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HISTORIA DE LA FILOSOFÍA                                             

ZEFERINO GONZÁLEZ (1831-1894)                                                        

Tomo I - Tomo II - Tomo III - Tomo IV                                                       

 

 

Historia de la Filosofía - Tomo I - Tercer período de la filosofía griega

§ 117 - PORFIRIO

Aunque, según queda indicado, la escuela de Plotino en Roma estuvo muy concurrida, y hasta fue honrada por el emperador Galieno y su esposa Salonina, apenas ha llegado hasta nosotros el nombre de Amelio y de algún otro, y es muy posible que aquella escuela y la memoria de su fundador hubieran quedado en la oscuridad, sin la existencia de Porfirio, el más notable de sus discípulos.

 

Nació éste en Batanea de Siria, según la opinión más generalizada, y, según otros, en Tiro, por los años 232 o 33 de la era cristiana. Longino, que fue su primer maestro, le dio el nombre de Porfirio, pues su nombre primitivo era Maleo. Hacia los treinta años de su edad pasó a Roma, en donde se hizo discípulo de Plotino, llegando a ser su amigo y confidente. Después de la muerte de su maestro, cuya vida escribió y cuyos escritos coleccionó en las Enneadas, parece que vivió la mayor parte del tiempo en Sicilia, donde falleció a principios del siglo IV.

Entre los escritos filosóficos de Porfirio, cuéntanse sus Comentarios sobre el Timeo de Platón y su Introducción a las categorías de Aristóteles, donde plantea y discute la gran cuestión de los universales, que tanto ocupó, andando el tiempo, a filósofos y teólogos; un tratado sobre la abstinencia de la carne de animales, y una carta a Anebón, sacerdote egipcio, en la que trata especialmente de las almas, de la demonología y la teurgia. Sabido es también que Porfirio escribió contra los cristianos, especialmente contra la divinidad de Jesucristo, una obra en quince libros, que no ha llegado hasta nosotros, como tampoco han llegado en su mayor parte las refutaciones que de esa obra hicieron San Metodio y Eusebio de Cesárea, con otros Padres y escritores cristianos.

El mérito de Porfirio, como filósofo, consiste principalmente en haber interpretado y aclarado el pensamiento, con frecuencia oscuro y ambiguo, de su maestro, contribuyendo por este camino a difundir y hacer popular entre los hombres de letras la Filosofía de Plotino.

El asiento y el origen del mal, según Porfirio, no reside en el cuerpo o la materia, sino en las fuerzas y apetitos inferiores del alma, en la adhesión de la misma a las cosas sensibles con las cuales se encuentra unida (copulati vero sumus naturae sensibili) y como ligada, no obstante que nuestra alma, considerada en sí misma y en su estado anterior a la unión con el cuerpo, es una esencia intelectual, pura y exenta de sentidos: Eramus enim et adhuc sumus intellectuales essentiae, purae ab omni sensu naturaque irrationali viventes.

La felicidad suprema, última y verdadera del hombre, o, si se quiere, del alma, no consiste en la acumulación de conocimientos y posesión de muchas ciencias, sino en la contemplación intuitiva y superior del Ser absoluto, uno y verdadero, por medio del cual y en el cual se establece unidad o identificación unitiva entre el alma que contempla y el término de la contemplación (1), entre el sujeto inteligente y el objeto inteligible.

El camino y los medios para preparar y conseguir esta unión con el Inteligible uno, supremo e infinito, es la mortificación, el olvido y como la muerte de los apetitos materiales y afecciones de los sentidos (per extenuationem quamdam, et, ut dixerit aliquis, per oblivionem, mortemque affectuum), la abstracción perfecta y pura del cuerpo con todas las cosas materiales y sensibles; porque así, y sólo así, podemos llegar a la unión íntima con Dios, Ser purísimo, simplicísimo y separado de toda materia: Non aliter, inquam, Deo copulari possumus, quam per purissimam abstinentiam.

A medida que el hombre asciende en este camino de virtuosa mortificación; a medida que se perfecciona por medio de esas purificaciones intelectuales y morales, puede llegar y llega a tal estado de perfección, aun en la vida presente, que se transforma en cierto modo en un ser casi divino y superior hasta a los malos genios o demonios, entra en comunicación con los genios buenos o dioses inferiores, conoce las cosas ocultas y futuras, y, a fuer de verdadero filósofo y sacerdote de Dios, siente, conoce y posee a Dios ya desde la vida presente (2), sin perjuicio de la unión identificativa con el Unum después de la separación de la muerte.

En conformidad y relación con esta doctrina, Porfirio admite en principio, y bajo ciertas reservas, la teurgia; aboga por casi todas las supersticiones del culto politeísta; reconoce el comercio de los hombres, no sólo con los genios o dioses inferiores, sino con las
almas de los difuntos, añadiendo que éstas pueden ser evocadas, que permanecen en ocasiones cerca de los cuerpos y de los sepulcros, que pueden aparecer y manifestarse bajo diferentes formas, y, finalmente, que las almas y los demonios obran en las operaciones de los encantadores, en los sortilegios, vaticinios (quibus sane malefici saepius abutuntur ad ministerium suum efficiendum) y demás maneras de comunicación con  los espíritus, operaciones y maneras de comunicación representadas en lo antiguo por los oráculos, las brujerías y las posesiones demoníacas, y en nuestros días por las prácticas y supersticiones espiritistas.

Cuando sale de la atmósfera teúrgica y espiritista, Porfirio ofrece de vez en cuando pensamientos elevados y dignos, como cuando dice que un alma pura y libre de pasiones es el mejor sacrificio que el hombre puede ofrecer a Dios: Apud Deos optima est oblatio, pura mens et perturbationum vacuus animus.

 § 118 - NEOPLATONISMO MÍSTICO

Jámblico, natural de Calcis, en la Celesiria, y discípulo de Porfirio, representa una evolución importante del neoplatonismo. Ya dejamos indicado que éste entraña dos elementos, el filosófico y el místico o teosófico. En Plotino, y aun en su discípulo inmediato Porfirio, el elemento filosófico presenta más importancia que el místico, pues éste se halla subordinado al elemento filosófico en cierta manera. Jámblico representa un movimiento en sentido contrario: el elemento místico se sobrepone al filosófico, sin anularlo. Justificar y autorizar en el orden especulativo todas las supersticiones del culto popular; explicar el sentido real del politeísmo; subordinar la ciencia al culto, y enseñar las formas y especies de éste, he aquí el objeto principal de la Filosofía, en opinión de Jámblico y sus discípulos.

 

  Cualquiera que sea la opinión que se adopte acerca de la autenticidad del libro o tratado Sobre los misterios de los egipcios, atribuido generalmente a Jámblico, es lo cierto que el contenido de este libro es la expresión más exacta del pensamiento del filósofo de Calcis, y que las ideas en él vertidas se hallan en perfecta consonancia con las que se hallan en su Vida de Pitágoras y en su Protrepticus o Exhortación a a Filosofía.

 Los dioses griegos, romanos, egipcios, persas y orientales, todos hallan cabida, razón suficiente y justificación en el Universo de Jámblico: sólo el Dios de los cristianos queda excluido de la honorable sociedad divina. Amalgamando y poniendo a contribución las Ideas de Platón, las formas substanciales o entelequias de Aristóteles y los números de Pitágoras, distinguía tres clases u órdenes de dioses:

a) Los dioses intelectuales (las Ideas platónicas).

b) Los dioses suprasensibles o superiores al mundo visible (los Números de Pitágoras), y

c) Los dioses inmanentes en el mundo (las Formas de Aristóteles), los cuales son inferiores a la Unidad absoluta o divinidad suprema, de la cual emanan por series ternarias y en escala descendente.

El misticismo psíquico y práctico corresponde al misticismo especulativo y cosmogónico en la Filosofía de Jámblico. Después de presentar a la vista del lector el proceso cosmogónico del Ser, siguiendo paso a paso esa serie interminable de dioses, de demiurgos y logos, de demonios, de ángeles, de genios buenos y malos, de héroes de todas clases, el representante del neoplatonismo sirio entra en minuciosos detalles sobre los medios de ponerse en comunicación con esos dioses y mundos superiores. La purificación del alma por medio de la abstracción de las cosas sensibles, el ascetismo, la contemplación, las expiaciones, las invocaciones, las palabras misteriosas, las prácticas sagradas, la inspiración, el éxtasis, la inspiración profética, hasta llegar a la absorción del alma y a su unión teúrgica con la Divinidad y con el Ser absoluto, todo se halla descrito y recomendado por Jámblico. «El que evoca la Divinidad, se dice en el libro De Mysteriis Aegyptiorum, ve algunas veces un soplo que desciende y se insinúa, por medio del cual es instruido y dirigido místicamente. El hombre que recibe esta comunicación divina, percibe como una especie de rayo luminoso, el cual es percibido alguna vez por los que están a su lado, y anuncia la presencia de un Dios. Los hombres experimentados en estas prácticas, conocen por ciertas señales (quo ex signo in his rebus periti, verissime discernunt, quae sit potestas Numinis, quis ordo, et de quibus vera loquatur) la verdad, el poder y el rango de este Dios, las cosas sobre que puede instruirnos, las fuerzas o virtud que puede comunicarnos.... Pero para llegar a la perfección de la ciencia divina no basta haber aprendido a discernir estas señales; es preciso saber, además, en qué consiste esta inspiración. No procede esta inspiración de los genios, sino de los dioses mismos, y hasta es superior al éxtasis, el cual es más bien un accidente y consecuencia de la misma.

»Es una especie de obsesión plena y absoluta que procede del soplo divino, que aniquila en cierto modo nuestras facultades, operaciones y sentidos.... Este transporte divino es una cosa sobrehumana, como si Dios se apoderara de nosotros como de sus órganos; de aquí nace la virtud profética, en fuerza de la cual se profieren palabras que no comprenden aquellos que, al parecer, las repiten.»

Como se ve por este pasaje y por estas ideas, la nueva ciencia espiritista es ciencia bastante antigua en sus procedimientos, en sus fenómenos, en sus aspiraciones. Para que la afinidad y semejanza, por no decir identidad, sean más perfectas, Jámblico, después de sentar, como el moderno espiritismo, que el sonambulismo es un estado sui generis y medio entre el sueño y la vigilia (medium quiddam inter vigiliam et somnum), acude, para explicar sus fenómenos, a la hipótesis de una doble vida o estado del alma (3), como hacen ciertos partidarios del espiritismo.

Todavía es más notable, si cabe, y verdaderamente chocante, la afinidad, o, digamos mejor, semejanza que se observa entre los efectos y fenómenos que Jámblico atribuye a la inspiración o influencia de los espíritus y las que encontramos en el moderno espiritismo y en sus evocaciones. Jámblico nos dice, en efecto, que son muy diferentes y múltiples las señales, efectos y obras que resultan en las operaciones teúrgicas y espiritistas, haciendo mención expresa de los movimientos de traslación de los cuerpos, elevación y suspensión en el aire, agitaciones del cuerpo y sus miembros, de sonidos y voces, y hasta piezas de música (4), y, lo que es más todavía, encontramos en el filósofo neoplatónico la moderna teoría y hasta el nombre mismo (vehiculum), digámoslo así, de los mediums del espiritismo (2).

En relación y armonía con el predominio del elemento místico-teúrgico que entraña la Filosofía de Jámblico, su teoría ética se reduce a la absorción final del alma en Dios después de la muerte, preparada durante la vida presente por medio de mortificaciones, silencio, abstracción de los sentidos, y, sobre todo, por medio de las prácticas teúrgicas, por medio de las cuáles el hombre, o, si se quiere, el alma, se eleva y se acerca más y más a Dios.

Sucedió a Jámblico en la escuela Edesio de Capadocia, y a éste su compatriota Eustacio. Aparte de éstos, fueron también discípulos directos de Jámblico, o partidarios de su doctrina y continuadores de su escuela místico-neoplatónica, Eusebio de Mindes, Prisco de Moloso, Máximo de Éfeso, Crisanto de Sardes, y el emperador Juliano el Apóstata, famoso más que por sus trabajos filosóficos, por los que emprendió para exterminar al Cristianismo, no menos que por sus esfuerzos para restaurar y regenerar el politeísmo. Esta idea le arrastró a todos los delirios y prácticas del espiritismo politeísta y de la teurgia, preconizada y practicada por los adeptos y secuaces de la doctrina de Jámblico, de que se hallaba rodeado constantemente. Durante su imperio, fue nombrado cónsul uno de éstos filósofos, llamado Salustio, el cual, juntamente con Claudiano de Éfeso, Macrobio, el autor de las Saturnales, Olimpiodoro, que floreció en Alejandría, como también Hipatia, continuaron la escuela místico-filosófica y la tradición teúrgica iniciada por Jámblico. El ecléctico Temistio, uno de los principales comentadores de Aristóteles, siguió también en parte esta doctrina.

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(1) «Beata nobis contemplatio, non est verborum accumulatio disciplinarumque multitudo, quemadmodum aliquis forte putaverit.... Profecto contemplationis finis est Ens ipsum, verumque assequi, adeo, scilicet, ut ejusmodi assecutio contemplatorem, pro naturae suae viribus, cum eo quod contemplatur conflet in unum; non enim in aliud, sed in ipsum, vere seipsum fit recursus.» De abstinentia animal., cap. II.

(2) Para que no se crea que exageramos, extractaremos uno de los pasajes en que Porfirio expone sus ideas sobre la materia: «Jure igitur philosophus Deique sacerdos, omnibus dominatis, animalibus omnibus abstinet. Solus, videlicet, soli Deo per seipsum studens appropinquare.... quo quidem commercio, ipse deinde et naturas rerum intelligit et divinat, Deumque habet in semetipso, unde aeternae vitae fiduciam pignusque possidet.... Si qua necessitas instat, non desunt huic divinitatis familiari passim boni daemones occurrentes ei, et per somnia, signa, voces, futura praenuntiantes, unde discatur quid sit necessarium devitare.» Epist. ad Aneb., cap. IV.

(3) «Anima duplicem habet vitam; unam quidem simul cum corpore; alteram vero ab omni corpore separabilem. Quando vigilamus, utimur plurimum vita, quae communis est cum corpore..., Quando quodammodo dormientibus animus a corpore solvitur, tunc illa vitae species secundum seipsam permanens separabilis, separataque, sive intellectualis, sive etiam divina, protinus expergiscitur in nobis, agitque quemadmodum sua fert natura.» De mysteriis Aegypt, pág. 53.
      La teoría de algunos espiritistas para explicar los fenómenos del sonambulismo, coincide perfectamente con el contenido de este pasaje.

(4) Para que no se crea que exageramos, fíjese la atención en el siguiente pasaje, —que por cierto no es el único de este género,— que parece tomado de alguna revista espiritista: «Secundum horum diversitatem, differentia sunt inspiratorum signa, et effectus, et opera.... Inspirati, alii moventur, vel toto corpore, vel quibusdam membris, vel contra quiescunt. Item, choreas, cantilenasque concinnas agunt. Corpus eorum, vel excrescere videtur in altum, vel in amplum, vel per sublimia ferri, atque contra. Item, voces edunt, vel aequales perpetuasque, vel inaequales et silentio interruptas.» Ibid., pág. 37.

(5) «Sive ut vehiculum, sive ut instrumentum se subjecerint, priorem vitae modum deposuere.... Ideo, nec utuntur sensibus, neque ita vigilant, ut qui vigiles sensus habent, neque ipsi praesagiunt vel moventur humano quodam impetu atque more, neque suum statum animadvertunt, neque ullam edunt cognitionem actionemque propriam, sed totum illic agitur sub forma actioneque divina.» Ibid., pág. 56.

El neoplatonismo. Plotino                                                          El neoplatonismo. Escuela filosófico-teosófica

 

 

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