TORRE DE BABEL EDICIONES
Portal de Filosofía,  Psicología y Humanidades

Diccionario Enciclopédico Hispano-Americano

Selección de artículos de una de las más importantes y clásicas Enciclopedias en lengua española

 

Diccionario filosófico
de Voltaire. Edición íntegra

 

Diccionario de Filosofía

Breve definición de los términos y conceptos filosóficos más importantes

 

Historia de la Filosofía

Explicación de la filosofía de los principales pensadores, resúmenes, ejercicios...

 

Historia de la Filosofía

 Edición digital de la Historia de la Filosofía de Jaime Balmes

 

Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres

 Edición digital íntegra de la obra de Diógenes Laercio

Compendio de las vidas de los filósofos antiguos

Fénelon (François de Salignac de La Mothe-Fénelon)
 

Biografías y semblanzas

Vidas y referencias biográficas de los filósofos y pensadores

 

Índices y sumarios

 Índices y sumarios de las obras clásicas del pensamiento

 

En la red y en español

Directorio y breve descripción de revistas de filosofía en español editadas en la red

 

Razón vital

Foro telemático dedicado a José Ortega y Gasset

 

Curso de Psicología

Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED)

 

Vocabulario de psicología

Explicación de los principales conceptos, tesis y escuelas en el área de la Psicología

 

La psicología contemporánea

Manual del filósofo y psicólogo español J. Vicente Viqueira

 

 Mitología griega e historia de los grandes hombres de Grecia

Sencilla exposición de la mitología griega, historia de los héroes, semidioses y hombres célebres griegos. Por Fernán Caballero.

 


HISTORIA DE LA FILOSOFÍA                                             

ZEFERINO GONZÁLEZ (1831-1894)                                                        

Tomo I - Tomo II - Tomo III - Tomo IV                                                       

 

 

Historia de la Filosofía - Tomo IV - La filosofía novísima (siglo XIX)

§ 60 - HERBERT SPENCER

 

       Es Herbert Spencer uno de los escritores más fecundos y originales de la Inglaterra contemporánea, y es también el representante más completo, y aun pudiéramos decir más filosófico de la escuela psicológica de que acabamos de hablar. A pesar de sus reclamaciones en contra, Spencer entra en la esfera del positivismo, no solamente por razón del método, sino también por razón de sus tendencias y de sus conclusiones.

Cierto es que este filósofo se separa de Comte acerca de varios puntos de relativa importancia, como son, entre otros, el valor objetivo y la importancia científica de la idea de causa, la clasificación de las ciencias y el ideal de las sociedades humanas; pero también es incontestable que el filósofo inglés afirma que nuestros conocimientos son todos relativos; que se debe rechazar toda explicación trascendente de los fenómenos sensibles; que entre la religión y la ciencia no puede haber nada común; que lo absoluto y lo divino trascendente están fuera del alcance de la ciencia y de sus métodos, y, lo que es más aún, que constituyen la región de lo inaccesible a la razón humana; que la evolución social está sujeta a leyes tan necesarias como la evolución orgánica; que la creencia en la inmortalidad es una señal y un efecto de la ignorancia primitiva, o digamos del estado teológico-metafísico que representa una fase imperfecta del desarrollo intelectual, y no hay para que advertir que todas estas afirmaciones son afirmaciones esencialmente positivistas y muy en armonía con la concepción de Comte.

Por lo demás, el punto central de la concepción filosófica de Spencer es la ley de la evolución o progreso, según que entraña la transición insensible, infinitesimal, por decirlo así, de lo simple y lo homogéneo a lo compuesto y lo heterogéneo. Spencer simplifica y generaliza a la vez esta ley, aplicándola a todas las esferas del ser y del conocer, al mundo inorgánico y al orgánico, al individuo y a la especie, a la vida y a la historia, a la sociedad, al gobierno, a la industria, al comercio, al arte y a todas las manifestaciones de la naturaleza y del pensamiento. Al lado de esta ley fundamental, y como derivaciones y aplicaciones de la misma, Spencer desenvuelve la ley de la asociación de ideas y la correlación o equivalencia de fuerzas. Y por cierto que esta última le arrastra a los confines del materialismo, cuando afirma que la distinción, que la línea de demarcación entre la vida mental y la vida corporal es arbitraria, y que en el proceso o evolución de la vida a través de plantas, animales y hombres, es imposible fijar el momento en que comienza la inteligencia, o, mejor dicho, que la línea de separación que se establece ordinariamente entre la vida mental y la vida corporal o física, es una línea arbitraria (toute ligne de démarcation qu'on tire entre elles est arbitraire), como se expresa el mismo Spencer. La vida mental y psíquica tiene su raíz en la vida orgánica; es como una eflorescencia de ésta, y entre la función más humilde de la vida orgánica y la función más elevada de la vida mental, sólo hay diferencia de grados, afirmación que coincide perfectamente con la doctrina de Comte, según se apuntó en su lugar.

Si por este lado el autor de los Principios de psicología no anda muy distante del materialismo, no so acerca menos a este sistema cuando da a entender que la idea intelectual no es más que una función de sensaciones semejantes, y esto después de afirmar que la sensación no es más que una integración de choques nerviosos.

En armonía con estas ideas, Spencer enseña también que lo que vulgarmente se llama en las escuelas verdades necesarias, verdades axiomáticas y universales, deben su origen y su ser a la transmisión hereditaria; son efectos de la asociación de ciertas ideas o estados de conciencia, muy repetida y arraigada en los antepasados, que se transmite hereditariamente a los sucesores.

El origen y constitución de la moral se hallan en el mismo caso, puesto que proceden de las experiencias de utilidad realizadas, acumuladas y transmitidas de padres a hijos, en relación con determinadas modificaciones nerviosas: Les experiences d'utilité, organisées et consolidées à travers toutes les générations passées de la race humaine, ont produit des modifications nerveuses correspondantes, qui, par transmission et accumulation continues, sont devenues chez nous certaines facultés d'intuition morale.

Según queda indicado, la evolución constituye el punto capital de la Filosofía de Spencer, el cual pudiera ser apellidado con justicia el filósofo de la evolución. Porque, en efecto, la evolución constituye el principio, el medio y el fin de su concepción, y todos sus escritos pueden considerarse como otros tantos comentarios y aplicaciones de la misma. El filósofo inglés comienza por designar y señalar tres grandes fases de esta ley universal, que son: a) la evolución inorgánica, que se ocupa o se refiere a la generación y desarrollo de los astros y de la tierra; b) la evolución orgánica, que comprende los fenómenos, manifestaciones y desenvolvimiento de la vida considerada en los individuos (biología y psicología) u organismos particulares, y c) la evolución supraorgánica, comprensiva de los fenómenos que entrañan la cooperación y acciones de muchos individuos. La sociología es la ciencia que estudia y explica esta última evolución, y es también ciencia que llama mucho la atención de Spencer. El estudio y análisis que de los fenómenos y del organismo sociales presenta el filósofo inglés en sus Principios de sociología, es de lo más notable que se ha escrito sobre la materia desde el punto de vista positivista.

En la evolución supraorgánica social, Spencer distingue y señala dos especies de elementos y factores, unos extrínsecos y otros intrínsecos. Pertenecen al primer género el clima, con sus variantes de calor, frío, humedad, etc., la fertilidad mayor o menor del suelo, la configuración uniforme o accidentada de país, la calidad de sus producciones, y en general la flora y la fauna respectivas. Entre los factores intrínsecos de la evolución social, señala los caracteres fisiológicos y morales de los individuos, su complexión, su sensibilidad más o menos viva, los grados y la condición de su inteligencia. La acción de estos factores primitivos y fundamentales de la evolución social es acrecentada y también modificada en diferentes sentidos por otra serie de factores o elementos que pudiéramos llamar secundarios, como son, entre otros muchos, la industria y el trabajo, que pueden modificar las condiciones del clima por medio de desmontes, del cultivo, de la introducción de nuevas plantas y animales, desecamiento de lagunas, etc.; la densidad de la población, la acción administrativa, la acumulación de las riquezas, el progreso de las artes y las ciencias, la perfección y cultura del lenguaje, las prácticas religiosas, la severidad de las costumbres, con otros factores análogos, que resultan de la acción recíproca de los factores primitivos y de la influencia de unas sociedades sobre otras.

La teoría teológica de Spencer es una teoría esencialmente negativa. Spencer no niega la existencia de Dios, como hacen otros positivistas, y hasta concede al hombre una especie de concepción vaga, confusa e indefinida del Ser Supremo. Pero este Ser, el Absoluto, Dios, en fin, es perfectamente inaccesible a la razón humana, coincide y se identifica con lo Incognoscible, porque la razón no puede salir fuera de la esfera de lo relativo, y Dios, o no existe, o es el Absoluto. De aquí resulta la separación completa y hasta la incompatibilidad entre la religión y la ciencia, puesto que el objeto de la primera es lo Absoluto, es decir, lo Incognoscible, al paso que el objeto exclusivo y único de la segunda es lo relativo.

Aunque colocado en la corriente positivista por su método, por sus aspiraciones y tendencias, por sus ideas y por sus conclusiones, Spencer tiende a la generalización y emplea los procedimientos sintéticos y racionales en mayor escala que los demás representantes de este sistema; desde este punto de vista, Spencer puede considerarse y merece ser apellidado el metafísico del positivismo.

La escuela psicológica. Bain, Lewes...   La Filosofía en Italia. Ferrari, Franchi, Mazzarella, Ardigó, Villari...

 

 

  © TORRE DE BABEL EDICIONES - Edición: Javier Echegoyen  - Aviso legal y política de privacidad