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HISTORIA DE LA FILOSOFÍA                                             

ZEFERINO GONZÁLEZ (1831-1894)                                                        

Tomo I - Tomo II - Tomo III - Tomo IV                                                       

 

 

Historia de la Filosofía - Tomo III - Crisis escolástico-moderna

§ 86 - ROUSSEAU

Nació este célebre escritor en Ginebra en 1715, y murió no muchos días después de Voltaire, habiendo fundadas sospechas de que precipitó su muerte por medio del veneno. Como Voltaire, con quien comparte la triste gloria de haber influido poderosamente en la preparación y desmanes de la revolución francesa y de las que a ésta sucedieron, Rousseau, más bien que un filósofo, es un escritor más o menos filosófico, un publicista que trató y discutió algunos problemas relacionados con la Filosofía, especialmente en su parte ética y político-social.

 

  En su famoso Discurso sobre el origen y los fundamentos de la desigualdad entre los hombres, Rousseau comienza a exponer sus ideas político-sociales. Describe y ensalza con brillante estilo las ventajas y excelencias del hombre en el estado primitivo de la naturaleza; esfuérzase en probar que todos sus vicios, sus miserias y sus males de todo género, traen su origen de la sociedad, y, por consiguiente, que el verdadero y único remedio de los mismos es volver al estado de la naturaleza. «Las leyes humanas, escribe, sólo han servido para poner cadenas a los débiles, para dar fuerza a los ricos, para destruir la libertad natural, para perpetuar la propiedad y la desigualdad.»

El filósofo de Ginebra desarrolla y completa esta teoría en su Contrato social, afirmando que la voluntad general del pueblo es el origen único de la soberanía y la razón suficiente de la duración de los poderes públicos; que los gobernantes, siquiera su poder sea hereditario, son meros mandatarios del pueblo, el cual puede removerlos cuando le plazca y encomendar el poder a otras manos. La forma más perfecta de gobierno es la republicana, y esta será tanto más perfecta cuanto el pueblo influya de una manera más directa e inmediata en el ejercicio del poder, lo mismo en el administrativo y ejecutivo que en el legislativo. Como en Grecia y en Roma, las leyes deben ser propuestas, votadas y sancionadas por medio de asambleas en que tome parte todo el pueblo.

Como se ve por estas ligeras indicaciones, las ideas de Rousseau acerca de los vicios sociales y acerca de la propiedad dan la mano a las ideas y tendencias internacionalistas de nuestra época. Su teoría político-social y sus ideas acerca de las ventajas y excelencias de la forma republicana, influyeron de una manera eficacísima en la explosión y vicisitudes de la revolución francesa, la cual, en algunos de sus períodos, representa la encarnación más genuina y completa de las ideas y principios sociales proclamados por el autor del Contrato social y por el apologista fogoso de la libertad y de la igualdad.

Si se prescinde de este aspecto político-social, que es el más importante y original de la doctrina de Rousseau, ésta se reduce a un deísmo naturalista, saturado de escepticismo. La moral se reduce al dictamen natural e instintivo de la conciencia individual, sin más base racional ni religiosa. Rousseau señala como dogmas de la religión natural, única que admite:

a) La existencia de un ser supremo cuya voluntad «mueve el mundo y anima la naturaleza».

b) La existencia de una materia movida por leyes determinadas y constantes.

c) La existencia de un alma inmaterial en el hombre, dotada de libertad en sus acciones. Por lo que hace a la inmortalidad de esta alma, nada puede afirmar ni negar con certeza, aunque se inclina a la afirmativa. Rousseau duda de la eternidad de las penas en la otra vida, si existe, pero inclinándose a la negativa: duda igualmente y dice que «nada sabe sobre si Dios creó lia materia, los cuerpos, los espíritus, el mundo».

Este escepticismo que corroía la inteligencia y el corazón del escritor ginebrino, produjo y explica a la vez los pasajes contradictorios con que se tropieza frecuentemente en sus escritos. Unas veces ensalza y celebra el Evangelio y la Religión cristiana con magníficos elogios; otras veces los combate y vilipendia con saña. Condena y excusa a la vez el adulterio; escribe en pro y en contra del duelo; en una página reprueba con energía el suicidio, y en la siguiente escribe la apología de este crimen.

Platón, Plutarco y Locke fueron los inspiradores de las teorías políticas y sociales de Rousseau. La magia sola de su estilo inimitable es la que puede cubrir la pobreza de ideas realmente originales que en sus escritos filosófico-políticos y sociales existe. Quienquiera que haya leído el Contrato social del filósofo ginebrino, verá en esta obra tan celebrada una exageración del opúsculo de Locke sobre el Gobierno civil, así como la profesión de fe del Vicario saboyardo responde al Cristianismo razonable del filósofo inglés. En el Emilio se tropieza a cada página con ideas tomadas de la disertación de Locke acerca de La Educación.

Voltaire                                                                                                                            Los enciclopedistas

 

 

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