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HISTORIA DE LA FILOSOFÍA                                             

ZEFERINO GONZÁLEZ (1831-1894)                                                        

Tomo I - Tomo II - Tomo III - Tomo IV                                                       

 

 

Historia de la Filosofía - Tomo IV - La filosofía novísima (siglo XIX)

§ 52 - PROUDHON

Los que hayan leído los escritos de Proudhon, no pueden ignorar que la doctrina de éste tiene muchos puntos de contacto con las teorías que acabamos de exponer y criticar en los párrafos anteriores, por más que el autor del Sistema de las contradicciones económicas rechace con horror y con la ruda energía de su carácter los calificativos de socialista y comunista, y por más que, en efecto, no merezca estas denominaciones en sentido idéntico al que corresponde a los reformadores sociales de quienes se acaba de hablar. Pero esto no quita que haya notables y evidentes analogías y relaciones de afinidad entre las ideas de éstos y las de aquél, y que la teoría prudoniana pueda y deba considerarse como una evolución legítima, como el coronamiento del edificio levantado o comenzado por los Saint-Simon, Fourier y Owen. De aquí es que la exposición de la teoría prudoniana tiene su sitio natural y lógico aquí, o sea a continuación de las pertenecientes a los reformadores citados.

 

   Gracias a la franqueza de sus pensamientos e ideas, no menos que a lo atrevido de sus fórmulas, Proudhon, que nació en 1809 y falleció en 1865, goza de gran popularidad aun entre las personas que desconocen sus escritos; es el hombre de la lógica aplicada a la Filosofía racionalista y negativa, principalmente en el orden ético y en el terreno político-social. La obra de Proudhon representa en la historia de la Filosofía la evolución última del racionalismo positivista y materialista en la esfera de la ciencia, y sobre todo en la esfera de la moral y de la sociología.

El autor del Sistema de las contradicciones económicas, después de rechazar con el positivismo las nociones de causa y de substancia, consideradas por él como abstracciones vanas del entendimiento; después de negar la providencia, la inmortalidad del alma y la vida futura; después de preconizar el ateísmo más completo, concluye protestando con soberbia satánica hasta contra la existencia hipotética de Dios, y escribe, por último: «el primer deber del hombre inteligente y libre es arrojar continuamente de su espíritu y de su conciencia la idea de Dios; porque Dios, si existe, es esencialmente hostil a nuestra naturaleza (1)», ideas que repite en más de una ocasión.

El método de Proudhon entraña una doble dirección y consta de dos elementos, que son el positivista y el hegeliano o apriorístico. Si la observación y la experiencia dirigen sus investigaciones (forcé de procéder comme le matérialiste, par l'observation et l'expérience) científicas, el ritmo hegeliano de la tesis, la antítesis y la síntesis aparece con frecuencia en sus escritos. Así, por ejemplo, entre la propiedad que representa la tesis, y el comunismo que representa la antítesis, coloca la posesión como síntesis y resolución de los dos términos.

La teoría moral de Proudhon, según ya se ha indicado, coincide con la teoría de la moral independiente, que es la moral propia y connatural al racionalismo. Sólo que aquí, como en lo demás, Proudhon desempeña a maravilla su papel, o, si se quiere, su misión de lógico inflexible; pues no se limita a separar la moral de la idea de Dios, sino que la separa de toda noción trascendente y de todo principio metafísico. Según el autor de La justicia en la Revolución y en la Iglesia, la libertad humana, como hecho individual, como fuerza autonómica y absoluta, es el principio, el medio y el fin; es la esencia de la moralidad.

La teoría social de Proudhon, que es el punctum saliens de su doctrina, establece como base y como principio la justicia, y como resultado la igualdad perfecta. La justicia, que para Proudhon es un elemento esencial de la humanidad, o, mejor dicho, la libertad humana como hecho absoluto e independiente de Dios y de toda idea metafísica, una realidad inmanente en el hombre, es la ley universal, absoluta y primitiva de la sociedad; y como quiera que la esencia de la justicia consiste en la igualdad, síguese de aquí que la constitución perfecta de la sociedad entraña y exige la igualdad absoluta y perfecta de los asociados. Luego la organización perfecta de la sociedad exige la abolición y negación de todas aquellas instituciones que son incompatibles con la igualdad, entre las cuales ocupan lugar preferente el despotismo, o sea el mando de uno o muchos sobre los demás, la desigualdad de fortuna y de rango, y principalmente la propiedad.

En conformidad con esta teoría, Proudhon se declara anarquista (je suis anarchisie); afirma que la mejor forma de gobierno es la anarquía, la ausencia de toda soberanía (Anarchie, absence de maître, de souverain, telle est la forme du gouvernement dont nous approchons tous les jours) o poder público, y concluye proclamando en voz muy alta que la propiedad, origen principal de las desigualdades sociales, es injusta esencialmente y opuesta a toda justicia. De aquí su famosa definición: la propiedad es el robo, fórmula de que se envanece, y cuya propiedad reivindica con enfático entusiasmo (2) el autor de la Filosofía de la miseria, anteponiéndola a los millones de Rotschild.

Proudhon, arrastrado por su idiosincrasia hiperbólica, y poseído de entusiasmo ardiente en presencia de su tesis absoluta, marcha a su demostración y desarrollo con impetuosa decisión y hasta con cierta majestad. Fija la vista en su tesis, y nada más que en su tesis, el autor de la Filosofía de la miseria derriba, separa y destruye cuanto encuentra a su paso, sin reparar en las incoherencias y contradicciones que resultar puedan de sus procedimientos, de sus ideas, de su argumentación y de su doctrina.

En presencia de sus declamaciones contra el organismo social, cualquiera le creería partidario de las teorías socialistas, y, sin embargo, considera al socialismo como una logomaquia, y apenas encuentra en el repertorio abundante de sus injurias y sarcasmos palabras bastante duras para lanzar al rostro de los que predican la santidad de las pasiones y de los goces sensuales (que les passions sont saintes, que la jouissance est sainte), de los que siguen un sistema tan pobre y vacío de ideas, como impotente e inmoral en sus resultados prácticos: Je repudie de toutes mes forces le socialisme vide d'idées, impuissant, immoral, propre seulement à faire des dupes et des escrocs.

Análoga contradicción y falta de lógica se descubren en Proudhon, cuando, en su indignación contra el comunismo, no encuentra bastantes sarcasmos para arrojar a su rostro (3), después de haber proclamado que la propiedad es la causa más poderosa de las injusticias y desórdenes sociales, después de considerarla como esencialmente inmoral: La propriété, par principe et par essence, est donc immorale: cette proposition est désormais acquise à la critique.

__________

(1) Sabidas son las fórmulas y expresiones audaces con que Proudhon expresa su odio fanático contra Dios, formulas que repite con frecuencia en sus obras, y de las que podrá dar una dea el siguiente pasaje: «Ce nom incommunicable, désormais voué au mépris et à l'anathème, sera siflé parmi les hommes. Car Dieu, c'est sottise et lâcheté; Dieu, c'est hypocrisie et mensonge; Dieu, c'est tyrannie et misère; Dieu, c'est le mal.... Dieu, retire-toi! car dès aujourd'hui, gueri de ta crainte et dévenu sage, je jure, la main étendue vers le ciel, que tu n'est que le bourreau de ma raisou, le spectre de ma conscience.» Système des contrad. econom., cap. VIII.

(2) «La définition de la propriété est mienne, escribe, et toute mou ambition est de prouver que j'en ai compris le sens et l'étendue: La propriété, c'est le vol! II ne se dit pas en mille ans, deux mots comme celui-là. Je n'ai d'autre bien sur la terre que cette définition de la propriété; mais je la tiens plus precieuse que les millions des Rotschild, et j'ose dire qu'elle sera l'événement, le plus considerable du gouvernement de Louis Philippe.» Système des contrad. eco., cap. II, t. II, pág. 247.

(3) «Le communisme, pour subsister, supprime tant de mots, tant d'idées, tant de faits, que les sujets formés par ses soins n'auront plus le besoin de parler, de penser, ni d'agir: ce seront des huitres attachées côté à côté, sans activité ni sentiment, sur le rocher.... de la fraternité. Quelle philosophie intelligente et progressive que le communisme!....
    »Loin de moi, communistes! Votre présence m'est une puanteur, et votre vue me dégoute.» Système des contrad., cap. XII.

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