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HISTORIA DE LA FILOSOFÍA                                             

ZEFERINO GONZÁLEZ (1831-1894)                                                        

Tomo I - Tomo II - Tomo III - Tomo IV                                                       

 

 

Historia de la Filosofía - Tomo IV - La filosofía novísima (siglo XIX)

§ 45 - EL POSITIVISMO EN INGLATERRA.— STUART MILL

 

     Al lado del positivismo de Augusto Comte, y recibiendo de éste mayor o menor influencia, preséntase en Inglaterra, país clásico de la ciencia positiva y del método experimental, un movimiento análogo, que pudiera apellidarse positivismo moderado, porque no entra en la esfera del materialismo explícito, o, mejor, positivismo ecléctico, en atención a que entraña cierta síntesis y amalgama de ideas y direcciones pertenecientes al positivismo de Comte, con ideas y direcciones extrañas al mismo y relativamente originales. 

Pertenecen a esta clase Stuart Mill, Bain, Lewes, Ferrier, Herbert Spencer, Clifford, y algunos otros. Mas como quiera que de los cinco últimos habremos de tratar con alguna extensión al ocuparnos en el movimiento propiamente filosófico, o sea de la metafísica en Inglaterra en el presente siglo, y también al hablar de la escuela psicológica en aquella nación, sólo hablaremos aquí de Stuart Mili, cuya concepción entra de lleno en el citado positivismo moderado y ecléctico.

Stuart Mill, cuyo padre, James Mill, puede considerarse como uno de los precursores de Comte, a causa de la analogía de ciertas conclusiones contenidas en el Análisis de los fenómenos del espíritu humano, con las que pertenecen al fundador del positivismo, concede importancia capital a la ley de asociación de ideas y al estado o modificaciones de los nervios, para explicar el origen, naturaleza y condiciones de los fenómenos psicológicos. En ocasiones es muy difícil separar su tesis psicológica de la tesis materialista. En la diferencia y sucesión de los estados físicos de los nervios, debe buscarse, según Stuart Mill, el origen y razón suficiente de los actos de conciencia, inclusos los intelectuales y morales, y hasta los fenómenos inconscientes, cuya existencia defienden Hamilton y otros psicólogos, pueden admitirse a condición de no ver en ellos más que modificaciones inconscientes de los nervios.

Aunque el punto de partida, el método y el fondo general de la doctrina de Stuart Mill coinciden con los de Comte; aunque admite la ley de los tres estados y sustituye a la causalidad la sucesión, y reconoce la imposibilidad de investigar las causas primeras y últimas de las cosas, y adopta las opiniones de Comte sobre otros varios puntos, esto no quita que se aparte en otros del jefe del positivismo francés. Así, por ejemplo, Mill advierte que «el modo positivo de pensar no lleva consigo necesariamente la negación de lo sobrenatural». Considera además y califica de incompleta la clasificación de las ciencias hecha por Comte, en la cual debieran tener lugar, por lo menos, la lógica y la psicología.

En realidad de verdad, para Stuart Mill nada existe más que la sensación, de manera que la misma persona humana viene a ser una serie de sensaciones. En la hipótesis de que exista realmente Dios, éste no podría ser concebido por nosotros sino como un conjunto de series de sensaciones.

Lo que llamamos fenómenos, son las sensaciones actuales; lo que llamamos entendimiento y substancia en las cosas, no son más que sensaciones duraderas y adquiridas. Lo que llamamos imaginación, reflexión, razón, se identifican realmente con la asociación y comparación de las sensaciones actuales y posibles; porque es de saber que en la teoría de Stuart Mill, las sensaciones posibles representan un papel tan importante como las sensaciones actuales: lo que llamamos mundo externo, no es más que la posibilidad de las sensaciones actuales.

Hay en esta teoría del mundo externo, como posibilidad de las sensaciones, algo que trae a la mente la X de Kant, bien así como la doctrina del filósofo inglés en orden a la constitución de las diferentes facultades intelectuales por medio de la sensación, trae a la memoria involuntariamente el Tratado de las sensaciones de Condillac.

Alguien ha dicho que la concepción filosófica de Stuart Mill podría apellidarse un materialismo idealista, y en verdad que la calificación no carece de fundamento, si se fija la atención en las siguientes palabras del filósofo inglés: «La materia puede definirse diciendo que es una posibilidad permanente de sensaciones; si se me pregunta después si creo en la existencia de la materia, preguntaré a mi vez si se acepta o no esta definición: si se acepta, creo en la existencia de la materia, y conmigo toda la escuela de Berkeley; si no se acepta dicha definición, no creo en la materia, pero afirmo al propio tiempo que semejante concepción de la materia comprende todo aquello que todo el mundo entiende por esta palabra, exceptuando acaso los filósofos y teólogos».

Movimiento positivista. Littré                                                                El materialismo. Filosofía materialista

 

 

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