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HISTORIA DE LA FILOSOFÍA                                             

ZEFERINO GONZÁLEZ (1831-1894)                                                        

Tomo I - Tomo II - Tomo III - Tomo IV                                                       

 

 

Historia de la Filosofía - Tomo II - Segunda época filosófica
La filosofía cristiana

§ 25 - SAN LICINIANO Y SAN BEATO

Al hablar del movimiento isidoriano, vienen naturalmente a la memoria los nombres de San Liciniano y San Beato. El primero, que fue Obispo de Cartagena, fue también contemporáneo y amigo de San Leandro, y por lo mismo puede decirse que representa la tradición de la Filosofía española y como el punto de partida inmediato del movimiento isidoriano. En sus escritos refuta algunas de las teorías de Orígenes, rechaza la opinión, bastante común entonces, de que los astros estaban animados o eran movidos por espíritus (mihi.... nullo pacto suaderi potest ut credam astra coeli spirtus habere rationales), demuestra que el alma humana es inmaterial e incorpórea, y discurre con bastante acierto acerca de la naturaleza y propiedades del alma, siendo de notar que el Obispo de Cartagena afirma o enseña, entre otras cosas, que el cuerpo no contiene al alma, sino más bien ésta al cuerpo (non anima continetur a corpore, sed anima continet corpus), y que el alma existe toda o indivisiblemente en todo el cuerpo y en cada una de sus partes: Tota igitur anima.... tanta est in minore corporis parte, quanta in majori: si enim extrema corporis pars vel digito tangatur, tota sentit.

Si Liciniano puede considerarse como precursor del movimiento filosófico isidoriano, San Beato, que floreció en las montañas de Liébana a últimos del siglo VIII, representa y es como una demostración real e histórica de la influencia decisiva de aquel movimiento, que llegó hasta las regiones más apartadas de su centro, y que se prolongó a través de los años y siglos.

 

     Escasas son las noticias que la historia nos ha transmitido acerca de la vida y escritos de Beato; pero por la carta que, en unión con Eterio, Obispo de Osma, escribió a Elipando con el objeto de rechazar y refutar la herejía adopcianista que éste defendía y propagaba, se ve claramente que el habitante de las montañas astúricas poseía conocimientos teológicos y filosóficos no muy comunes en aquella época. 

Al refutar la herejía adopcianista, Beato observa oportunamente que las cosas pertenecientes a la fe no deben definirse por la Filosofía, por más que ésta sea muy digna en sí misma y capaz de adquirir conocimientos científicos, porque no es la Filosofía, sino la fe, la que se halla al alcance de los hombres sencillos (Fides vera sine philosophia seculi est, simplex est, et omnibus rusticis manifesta), y, por consiguiente, de la generalidad de los hombres, al paso que la Filosofía o la ciencia sólo pertenece a algunos. Por otra parte, añade, los Apóstoles son los que nos enseñaron por primera vez ciertas verdades, o sea las verdades de la fe, que ninguno de los filósofos llegó a conocer ni enseñar con las fuerzas solas de su razón natural: Nullus philosophorum potuit dicere primus: TU EST CHRISTUS FILIUS DEI VIVI, nisi Petrus piscator, homo rusticanus et pauper.... Nullus sapiens mundi primus potuit dicere: IN PRINCIPIO ERAT VERBUM, ET VERBUM ERAT APUD DEUM, ET DEUS ERAT VERBUM.

Como los partidarios del adopcionismo aducían en favor de éste argumentos tomados de la antropología, San Beato demuestra la falsedad de estos argumentos. Con este motivo enseña,

a) Que el hombre perfecto consta de alma, cuerpo y espíritu; pero advierte a continuación que el espíritu no es substancia distinta del alma racional, sino la parte superior de ésta, o mejor, la facultad de contemplar a Dios (dicitur spiritus quia Deum contemplatur), o de elevarse a la contemplación de las cosas divinas y sobrenaturales, sin que por eso se deba concebir como substancia distinta del alma: Non quod altera sit anima in substantia et alter spiritus, sed ipsa anima unus est idem spiritus.

b) Consta, pues, el hombre de dos substancias solamente, que son el cuerpo y el alma. Ésta no tiene origen mundanal o por generación humana (1), porque es substancia espiritual semejante a los ángeles y hecha a imagen de Dios. De la unión del alma con el cuerpo resulta o se compone el hombre uno.

c) El alma humana, sin dejar de ser una sola substancia, recibe diferentes nombres por razón de la multiplicidad o pluralidad de acciones (2), las cuales proceden todas de la misma alma.

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(1) «Corpus habet partem mundi unde ducit originem: anima vero non habet originem quia spiritus est, et ad imaginem, Dei factus est. Ex utroque unus homo compositus est. Et ipsa anima rationalis est, sicut Angelus, et intelligit cum Angelis.» Biblioth. Veterum. P. P., tom. VIII, pág. 360.

(2) «Et habet ipsa anima multa nomina per actiones quas discurrit, cum sit substantia una. Quae dum contemplatur Deum, spiritus est; dum sentit, sensus est; dum sapit, animus est; dum intelligit, mens est; dum discernit, ratio est; dum consentit, voluntas est; dum recordatur, memoria est; dum membra vegetat, anima est.» Ibid., pág. 361.

San Isidoro de Sevilla y el movimiento isidoriano                                                                      Beda y Alcuino

 

 

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