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HISTORIA DE LA FILOSOFÍA                                             

ZEFERINO GONZÁLEZ (1831-1894)                                                        

Tomo I - Tomo II - Tomo III - Tomo IV                                                       

 

 

Historia de la Filosofía - Tomo II - Segunda época filosófica
La filosofía cristiana

§ 83 - ESCUELA MÍSTICA

Como sucede siempre que la Filosofía se divide en escuelas opuestas y degenera en sutilezas y cavilaciones más o menos estériles, al lado de las luchas entre tomistas y escotistas, y sobre todo en presencia de las doctrinas escéptico nominalistas y de la tendencia formalista y sutilizadora de la escuela occamista, aparecieron algunos espíritus que, o se arrojaron en brazos del misticismo, o dieron una dirección mística a sus especulaciones y trabajos científicos. Pertenecen a la primera clase:

a) Eckart, apellidado vulgarmente el maestro Eckart, célebre dominico alemán, que fue provincial de su Orden en Sajonia. Su misticismo exagerado le arrastró a sentar proposiciones peligrosas y erróneas, que fueron condenadas por la Santa Sede, si bien el autor sometió sus escritos al juicio de la Iglesia, y ya había fallecido cuando se promulgó la Bula pontificia. Los errores capitales de Eckart son los dos siguientes:

1.º El hombre debe aspirar y puede llegar a tal perfección místico-moral y a tal abnegación de sí mismo, que le sean indiferentes y que no entren ni influyan nada en sus acciones y voluntad la esperanza de la vida eterna, ni siquiera la devoción y la santidad.

2.º El hombre puede llegar a unirse y transformarse con Dios y en Dios de tal manera, que venga a perder su ser propio y su conciencia personal en la divinidad, convirtiéndose en Dios, a la manera que el pan se convierte en Cuerpo de Cristo en la Eucaristía; en una palabra: el quietismo y el panteísmo son, los dos errores que entrañaba de una manera más o menos explícita la doctrina mística de Eckart.
 

 

   
         b)
No sucede lo mismo a su compatriota, correligionario y discípulo Juan Tauler, el cual supo evitar el escollo del panteísmo y del quietismo, por más que alguna vez exprese con cierta crudeza su teoría acerca del aniquilamiento o negación de la propia voluntad (1) en la voluntad divina.

El carácter distintivo de Tauler es la preferencia exclusiva que concede a la ciencia mística, y principalmente al conocimiento de Dios y de las cosas divinas, adquirido por medios ascéticos y místicos. Para él, la ciencia verdadera es la que se aprende en la pasión de Jesucristo, y no en los colegios de París (non in Parisiorum collegiis, sed Christi passione discimus); porque en la primera aprende el hombre toda la sabiduría (omnem illic addiscit sapientiam), puesto que el mismo Jesucristo es el libro superior a todos los demás Códices, y el Espíritu Santo es el maestro de esta escuela, superior a todos los demás maestros; de manera que las demás escuelas son como escuelas muertas, si se comparan con esta: Praeter hanc ergo scholam, omnes aliae scholae prorsus mihi emortuae sunt. Praeter hunc magistrum, quotquotalii sunt paedagogi, mihi penitus alieni sunt: praeter hunc denique librum, omnes alii codices, clausi mihi sunt atque incogniti.

Como casi todos los místicos cristianos, el místico dominico reconoce como manifestación suprema de la razón humana en la vida presente la contemplación intuitiva y caliginosa a la vez (in divina absque modo immorari caligine), la intuición silenciosa (in silenti unitate contueri), de la cual sólo puede formarse concepto aproximado leyendo su descripción, efectos y propiedades en sus escritos. Entre estos efectos o resultados, puede contarse el concepto verdaderamente superior y sublime de la esencia divina que suele encontrarse en los místicos. La concepción de Tauler es de las más notables, por la elevación y profundidad de algunos de sus pensamientos, entre los cuales se distingue la reducción de la multiplicidad de las cosas a la unidad y simplicidad de la esencia divina, no por identidad ni por involución substancial, como quiere el panteísmo, sino porque Dios, principio eficiente y ejemplar o típico de todas las cosas, es a la vez el último término de la simplicidad y de la unidad, y, por consiguiente, toda multiplicidad se reduce a su unidad y se une en su esencia simplicísima: Deus namque in ultimo est simplicitatis seu unitatis termino, in ipsoque multiplicitas omnis unitur et ad simplicitatem redigitur in una essentia ipsius.

c) Contemporáneo, compatriota y dominico como el venerable Tauler, que falleció en 1361, fue el bienaventurado Enrique Susón (f. 1365), cuyo misticismo es tan ortodoxo como el de Tauler, pero acaso más filosófico y elevado.

Después de afirmar que la verdadera y más sublime Filosofía consiste en conocer a Jesús crucificado (sublimior phiosophia, scire Jesum, et hunc crucifixium), Susón añade que para llegar al conocimiento más perfecto y sublime de Dios, no bastan las fuerzas del hombre, siquiera posea un entendimiento, el más penetrante y agudo, como Platón y Aristóteles (Plato et Aristoteles intellectu acutissimi), sino que se necesita que Dios comunique nuevas fuerzas al hombre: sed Deus omnipotens, cujus est immensa potestas, novas quasdam vires potest suggerere.

La idea o concepto que el místico alemán posee y nos presenta de la esencia divina, es de lo más notable, sublime y hasta filosófico desde el punto de vista del misticismo. En realidad y en rigor, la esencia divina es innominable o anónima (anonymam esse), a causa de su misma infinidad, de su grandeza, de su incomprensibilidad, y sobre todo a causa de su misma superioridad sobre todo modo (modi nesciam) particular de ser, sobre toda determinación. Como nosotros, sin embargo, para hablar de alguna cosa necesitamos darle algún nombre, de aquí los que damos a Dios, entre los cuales se cuentan los de mente vital y esencial (2), verdad increada, aunque en rigor, y en vista de que ningún vocablo puede expresar su esencia propia, podría hasta dársele el nombre de eterno nada: Atque hinc posset aeterum nihilum dici.

Susón describe también y admite esa operación sobrenatural y mística, por medio de la cual la esencia del alma se une con la esencia de este Nihilum eterno (animae essentia cum Nihili hujus essentia unitur), ósea con la esencia divina, de esa elevación extática, mediante la cual el espíritu del hombre, saliendo en cierto modo de sí mismo, se pierde en la unidad divina y se transforma en Dios de alguna manera: Prout spiritus.... extra seipsum in eam unitatem excessit, atque seipsum amissit, in Deum transformatus.

Pero el místico alemán tiene buen cuidado en rechazar —y lo hace más de una vez— el sentido heterodoxo o panteísta que alguien pudiera atribuir (3) a la doctrina indicada. El alma puede abismarse y como perderse en la intuición tranquila y silenciosa de la divinidad radiante (in tranquillissimo silentio radiantissimae dlivinitatis), que es luz infinita y esencial, pero sin perder su ser y su condición de cosa creada: Anima semper manet creatura.

d) Además de los citados Tauler y Susón, siguieron también la dirección mística Juan Ruibrok o Ruibroek, que falleció en 1381, y Tomás de Kempis, o quienquiera que sea el autor del famoso libro De imitatione Christi. Esto sin contar la segunda clase de místicos, o sea los que adoptaron un misticismo moderado y relativo, entre los cuales, además de Nicolás Clemengis, rector que fue de la universidad de París (f 1440), merecen especial mención, (Juan Gerson...).

__________

(1) Según este célebre místico, en el sexto grado de negación de la voluntad humana, ésta, al introducirse y transformarse en la voluntad de Dios, «adeo suam amittit atque deponit voluntatem, ut omni voluntate suo modo penitus destituatur, ita ut neque bonum velit, neque malum, sed nihil omnino, omni prorsus voluntate nudatum in illo Nunc, nudam Dei voluntatem minime cognoscit, atque ea propter, omni voluntate deposita, Deum intra se velle sinit.» lnstitutiones myst., cap. XXXVI.

(2) Transcribiremos aquí la mayor parte del pasaje extractado en el texto, para que el lector forme idea del estilo y de la doctrina de este notable místico: «Itaque sciendum, eos omnes qui de veritate unquam sermonem habuerunt, in eo consentire, esse quidpiam, quod omnino primum sit, et simplicissimum, et quo nihil sit prius. Hanc impenetrabilem essentiam.... omnino esse anonymam. Cum enim, ut tradunt dialectici, nomen, rei nominatae naturam et rationem exprimere debeat, et jam dictae essentiae natura infinita et immensa sit, nec possit ab ulla creatura intelligentia comprehendi, certum est apud omnes probe eruditos, essentiam modi nesciam, etiam anonymam esse. Quamobrem D. Dionysius ait, Deum non esse quidquam eorum quae nos illi pro creato captu possimus atribuere; quidquid enim hac ratione illi assignatur, id quodam modo falsum est, et ejus negatio vera est. Atque hinc posset aeternum nihilum dici.
      «Verimi enim vero, ubi de re aliqua sermo habendus est, quamvis ea rationem et considerationem omnem excedat, tamen aliquod ei assignandum est vocabulum. Hujus tranquillae simplicitatis essentia, ejus vita est, atque ipsius vita ejus essentia est. Ipsa est vitalis atque essentialis mens, seipsam intelligens, estque et vivit in seipsa, atque est sua ipsius vita. Non possum hinc explicatius verbis eloqui. Hanc ego sempiternam et increatam appello Veritatem, quae est ipse Deus.» Dialogus de Verit., cap. II.

(3) He aquí uno de los varios pasajes alusivos a esto: «Enim vero, spiritus annihilatio, in simplicem divinitatem excessus.... non ita accipienda sunt, quasi hominis creata essentia in Deum transformetur, ut sit Deus idem quod homo est, nec tamen id homo ob suam ruditatem intelligat, aut quod homo fiat Deus, una substantia in nihilum redacta.» Dial. De Verit., cap. XV.
      Y en otra parte: «Quod vero jam dictum est, non debet accipi quasi homo penitus mutetur in Deum, ut pleiumque sonare videtur.... licet Deus et homo intime conjungantur, manet tamen quisque id quod est.» Ibid., cap. XI.

Raymundo Sabunde                                                                                                                     Juan Gerson

 

 

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