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HISTORIA DE LA FILOSOFÍA                                             

ZEFERINO GONZÁLEZ (1831-1894)                                                        

Tomo I - Tomo II - Tomo III - Tomo IV                                                       

 

 

Historia de la Filosofía - Tomo II - Segunda época filosófica
La filosofía cristiana

§ 57 - COSMOLOGÍA DE SANTO TOMAS

El mundo, con todos los seres, elementos y partes que abraza, fue creado por Dios de la nada en el tiempo, o, mejor dicho, con el tiempo, de modo que ni es parte o evolución de la substancia divina, ni fue formado de alguna materia anterior (nec ex materia prae-jacente) a la acción creadora de Dios. La creación ab aeterno del mundo no implica contradicción en cuanto a los seres permanentes, pero envuelve contradicción o imposibilidad absoluta por parte de los seres sucesivos (1), porque el ser sucesivo entraña distinción y distancia entre su principio y su término.

Aunque este mundo es perfectísimo con relación al fin particular que Dios se propuso al crearlo, no es el más perfecto o perfectísimo entre los posibles, pues Dios pudo crear otro y otros más perfectos.

 

  Todas las substancias sublunares o terrestres están compuestas de materia prima y forma substancial, las cuales son los principios internos absolutamente primeros y primigenios de todos los cuerpos. La materia primera debe concebirse como una entidad o realidad substancial, pero incompleta en la línea de substancia, y esencialmente potencial, porque de su naturaleza no incluye ninguna actualidad ni forma, sino la aptitud y capacidad para recibir cualquiera forma substancial: Illa materia quae intelligitur sine qualibet forma, dicitar materia prima.

La forma substancial es una realidad incompleta y substancial, capaz de actuar y determinar primitiva e inmediatamente (actus primus materiae) la materia prima, con la cual constituye una esencia específica y una substancia subsistente, o sea un supuesto. La forma substancial, por lo mismo que es actualidad primitiva (actus primus) y substancial, es el principio radical de todas las modificaciones, propiedades, atributos, potencias activas, operaciones y determinaciones de la substancia por ella actuada e informada. Así, por ejemplo, en un árbol, la forma substancial, no solamente es el principio y razón suficiente originaria de las fuerzas y funciones vitales, sino que lo es también del color, de la dureza, de la corporeidad, y hasta de la extensión, considerada ésta como accidente o modificación actualmente existente en el árbol, si bien considerada la extensión en estado potencial, su raíz y razón suficiente primitiva es la materia prima, porque la extensión tiene una relación directa e inmediata con la materia. Así es que la distinción entre las substancias, según que son extensas o inextensas, se funda originariamente en su distinción, según que la materia prima es o no parte de su esencia. Si la substancia A extensa, se distingue de la substancia B inextensa, es porque la materia entra en la primera como una parte esencial de la misma.

La forma substancial es el principio de la unidad y diferencia específica: si el caballo se distingue en especie del perro, es porque son diferentes sus formas substanciales; y viceversa, si el caballo A es idéntico en especie con el caballo B, es por la identidad o semejanza específica de sus respectivas formas substanciales. Por el contrario, la materia es el principio de la unidad y diferencia numérica: el caballo A es distinto numéricamente, o con diferencia individual, del caballo B, porque y en cuanto la materia informada y actuada por la forma substancial del primero, está dividida y separada, por su extensión determinada, de la materia en que se recibió la forma substancial del caballo B. Luego el principio de individuación es la materia en cuanto dice orden a la extensión, o sea en cuanto sellada y determinada por la cantidad (materia signata quantitate) que divide y separa el cuerpo A del cuerpo B: Principium diversitatis individuorum ejusdem speciei, est divisio materiae secundam quantitatem.

De aquí se infiere que en las substancias o esencias simples que carecen de materia y de extensión, no puede tener lugar la diversidad puramente individual, sino que habrá tantas especies como individuos: quot sunt individua, tot sunt species (2).

El alma racional, aunque esencia simple, está sujeta a individuación, como forma substancial que es de materia determinada o signata quantitate, lo mismo que otras formas substanciales, y si después de la separación conserva su individuación, es porque en fuerza de la unión y de la información precedente, dice orden y relación a la materia singular que informó y con la que estuvo unida substancialmente, conteniendo cierta tendencia natural, como una proporción y comensuración, si es lícito hablar así, con el cuerpo determinado y singular, informado y vivificado por ella en su estado de unión: Haec anima differt ab illa solo numero, ex hoc quod ad aliad numero corpus habitadinem habet, et sic individuantur animae humanae.

En la naturaleza corpórea se verifican, no solamente mutaciones accidentales (tránsito del calor al frío, del movimiento al descanso, del vicio a la virtud, etc.), sino también mutaciones substanciales, o sea tránsito de una substancia a otra. Este tránsito se llama generación substancial, y tiene lugar cuando la materia pierde la forma substancial que tenía, para recibir otra diferente, de manera que toda generación de una nueva substancia va acompañada de una corrupción o destrucción de otra substancia, según el dicho: generatio unius corruptio alterius. Cuando tiene lugar esta generación de una substancia, por ejemplo, de un animal, de una planta, la nueva forma substancial no es producida por creación, sino por una operación especial del agente o causa eficiente que la saca de la potencialidad de la materia (educitur ex potentia materiae), actuando sobre la misma, de suerte que la producción de la forma es el resultado a la vez de la potencialidad, o, mejor, de la virtualidad pasiva de la materia, y de la virtualidad activa de la causa eficiente.

El espacio no tiene realidad objetiva realmente distinta de los cuerpos, sino que se identifica a parte rei con las dimensiones o extensión de éstos. Lo que concebimos como espacio total y universal, no es más que la representación y el concepto de la extensión de los cuerpos que constituyen el mundo corpóreo. El espacio que concebimos o imaginamos fuera de este mundo y antes de su creación, es una mera ilusión y no tiene más realidad que la de una representación imaginaria.

El tiempo es el número o medida de los movimientos y mutaciones que percibimos y observamos en las cosas. Su realidad objetiva es la misma realidad de los movimientos y mutaciones: su concepto intelectual se forma según que comparamos un movimiento con otro, o las partes anteriores de un movimiento con las posteriores y sucesivas: totalitas motus accipitur per considerationem animae comparantis priorem dispositionem mobilis ad posteriorem.... Ipsa totalitas temporis accipitur per ordinationem animae numerantis prius et posterius in motu.

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(1) «Si ponatur causa producens effectum suum subito, non repugnat quod non praecedat duratione suum causatum; repugnat autem in causis producentibus effectum per motum, quia oportet quod principium motus praecedat finem ejus.» Opusc. 27.

(2) He aquí el pasaje íntegro que resume el pensamiento de Santo Tomás sobre este punto: «Essentiae rerum compositarum, ex eo quod recipiuntur in materia designata vel multiplicantur secundum divisionem ejus, contingit quod aliqua sint idem specie et diversa numero. Sed cum essentia simplicium non sit recepta in materia, non potest ibi esse talis multiplicatio. Et ideo non oportet quod inveniantur plura individua unius speciei in illis substantiis, sed quot sunt individua, tot sunt species.» Opusc. De Ente et Essent., cap. v.

Antropología y psicología de Santo Tomás                                              Metafísica y teodicea de Santo Tomás

 

 

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