TORRE DE BABEL EDICIONES
Portal de Filosofía,  Psicología y Humanidades

Diccionario Enciclopédico Hispano-Americano

Selección de artículos de una de las más importantes y clásicas Enciclopedias en lengua española

 

Diccionario filosófico
de Voltaire. Edición íntegra

 

Diccionario de Filosofía

Breve definición de los términos y conceptos filosóficos más importantes

 

Historia de la Filosofía

Explicación de la filosofía de los principales pensadores, resúmenes, ejercicios...

 

Historia de la Filosofía

 Edición digital de la Historia de la Filosofía de Jaime Balmes

 

Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres

 Edición digital íntegra de la obra de Diógenes Laercio

Compendio de las vidas de los filósofos antiguos

Fénelon (François de Salignac de La Mothe-Fénelon)
 

Biografías y semblanzas

Vidas y referencias biográficas de los filósofos y pensadores

 

Índices y sumarios

 Índices y sumarios de las obras clásicas del pensamiento

 

En la red y en español

Directorio y breve descripción de revistas de filosofía en español editadas en la red

 

Razón vital

Foro telemático dedicado a José Ortega y Gasset

 

Curso de Psicología

Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED)

 

Vocabulario de psicología

Explicación de los principales conceptos, tesis y escuelas en el área de la Psicología

 

La psicología contemporánea

Manual del filósofo y psicólogo español J. Vicente Viqueira

 

 Mitología griega e historia de los grandes hombres de Grecia

Sencilla exposición de la mitología griega, historia de los héroes, semidioses y hombres célebres griegos. Por Fernán Caballero.

 


HISTORIA DE LA FILOSOFÍA                                             

ZEFERINO GONZÁLEZ (1831-1894)                                                        

Tomo I - Tomo II - Tomo III - Tomo IV                                                       

 

 

Historia de la Filosofía - Tomo I - Segundo período de la filosofía griega

§ 71 - ARISTÓTELES

Corría el año 384 antes de la era cristiana, cuando en una colonia griega de Tracia vio la luz uno de los genios más poderosos que han aparecido sobre la tierra, y cuyo nombre brilló y brillará siempre en la historia de la Filosofía. Apenas es posible hablar de Filosofía y de ciencias sin que acuda a la mente y a los labios el nombre de Aristóteles, natural de Estagira, colonia de origen griego. Fue hijo de Nicómaco, médico y amigo de Amintas II de Macedonia, y perteneciente a la familia ilustre de los Asclepiades, familia que hacía remontar su origen hasta Esculapio, y en la que parecía hereditaria y como vinculada la profesión de la medicina. Muerto su padre, que le había inspirado la afición a las ciencias naturales, Aristóteles pasó a Atenas (1), entró en la Academia y se afilió entre los discípulos de Platón, cuya enseñanza y lecciones escuchó por espacio de veinte años. Su maestro, que descubrió pronto el genio superior y el valor extraordinario del nuevo discípulo, solía apellidarle el pensamiento y el alma de su escuela, sin que esto impidiera a Aristóteles adoptar tendencias y direcciones doctrinales diferentes de las de su maestro, meditando y preparando ya desde entonces sus grandes trabajos filosóficos y científicos. Fundándose acaso en la oposición de doctrinas más bien que en documentos históricos, hase dicho que ya en la misma Academia estalló cierta rivalidad entre el maestro y el discípulo. Según tradición, pero tradición no muy autorizada, dícese que Aristóteles ponía en aprieto a su maestro por medio de cuestiones capciosas y sutiles, y que a su vez Platón solía comparar a su discípulo con los pollos, que pelean contra su madre cuando se sienten ya con fuerza.

Muerto Platón, Aristóteles permaneció tres años al lado de Hermias, tirano o rey de Atarne en la Misia, con el cual tuvo estrechísima amistad, tomando por esposa a su hermana Pitias, de la cual tuvo una hija del mismo nombre. A la muerte de Hermias se retiró a Mitilene, en donde al poco tiempo recibió la invitación de Filipo de Macedonia para que se hiciera cargo de la educación de su hijo Alejandro, invitación que no honra menos al rey de Macedonia que al filósofo de Estagira, y que demuestra a la vez la justa celebridad que el último gozaba ya por entonces en toda la Grecia y países adyacentes. Las grandes empresas militares, políticas y científicas llevadas a cabo o favorecidas por su discípulo, demuestran bastantemente que Aristóteles supo responder a la confianza de Filipo en la educación y preparación del que a la vuelta de pocos años debía apellidarse Alejandro Magno, y formar época en los anales de la historia. Sabido es que el gran conquistador puso especial cuidado en adquirir, coleccionar y remitir a su antiguo maestro toda clase de documentos, noticias, libros y objetos capaces de contribuir al progreso de las ciencias, las cuales debieron mucho, sin duda, al amor que Aristóteles supo inspirar a su real discípulo.

 

No le debió menos Estagira, su patria, que había sido destruida y asolada en las guerras de Filipo; pues consiguió de éste su reedificación, privilegios y distinciones, entre las cuales sobresale la fundación o establecimiento de un gimnasio filosófico, apellidado Nyniphaeum, donde el futuro conquistador de la Persia y de la India oyó las lecciones de Aristóteles, en compañía de Calístenes, Teofrasto y algunos otros, hasta que pasó a vivir en los campamentos para completar su educación militar (2). 

Mientras que Alejandro llevaba a cabo sus grandes conquistas asiáticas, Aristóteles volvió a fijarse en Atenas, y el Liceo vio reunirse en torno del gran filósofo multitud de discípulos y oyentes de todo género. Dícese que su escuela recibió la denominación de peripatética, a causa de la costumbre de Aristóteles de enseñar paseándose por las calles de árboles del Liceo. No hay para qué añadir que el brillo y el nombre del Liceo obscurecieron bien pronto el brillo y nombre de la Academia platónica y de las demás escuelas filosóficas contemporáneas.

A la muerte del vencedor de Darío, el partido macedónico fue objeto de la persecución y venganza del partido contrario en toda la Grecia, y especialmente en Atenas. Aristóteles no pudo librarse de esta persecución. Habiendo sido acusado de ateismo por Curimedón y Demófilo, se retiró a Calcis en la isla Eubea, para evitar a los atenienses un segundo crimen y la repetición de la tragedia socrática. Al poco tiempo, y en este lugar de voluntario destierro, falleció a la edad de sesenta y dos años, de muerte natural, por más que algunos autores suponen que murió envenenado (3). Según la tradición, Aristóteles tenía voz escasa, ojos pequeños, piernas delgadas, llevaba anillo y usaba cierta elegancia en el porte de su persona. Dícese que su amor al estudio le sugirió la idea de dormir con una bola de cobre en la mano, para que le sirviera de despertador al caer en un vaso de metal.

§ 72 - ESCRITOS DE ARISTÓTELES

Aulo Gelio escribe que Aristóteles enseñaba dos especies de doctrina, una exotérica o general para toda clase de oyentes, y la otra esotérica o especial y reservada. Según este autor y otros muchos, nuestro filósofo comunicaba por la mañana a ciertos discípulos privilegiados la doctrina reservada y superior; pero por la tarde franqueábanse las puertas del Liceo a toda clase de personas, y las explicaciones del maestro eran acomodadas a semejante auditorio. De aquí también la distribución de sus escritos en exotéricos, y esotéricos o acroamáticos. Sin embargo, aunque los autores admiten generalmente esta división, distan mucho de hallarse conformes cuando se trata de aplicar estas denominaciones a éste o aquel escrito, y hasta cuando se trata de señalar el fundamento y origen de esta clasificación. Algunos fundan la clasificación en la diferencia de método: fúndanla otros en la naturaleza o condición de la materia que se expone o trata en la obra, según que es más o menos elevada y metafísica, más o menos sencilla y práctica. Para otros, la clasificación se refiere al estilo, llamándose exotéricas las obras escritas en estilo más claro y abundante, y acroamáticas las que ofrecen un estilo más conciso y oscuro. Según algunos, finalmente, esotéricos son todos los libros de Aristóteles, a excepción de los escritos en forma de diálogo.

Por lo demás, las obras de Aristóteles son la mejor demostración, no ya sólo de la prodigiosa actividad de su genio, si que también y especialmente de la admirable fecundidad y flexibilidad de su talento verdaderamente enciclopédico. La lógica y la gramática, la poética y la dialéctica, la física y la historia natural, la astronomía y la meteorología, la moral y la política, la sociología y la historia, la antropología y la cosmología, la metafísica y la teodicea, todo se halla tratado en sus obras, y tratado a fondo y de una manera sólida, a pesar de que algunas de esas ciencias eran desconocidas hasta su tiempo. Para cualquiera que conozca el catálogo y la importancia de sus obras (4), es incontestable que estas son la expresión más elevada y completa de la Filosofía y de la ciencia, dada la época en que floreció.

Desgraciadamente, ni todas sus obras han llegado hasta nosotros, ni la autenticidad de las que poseemos se halla al abrigo de toda duda en cuanto a la integridad y disposición del texto; pues, como observa con razón De Gerando, el texto de sus obras sufrió muchas alteraciones, y el orden de las ideas ha experimentado notables y evidentes trastornos. De aquí la dificultad de penetrar su verdadero pensamiento sobre muchas materias, dificultad que sube de punto a causa de la oscuridad de su lenguaje en ocasiones y de la excesiva concisión de su estilo. Por otra parte, las investigaciones nuevas que llevó a cabo, y las nuevas ciencias que creó en cierto modo, le obligaron a inventar y emplear nuevas palabras; pues, como dice Cicerón, imponenda nova, novis rebus nomina; y dicho se está de suyo, que no siempre es fácil determinar y fijar el verdadero sentido de aquellas nuevas palabras y de las vicisitudes que experimentaron al cabo de veinte y tantos siglos.

La desigualdad, lagunas y alteraciones que se observan en los escritos del filósofo de Estagira, tendrían fácil explicación histórica, a ser completamente cierto lo que Estrabón y otros autores antiguos refieren acerca de las vicisitudes de sus escritos. Cuéntase, en efecto, que Teofrasto, que heredó de su maestro esos escritos, los transmitió por herencia a su sobrino Neleo de Escepsis, el cual los escondió en un subterráneo, temeroso de que los reyes de Pérgamo pretendieran apoderarse de ellos sin pagar su justo valor. Al cabo de muchos años fueron desenterrados y vendidos. Apelicón, su comprador, sin poseer los conocimientos necesarios al efecto, sustituyó con otros los pasajes que se habían hecho ilegibles, añadiendo a la vez otros nuevos en lugar de los que faltaban, a causa del gran deterioro que habían sufrido las obras de Aristóteles mientras permanecieron bajo tierra. Habiendo llevado Sila a Roma la biblioteca de Apelicón, las obras de Aristóteles fueron confiadas al gramático Tiranión, el cual las corrigió y modificó, llenando las lagunas que existían; correcciones y modificaciones que después hizo también a su manera Andrónico de Rodas (5).

Pocos escritores habrá cuyas obras hayan sido objeto de tantos comentarios, glosas, interpretaciones y exposiciones como las de Aristóteles. Los nombres de Simplicio, Alejandro de Afrodisia, Porfirio, Ammonio, Temistio, Filopón, Averroes, Alfarabi, Alberto Magno, Santo Tomás, San Buenaventura, Cayetano, Toledo, Domingo Soto y de cien y cien otros antiguos y modernos, demuestran la importancia y consideración que en todo tiempo han merecido a los filósofos y sabios las obras del filósofo de Estagira. En nuestros días, las versiones y traducciones en varias lenguas de las obras de Aristóteles, acompañadas de prólogos, de notas, de advertencias y aclaraciones, han sustituido a los antiguos comentarios y exposiciones. Entre estas últimas merece especial mención la que se hizo en Berlín, bajo la dirección de Bekker y Brandis, edición de las más correctas en cuanto al texto, preparado y corregido por el primero, y no menos apreciable por parte de algunos comentarios antiguos, corregidos y revisados por el segundo, el cual enriqueció además con escolios excelentes esta grande edición de las obras de Aristóteles.

__________

(1) Suponen algunos autores que después de la muerte de su padre, Aristóteles se entregó en su juventud a una vida de desórdenes, y que, habiendo disipado su fortuna en éstos, se vio precisado a establecer en Atenas un comercio de droguería. Pero no existe testimonio alguno auténtico que confirme esta noticia, la cual, por otra parte, no se halla en armonía con lo que sabemos de su vida y costumbres.

(2) Dícese que los estagiritas, agradecidos a los muchos beneficios y favores que recibieron de su compatriota, instituyeron en su honor fiestas y juegos bajo el nombre de Aristotélica, que se celebraban anualmente.

(3) No merece discutirse, ni apenas mencionarse, la tradición, o, mejor dicho, la fábula, según la cual Aristóteles se precipitó en el fondo del Euripo, despechado por no poder comprender y darse razón de su flujo y reflujo.

(4) Las obras principales de Aristóteles que han llegado hasta nosotros son las siguientes: Perihermenias seu de interpretatione. —Categoriae, o sea Praedicameuta. —Analytica priora. —Analytica posteriora. —Topicorum, libri octo. —Elenchorum, libri duo. Todos estos tratados reunidos forman el Organon de Aristóteles. —Physicorum, libri octo. —De Coelo, libri quatuor. —De generatione et corruptione, libri duo. —Meteorologicorum, libri quatuor. —De anima, libri tres. —De sensu et sensibilibus. —De memoria et reminiscentia. —De somno et vigilia. —De longitudine et brevitate vitae. —De juventute et senectute. —Metaphysicorum, libri quatuordecim. —De Xenophane, Zenone et Gorgia. —Ethica ad Nichomacum. —Magna moralia. —Ethica ad Eudemum. —Politicorum, libri octo. —Rhetoricorum ad Theodectem, libri tres. —De Poetica. —De Historia animalium, libri novem. —De animalium incessu. —De Partibus animalium, libri quatuor. —De generatione animalium, libri quinque. Y cuenta que hacemos aquí caso omiso de varios escritos que corren entre sus obras, pero que, o son apócrifos, o de autenticidad muy dudosa, en cuyo caso se hallan, entre otráa, las siguientes: Physiognomica. —De motu animalium. —De mundo. —De coloribus. —De spiritu. —De lineis insecabilibus. —De causis. —De re mechanica. —De insomniis. —De divinatione per somnium. —Rhetorica ad Alexandrum. —Parva naturalia.
       Añádase a todo esto que algunas de sus obras no han llegado hasta nosotros, siendo muy de lamentar esta desgracia con respecto a la Historia de las constituciones de Estados o repúblicas, obra curiosísima sin duda y de la mayor importancia para conocer y juzgar el proceso de la idea política en la antigüedad.

(5) Es cosa notable el silencio que guarda Aristóteles en sus escritos acerca de su discípulo Alejandro Magno. Ni una sola vez le nombra en sus numerosas obras, a pesar de sus relaciones de amistad y de los auxilios y materiales que Alejandro le proporcionó para escribir sus libros. Es muy posible, y también muy probable, que tan obstinado silencio responde a un sentimiento de venganza de Aristóteles contra su real discípulo, a causa de la muerte violenta e injusta que aquél dio a su pariente y discípulo Calístenes. Si esto es así, el filósofo de Estagira supo escoger bien el arma de su venganza, dado el afán de gloria y celebridad que dominaba al gran conquistador, el cual hubiera trocado parte de sus tesoros y conquistas por algunos elogios en boca y en los escritos de Aristóteles.

Platón                                                                                                                          Filosofía de Aristóteles

 

 

  © TORRE DE BABEL EDICIONES - Edición: Javier Echegoyen  - Aviso legal y política de privacidad