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HISTORIA DE LA FILOSOFÍA                                             

ZEFERINO GONZÁLEZ (1831-1894)                                                        

Tomo I - Tomo II - Tomo III - Tomo IV                                                       

 

 

Historia de la Filosofía - Tomo III - Crisis escolástico-moderna

§ 24 - LA FILOSOFÍA Y EL PROTESTANTISMO

No es posible hablar de la Filosofía durante este período de transición, sin fijar la atención sobre sus relaciones con el protestantismo, cuyo origen coincidió con el movimiento filosófico que venimos historiando.

Ya hemos visto arriba que la educación filosófico-teológica de Lutero fue informada e inspirada por el nominalismo occamista que reinaba en varias escuelas de Alemania, y principalmente en la de Tubinga, a la sombra del nombre de Biel. Esta dirección occamista, y por lo mismo más o menos antipapal y anticristiana, debió preparar su espíritu a la rebelión contra la Iglesia y la Santa Sede, que dio origen y forma al protestantismo. El abuso de las sutilezas, las nimiedades y barbarie de lenguaje, que más que en ninguna otra escuela abundaban en la nominalista, dieron al padre del protestantismo fundado pretexto para declamar contra la Filosofía y la Teología escolásticas, si bien lo que a Lutero incomodaba en éstas, más bien que sus vicios de lenguaje, de procedimiento y de método, era el fondo doctrinal, esencialmente antiprotestante. En este sentido se comprenden perfectamente sus diatribas, no ya sólo contra la Filosofía escolástica, sino contra todas las ciencias eclesiásticas, cuando decía: Credo, quod impossibile sit ecclesiam reformari, nisi funditus canones, decretales, scholastica theologia, philosophia, logica, ut nunc habentur, eradicentur et alia instituantur.

 

    Lo que Lutero aborrecía en la Filosofía escolástica, como en las demás ciencias, no eran sus defectos, sino su espíritu católico. Así es que sus diatribas y su oposición se extienden y aplican igualmente al mismo Aristóteles, aun purgado de las cavilaciones y comentarios escolásticos y restituido a su pureza original por los humanistas contemporáneos. Y es que la doctrina de Aristóteles se opone a ciertos puntos capitales de la doctrina protestante. Por eso decía que la ética de Aristóteles es la mayor enemiga de la gracia (pessima gratiae inimica), sin duda porque demuestra y explica la existencia y naturaleza del libre albedrío, incompatible con la teoría luterana de la gracia, y por eso también afirmaba que Aristóteles es como las tinieblas con respecto a la luz para la teología: Aristoteles adl theologiam est tenebra ad lucem.

Afortunadamente para la pretendida Reforma, Melanchthon o sea Felipe Schwarzerd (1497-1560), aunque al principio siguió la corriente de su maestro y amigo Lutero, no tardó en reconocer que una concepción ético-religiosa y más o menos sistemática, como era el protestantismo, no podía vivir ni consolidarse sin el auxilio de la Filosofía. De aquí es que, a pesar de los violentos ataques de Lutero contra la Filosofía de Aristóteles, Melanchthon le dio la preferencia sobre las demás, preferencia que acaso fue debida en gran parte al estado militante del protestantismo, o sea a las necesidades de su polémica religiosa. Para satisfacer a éstas, el co-fundador del protestantismo escribió su Compendiaria dialectices ratio, verdadero manual de lógica aristotélica, al cual acompañaron otros tratados elementales referentes a la física y a la moral, calcados todos ellos sobre la doctrina de Aristóteles, con escasas desviaciones eclécticas. Así es que vemos a Melanchthon, no ya sólo ensalzar a Aristóteles, a quien considera como el único autor del método científico (qui unus ac solus est methodi artifex), añadiendo que es indispensable el conocimiento de sus obras (carere monumentis Aristotelis non possumus), sino darle la preferencia absoluta sobre todos los demás filósofos: Unum quoddam philosophiae genus eligendum esse, quod quam minimum habeat sophistices, et justam methodum retineat; talis est Aristotelis doctrina.

La doctrina de Melanchthon se resiente de la influencia occámico-nóminalista que debió ejercer sobre su espíritu la universidad de Tubinga, en la que se matriculó a los quince años de edad. En la lógica presenta desviaciones y tendencias decididamente nominalistas al exponer y definir los universales. Para el compañero de Lutero, la especie no es más que un nombre común próximo a los individuos, de los cuales se predica cuando se investiga su esencia (nomen commune proximum individuis), y el género, un nombre común a muchas especies (nomen commune multis speciebus), definiendo los demás universales en análogo sentido.

La influencia occámico-nóminalista se revela también en su doctrina acerca de la inmortalidad del alma. Después de aducir las pruebas y demostraciones de Platón, Jenofonte, Cicerón y otros filósofos sobre la materia, concluye diciendo que es preciso acudir a la revelación divina: Haec argumenta cogitare prodest, sed tamen sciamus, patefactiones divinas intuendas esse.

La marcha filosófica emprendida por Melanchthon fue seguida por sus correligionarios, sin variación substancial, y sin que en toda la Alemania protestante apareciera filósofo alguno de importancia especial hasta llegar a Leibnitz. Entre los sucesores e imitadores de Melanchthon, pueden citarse Camerario (Joaquín), que nació en 1500 y murió en Leipzig año de 1574; Santiago Schegk (m. 1587), que fue profesor de física en la universidad de Tubinga; Felipe Scherb (m. 1605), profesor de lógica y metafísica en Altdorf. Sin abandonar la dirección aristotélica, iniciada por el co-fundador del protestantismo, Taurellus (Nicolás, 1547-1606), emprendió y siguió una marcha filosófica más independiente que la seguida por los anteriores.

En todo caso, es incontestable que la Filosofía racionalista, al enumerar a Lutero entre sus progenitores, o desconoce, o disimula la verdad histórica, toda vez que el padre del protestantismo, en vez de concederlo todo a la razón humana en el terreno científico, más bien se lo negaba todo, hasta el punto de afirmar que todas las ciencias especulativas no son verdaderas ciencias (omnes virtutes morales et scientiae speculativae, non sunt verae virtutes et scientiae, sed peccata et errores), sino errores. El mismo Brucker, celoso protestante y testigo de excepción en la materia, reconoce que Lutero rebajó más de lo justo las fuerzas de la razón y la importancia o valor propio de la Filosofía:  Paulo iniquiorem in philosophiam fuisse, quod hanc vires hominis naturales.... nimium extollere crederet.

La escuela filosófico-política en España                   La filosofía escolástica durante la época de la transición

 

 

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