimo de hacer. Si una cosa debe ser hecha, es preciso que se haga con energía.

Cuánto tiempo ¡ay! este cuerpo que se arrastra sobre la tierra habrá de estar sin inteligencia y será menospreciado a semejanza de un inútil tarugo de madera; pero nuestros pensamientos existirán siempre. Serán pensamientos y producirán acciones. Los buenos pensamientos producirán las acciones buenas y los malos las malas acciones. La reflexión seria es el camino de la inmortalidad; la ligereza del pensamiento es, en cambio, el sendero de la muerte; los que piensan seriamente no mueren, y aquéllos que se quedan sin pensar están como si ya estuvieran muertos.

Los que creen ver lo falso en lo verdadero y lo verdadero en lo falso, raramente llegan a encontrar la verdad y siempre siguen los vanos deseos.

Así como la lluvia cae en una casa mal cubierta, la pasión entra en un espíritu sin reflexión. Y así como la lluvia no penetra en una casa bien guarnecida, la pasión no puede penetrar tampoco en el espíritu reflexivo.

Los que cruzan los canales conducen el agua donde quieren; los arqueros curvan los arcos; los carpinteros limpian las maderas, y los hombres prudentes se adornan a sí mismos. Los hombres sabios no caen ni en el desprecio ni en el elogio. Habiendo entendido la ley se hacen austeros como un lago, unido y tranquilo.

Si un hombre habla u obra bajo el impulso de un mal pensamiento, el sufrimiento le sigue como la rueda de un carro va tras los pies de los bueyes que le arrastran.

Vale más dejar una mala acción sin hacerla, que no arrepentirse de ella más tarde; y vale más hacer una buena acción, porque después de hecha no se arrepiente uno de ella.

Si un hombre comete un pecado, que no lo repita, que no haga sus delicias del pecado, porque el sufrimiento es la primogenitura del mal.

Si un hombre hace lo que es bueno, sígalo haciendo, deléitese en ello, porque la felicidad es la primogenitura del bien.

Que nadie piense con frivolidad, diciendo en su corazón: eso no me aprovechará. Pues así como un cántaro se llena gota a gota, el tonto llega al colmo del mal absorbiéndolo poco a poco.

Y nadie se incline al bien con frivolidad, diciendo en su corazón: eso no me puede servir. Pues así como un cántaro se llena gota á gota, el hombre sabio se llena de bien poco apoco.

El loco que conoce su locura es sabio, al menos hasta ese punto, pero luego que se cree sabio es verdaderamente un loco.

(Dhammapada)

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