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Alma – Filosofía Griega – Presocráticos – Sofistas – Sócrates

HISTORIA DE LA FILOSOFÍA – VOCABULARIO FILOSÓFICO

PRESOCRÁTICOS

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Conceptos fundamentales explicados

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Muerte de Sócrates
(detalle) David – 1787

Alma

Las dos formas principales de concebir el alma en el mundo griego fueron el alma entendida como principio de vida, común a todos los seres vivos (plantas, animales y hombres) y el alma entendida como principio de racionalidad, con carácter divino e inmortal, exclusiva  sólo del ser humano.

En castellano hay cuatro términos con un significado muy próximo: alma, psíque, espíritu y mente.

El término castellano alma proviene del término latino anima, el cual, a su vez, deriva del griego ánemos, viento. En el mundo griego, como en muchas culturas primitivas, se entendía el alma fundamentalmente como el principio de vida de todo ser viviente. Este hálito, soplo o principio vital se encuentra en todos los seres vivos (incluidos también los animales y las plantas) y desaparece cuando el cuerpo muere. La concepción del alma como algo distinto del cuerpo, inmaterial e inmortal empieza a tener importancia con el orfismo, Platón y más tarde con el cristianismo, pero no se encuentra en el mundo griego antiguo. Por ejemplo, en Homero no está clara la idea de la inmortalidad, y mucho menos el carácter inmaterial del alma: Homero utiliza fundamentalmente las palabras psyché y thymós para referirse al alma. Thymós es el alma entendida como fuerza vital, como aquello que vivifica el cuerpo, pero que desaparece tras la muerte de éste. Lo único que parece sobrevivir a la destrucción del cuerpo es la psyché entendida como sombra, imagen, espíritu o fantasma de la persona que tras la muerte del cuerpo habita en el mundo de las sombras, el Hades. Cuando Ulises en sueños baja al Hades y se encuentra con la psyché de sus amigos muertos en Troya, los ve tristes, apagados, sin apenas actividad, y eso porque les falta la thymós o fuerza vital.

Los filósofos presocráticos concibieron el alma como el principio vital que determina las actividades de los seres vivos, pero no alcanzaron una comprensión del alma como una realidad independiente del cuerpo, divina e inmortal. Así por ejemplo, los atomistas aceptaron su existencia, pero la consideraron compuesta de átomos más perfectos que el resto pero materiales, la concibieron formada de átomos esféricos y lisos, y por tanto mortal.

Dada la importancia de este vocablo y de sus equivalentes, puede ser útil la siguiente tabla con sus más relevantes significados (los términos en cursiva son la traducción más habitual):

GRIEGO CASTELLANO
ánemos viento, aire *, alma como principio vital
thymós alma entendida como aliento o fuerza vital
pneuma soplo, viento, aliento, respiración, vida, alma, espíritu
psyché soplo, hálito, aliento vital, fuerza vital, alma, vida, espíritu
noûs inteligencia, espíritu, mente, pensamiento, razón, intelecto, alma
 
LATÍN CASTELLANO
anima soplo, aire, aliento, principio vital, vida, alma
animus alma, espíritu,  principio vital, mente, pensamiento, ánimo
spiritus soplo de aire, aire, hálito, aliento, estado de ánimo, espíritu, alma
mens mente, espíritu, razón, alma, intelecto
 

Ver espíritu y mente, y también «alma» en el Diccionario filosófico de Voltaire y en el Diccionario Enciclopédico Hispano-Americano

TEXTOS PRESOCRÁTICOS-SOFISTAS-SÓCRATES

Los filósofos presocráticos creyeron necesario hablar del alma, algunos relacionándola claramente con el cuerpo al entenderla como principio de vida y otros en términos más dualistas al considerala divina e inmortal; este parece ser el caso de Empédocles

Otros hay además que afirman que el alma se halla mezclada con la totalidad del Universo, de donde seguramente dedujo Tales que todo está lleno de dioses.

Aristóteles, De anima, A5, 411 a 7
(Biblioteca clásica Gredos. Traductor: Tomás Calvo Martínez)

Anaxímenes de Mileto, Hijo de Eurístatro, declaró que el principio de las cosas existentes es el aire; pues de éste nacen todas las cosas y en él se disuelven de nuevo. y así como nuestra alma, que es aire, dice, nos mantiene unidos, de la misma manera el viento (o aliento) envuelve a todo el mundo.

Aecio, I 3, 4
 (Kirk y Raven, Los Filósofos Presocráticos, Editorial Gredos) 


      Pues no son nuestra sangre, según él (Empédocles), ni la mezcla de nuestro aliento los que causaron el principio esencial del alma; antes al contrario, son estos ingredientes los que componen el cuerpo, nacido de la tierra y mortal. Y, puesto que el alma le viene de otro lugar, por eufemismo denomina al nacimiento estancia en el extranjero -el más consolador de todos los hombres-; pero el alma, en realidad de verdad, anda huida y errante, desterrada por los decretos y leyes de los dioses.

Plutarco, De exilio 17, 607 D
 (Kirk y Raven, Los Filósofos Presocráticos, Editorial Gredos) 

 © Javier Echegoyen Olleta
Edición en papel:
Historia de la Filosofía. Volumen 1: Filosofía Griega. Editorial Edinumen