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COMIDA PROHIBIDA por la religión – Voltaire – Diccionario Filosófico

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Voltaire – Diccionario Filosófico  

► Conciencia (moral)

 

COMIDA, COMIDA PROHIBIDA O PELIGROSA

Comida, comida prohibida o peligrosa - Diccionario Filosófico de VoltaireLa palabra vianda proviene de victus, lo que alimenta, lo que sostiene la vida. De victus se formó la palabra viventia; de viventia, vianda. Esa expresión debía aplicarse a todo lo que se come. Pero por un capricho de todas las lenguas, prevaleció el uso de negar tal denominación al pan, a la leche, al arroz, a las legumbres, a las frutas, a los peces, y sólo se aplica a los animales terrestres.

Los primitivos cristianos tuvieron escrúpulos de comer los alimentos de todas clases que se ofrecen a los dioses. San Pablo no aprobó esos escrúpulos. Dice en una de sus epístolas a los corintios: «Lo que se come no es lo que nos hace gratos a Dios. No seremos mejores ni peores a sus ojos si comemos o si no comemos.» Exhortó únicamente a no alimentarse con viandas sacrificadas a los dioses estando presentes algunos de los hermanos que se pudieran escandalizar. Después de esto no se comprende por qué trata mal a San Pedro y le reprende por haber comido con los gentiles viandas prohibidas. Por otra parte, se dice en las Actas de los apóstoles que Simón Pedro estaba autorizado para comer de todo, porque un día vio el cielo abierto y que un gran mantel descendía a la tierra desde los cuatro rincones del cielo, y estaba lleno de animales terrestres de todas clases y de toda clase de peces, y oyó una voz que le dijo gritando: «Mata y come.» (Actas de los apóstoles, cap. X.)

Fíjense nuestros lectores que en aquellos primitivos tiempos la Cuaresma y los días de ayuno no estaban aún instituidos. Todo se va creando gradualmente. Diremos, para que sirva de consuelo a los débiles, que la cuestión que tuvieron San Pedro y San Pablo no debe extrañarnos, porque los santos son hombres. Pablo, en su primera juventud, fue el carcelero y hasta el verdugo de los discípulos de Jesús. Pedro también había renegado de Jesús, y la Iglesia naciente, militante y triunfante, siempre se vio dividida en partidos, desde los ebionitas hasta los jesuitas.

Creo igualmente que los brahmanes, que son bastante anteriores a los judíos, también estarían divididos en partidos. Pero sea lo que sea de esto, es indudable que fueron los primeros que se impusieron la ley de no comer carne de ningún animal. Como creían que las almas pasaban y volvían a pasar desde los cuerpos humanos a los de las bestias, no querían exponerse a comerse a sus parientes. Quizás la mejor razón que tuvieron para esto fue el temor de acostumbrar a los hombres a ser carnívoros e inspirarles costumbres feroces.

Sabido es que Pitágoras, que estudió con los brahmanes la geometría y la moral, adoptó esa doctrina humana y la transmitió a Italia. Sus discípulos la siguieron mucho tiempo, y los célebres filósofos Plotino Jámblico y Porfirio la recomendaron y la practicaban, aunque es bastante raro practicar lo que se predica. La obra de Porfirio titulada Tratado de la abstinencia de comer la carne de los animales, escrita en el siglo III, merece la estimación de los sabios, pero ha hecho pocos discípulos. En vano Porfirio propone que tomemos por modelos a los brahmanes y a los magos persas, que veían con horror la costumbre de sepultar en nuestras entrañas las entrañas de otras criaturas; no ha conseguido hasta hoy que sigan esa doctrina mas que los frailes de la Trapa. La obra de Porfirio estaba dedicada a uno de sus antiguos discípulos que se llamaba Firmus, y que, según se dice, se hizo cristiano por tener la libertad de comer carne de animales y de beber vino. Demuestra a Firmus que, absteniéndose de comer vianda y de beber licores fuertes, se conserva la salad del alma y del cuerpo, se vive más años y con mayor inocencia. Todas sus reflexiones son dignas de un filósofo rígido y de un corazón sensible. Cuando leemos su obra nos parece que no la ha escrito un enemigo del cristianismo, sino un Padre de la Iglesia.

No se ocupa de la metempsicosis, pero para él los animales son hermanos nuestros, porque están animados como nosotros, y con los mismos principios de vida; tienen, como nosotros, ideas, sentimiento y memoria; no les falta mas que el don de la palabra; si le poseyeran, ¿nos atreveríamos a matarlos y a comérnoslos? ¿Quién sería tan bárbaro que asara un cordero, si este cordero nos apostrofara, dirigiéndonos un discurso patético para que no fuéramos asesinos y antropófagos al mismo tiempo?

Ese libro prueba que entre los gentiles hubo filósofos dotados de la más austera virtud, pero que tuvieron que sucumbir vencidos por los carnívoros y los gastrónomos.

Es digno de notarse que Porfirio tributa un gran elogio a los esenios, a los que profesa veneración, aunque algunas veces comían vianda. En aquella época había una puja de virtud entre los esenios, los pitagóricos, los estoicos y los cristianos. Cuando las sectas se componen de escaso número de adictos, sus costumbres son puras, pero éstas degeneran en cuanto las sectas llegan a ser poderosas.