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HISTORIA DE LA FILOSOFÍA                                             

ZEFERINO GONZÁLEZ (1831-1894)                                                        

Tomo I - Tomo II - Tomo III - Tomo IV                                                       

 

 

Historia de la Filosofía - Tomo III - Crisis escolástico-moderna

§ 16 - LA ESCUELA INDEPENDIENTE.— LUÍS VIVES

Considero como representantes de esta escuela a aquellos filósofos o escritores filosóficos, que sin dar preferencia especial a Platón ni a Aristóteles, ni a ningún otro filósofo, siguen una marcha relativamente independiente, pero conservando el fondo esencial de la Filosofía escolástico-cristiana, la cual lleva en su seno la perennis philosophia de la humanidad. Otro de los caracteres que distingue a esta escuela, y que es consecuencia del anterior, es la tendencia a regenerar la Filosofía escolástica, que había caído en lamentable postración a consecuencia del nominalismo occámico y de otras causas que dejamos apuntadas en párrafos anteriores.

Los principales representantes de esta escuela son españoles, y ocupa el primer lugar en el orden cronológico

 

    Luís Vives, natural de Valencia, donde nació en 1492. Después de estudiar Filosofía en París y las letras humanas en Lovaina, pasó a Londres, llamado por Enrique VIII, a quien había dedicado sus comentarios sobre la Ciudad de Dios, dirigiendo la educación de la princesa María, hasta que se retiró a Bélgica, huyendo de los compromisos y exigencias del rey de Inglaterra con motivo de su separación de doña Catalina. Establecido y casado en Brujas, y en comunicación con los más famosos literatos de su tiempo, y entre otros con Erasmo, Moro, Bodín, nuestro filósofo falleció en Bélgica en 1540.

Vives, siguiendo la corriente del Renacimiento, ataca con dureza excesiva, y hasta con injusticia, a la escolástica y a sus principales representantes, las universidades y los religiosos. Y digo con injusticia, porque Vives no se limita a reprobar las sutilezas, las cuestiones inútiles, el lenguaje inculto, la terminología intrincada, vicios y defectos en que se hallaban sumidas a la sazón la Filosofía y la Teología, y en general las escuelas y universidades, sino que lo condena todo, sin distinguir entre el fondo y la forma, sin distinguir entre épocas y épocas, y entre escolásticos y escolásticos. Supone que estos vicios pertenecen a los monjes y religiosos (haec a monachis discuntur docenturque) sin distinción, como si al mismo tiempo, y aun antes de él, no hubieran escrito, evitando en parte tales defectos, Savonarola, el cardenal Cayetano y Francisco Victoria. Llama a la universidad de París vieja octogenaria que delira (anus quaedam cum tanto senio summe delirare videtur), congratulándose de haber salido de espesas tinieblas (ex cimmeriis tenebris) al salir de sus aulas, como si en ellas no se hubieran formado filósofos y teólogos ilustres.

Algo más justa es la crítica que hace de Averroes, homo qui in Aristotele enarrando, nihil minus explicat, quam eum ipsum quem suscepit declarandum; pero no lo es ciertamente la que hace de Aristóteles. Aunque tiene razón cuando procura rebajar el prestigio excesivo de su autoridad en las escuelas, no la tiene cuando, para conseguirlo, presenta como erróneas o inútiles doctrinas que distan mucho de serlo, como cuando afirma que la lógica o dialéctica no trata de cosas, según supone Aristóteles, sino de palabras (dialecticam, quis non videt scientiam esse de sermone?), y cuando afirma que la doctrina de Aristóteles acerca de la demostración, además de ser obscura e intrincada, es inútil: quae vero de demonstratione, praeterquam quod sunt involuta et mire intrincata, nulli sunt usui.

En la parte filosófica de Vives no se observan las exageraciones parciales de su parte crítica. Porque la Filosofía de nuestro autor es la misma en el fondo que la Filosofía de Santo Tomás, al menos con respecto a los problemas y cuestiones de importancia. Quien haya leído sus tratados filosóficos, y principalmente los que llevan por epígrafe: De Prima Philosophia y De Anima, apenas encontrará diferencia alguna notable entre la doctrina del filósofo valenciano y la de Santo Tomás. Hay, sin embargo, tres puntos en que parece que disiente del Doctor Angélico, porque Vives: 1.°, rechaza implícitamente la teoría del entendimiento agente y posible, puesto que no la menciona al hablar de las facultades y funciones del alma racional; 2.°, confunde la memoria sensitiva con la intelectual, puesto que, después de señalar la memoria entre las facultades del orden intelectual, le señala como función propia contener las representaciones sensibles (1); 3.°, en la definición del alma humana parece propender a la concepción platónica, negando implícitamente, o al menos prescindiendo de la información substancial de la misma respecto del cuerpo, el cual para Vives no es más que un instrumento y como la habitación del alma racional: agens praecipuum, habitans in corpore apto ad vitam.

Las palabras con que explica esta definición revelan más claramente su sentido platónico (2) y la tendencia del filósofo valenciano a separarse de la teoría de Santo Tomás en esta materia.

Sabido es que, además de la dialéctica y de la Filosofía en general, fueron objeto de las discusiones y crítica de Vives la gramática, la retórica, la moral y el derecho, y esto es precisamente lo que constituye la parte más importante de sus escritos como filósofo, porque, como dijo con mucha verdad y con su acostumbrada penetración Melchor Cano, dixit ille (Ludovicus Vives) quidem in libris de Corruptis disciplinis, multa vere, multa praeclare. Y al decir multa, indica ya el gran teólogo español, que no aprobaba todo lo que sobre la materia había dicho, como tampoco aprobaba el tono arrogante en demasía que a veces emplea: Atqui fidenter pronuntiavit aliquando tanquam e divorum concilio descendisset.

La parte positiva o afirmativa de la crítica del filósofo valenciano no corresponde siempre a la parte negativa. Por punto general, Vives se contenta con señalar los vicios y defectos de las artes y ciencias, sin fijar y razonar el camino que debieran emprender, ni señalar de una manera concreta el remedio. Por eso dice con mucha oportunidad y razón el citado Melchor Cano, que habría merecido mayor aprobación de los doctos, si para restablecer y regenerar las ciencias hubiera empleado tanta diligencia y esmero como la que dedicó a disertar acerca de las causas de su decadencia (3) y de sus vicios; pero la verdad es, diremos con Cano, que es débil y poco diligente al enseñar las artes y las ciencias, por más que sea vigoroso al atacar o descubrir sus defectos y errores: In tradentis disciplinis elanguit, cum in carpendis erroribus vigisset.

Por lo que hace a su Filosofía, puede decirse que es incompleta, en atención a que casi se reduce a ciertas cuestiones metafísicas y psicológicas. Por lo demás, ya hemos dicho que coincide en el fondo con la Filosofía escolástica, aunque expuesta con lenguaje oratorio, y cuidando hasta con exceso y afectación de evitar el método y las fórmulas de las escuelas. A pesar de esto, y tal vez por causa de esto, no menos que de sus aficiones exageradamente humanistas, el estilo de Luís Vives ofrece en ocasiones cierta dureza, y alguna vez no carece de afectación.

En suma: el mérito principal de Vives, como filósofo, consiste en haber contribuido más o menos eficazmente a la restauración de la Filosofía cristiana, ya combatiendo los aspectos defectuosos de la escolástica, ya oponiéndose a la preponderancia de la autoridad humana sobre la razón individual, ya señalando los vicios y defectos generales de las ciencias y artes contemporáneas, y haciéndolas hablar lenguaje más puro y natural.

Si consideramos a Vives, no en el terreno estrictamente filosófico, sino por parte de las relaciones de esta Filosofía con las ciencias físicas y naturales, es mayor su mérito. Porque antes de Bacón, y con sentido más cristiano, más espiritualista y más científico que Bacón, Vives afirma la necesidad de observar y estudiar la naturaleza directamente y en sí misma, y no partiendo de ideas y teorías preconcebidas. Sus preceptos y consejos acerca del método experimental, de sus verdaderas condiciones y reglas como método de investigación científica, y de su importancia y utilidad para promover los progresos de las ciencias físicas, naturales y aun de las psicológico-fisiológicas, revelan que el filósofo valenciano conoció antes que Bacón y mejor que Bacón la naturaleza, la importancia y las condiciones propios del método experimental. Por cierto, que de esto último nos dejó un ejemplo práctico en el estudio analítico de las pasiones, muy superior en todos conceptos al tratado de Descartes sobre el mismo asunto. Así, no es de extrañar que el nombre y los trabajos de Vives hayan sido objeto de merecidos elogios por parte de historiadores y críticos extranjeros, no muy propicios generalmente a los filósofos españoles en materia de elogios. Lange, entre otros, escribe que nuestro Luís Vives «debe ser mirado como el reformador más grande de la Filosofía de su época y como un precursor de Bacón y Descartes».

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(1) «Memoria est facultas animi, qua qui ea, quae sensu aliquo externo aut interno cognovit, in mente continet.» De Anima, lib. II, cap. II.

(2) En la clasificación de las facultades y funciones del alma racional, Vives se aparta también algo de la teoría escolástica, atribuyendo a la mente o entendimiento mayor número de funciones o actos, en lugar de la aprensión, juicio y discurso, a que las reducía aquélla: Sunt haec, escribe, in anima rationali munera, voluntas, memoria, mens, et sub mente simplex intelligentia, consideratio, recordatio, collatio, discursus, censura seu judicium, contemplatio. De Anima, lib. II.

(3) «Multo autem viris doctis probaretur magis, si qua diligentia et disertitudine causas corruptarum artium expressit, eadein collapsas restituisset.» De Locis theol., lib. X, cap. últ.

Escuela teosófico-naturalista                                                                                                     Foxo Morcillo

 

 

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