Torre de Babel

La psicología de los pueblos – Wilhelm Wundt – 7

CAPÍTULO III
La psicología de W. Wundt (Continuación)

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Las dos psicologías sociales: psicología colectiva y psicología de los pueblos – Precedentes de la última – El doble interés y la doble consideración en ésta – El concepto y los contenidos de la conciencia colectiva – El desarrollo de la conciencia colectiva – La explicación psicológica de los productos sociales – Psicología de los pueblos, etnología e historia – La psicología animal y del niño, en Wundt – Ideas metafísicas – Influjo de Wundt – Escuela wundtiana – Münsterberg – Escuela de Wurzburgo – Investigadores independientes – Psicología individual o diferencial – Pedagogía experimental – Psicología aplicada – La psicología experimental en España: Francisco Giner de los Ríos; Luis Simarro y sus discípulos; Turró; Mira – Bibliografía

  
Después de estos datos biográficos externos, debemos considerar en conjunto la orientación ideal y la significación de Simarro. Los múltiples aspectos de su personalidad estaban fundidos por un sentido filosófico que dimanaba de lo más hondo de su ser. Era un sabio a la manera antigua; la sabiduría no se consideraba por él como un mero producto del intelecto y útil para algunas aplicaciones técnicas, sino que se la estimaba como aquello que debía informar siempre nuestra conducta. Y, sin embargo, su vida se había ido construyendo, a pesar también de su clasicismo sentimental, con irregularidades románticas y bohemias en un comienzo, más tarde con mayor disciplina, pero nunca con aquella estructura armónica y racional que él anhelaba. Indudablemente, este conflicto entre ideal y realidad no dejaba a veces de torturarle. Alma de artista, se edificó una casa propia (13) según sus planos y dibujos, en los que colaboró su amigo el pintor Sorolla; casa llena de confort moderno, donde la biblioteca y los laboratorios parecían parte fundamental y con terraza a la valenciana; casa para indagar, leer y meditar. Empirista decidido, repugnaba toda concepción teológica y sonreía ante los sistemas de metafísica. Creyente, aparecían para él como los valores supremos la ciencia y la libertad; la ciencia como guía y maestra, y la libertad como condición de la ciencia y de una vida verdaderamente humana. En una de sus últimas conversaciones decía: «La libertad es la condición necesaria para la ciencia; si los hombres perdiesen el amor a la libertad y si a este amor no lo sacrificasen todo, incluso la vida, veríamos al mundo volver a la barbarie». Pasemos ahora a considerar sus actividades especiales como neurólogo, psiquiatra, maestro y psicólogo. En el dominio de la histología del sistema nervioso su labor ha sido importante, pero no lo suficiente conocida, porque Simarro gustaba de hablar, lo que hacía maravillosamente, pero no de escribir. Descubrió la diferenciación entre los cilindroejes y las dendritas por la ausencia en la raíz de los primeros de los grumos de Nissi. Inventó el método fotográfico de impregnación del sistema nervioso con las sales de plata, procedimiento simplificado después por Cajal. Recuérdese que éste dice en su obra Recuerdos de mi vida: «Debo a Simarro el inolvidable favor de haberme mostrado las primeras buenas preparaciones efectuadas con el proceder del cromato de plata y de haber llamado mi atención sobre la excepcional importancia del libro italiano de Camilo Golgi sobre la íntima estructura de la sustancia gris»; y añade: Simarro «ha tenido importancia decisiva en mi carrera». Sus últimos trabajos histológicos le llevaron a descubrir las placas seniles cerebrales al mismo tiempo que Fischer las describía en Alemania. Su laboratorio privado fue de importancia excepcional, pues hacia 1900 no había en Madrid más centros de investigación histológica que el de Simarro y el de Cajal. Como psiquiatra, un eminente discípulo suyo, el doctor Gonzalo Rodríguez Lafora, le considera el mejor de España en la segunda mitad del siglo XIX, el único que conocía los progresos de la psiquiatría en todo el mundo (14). En calidad de director del manicomio de Leganés, quiso implantar los métodos humanitarios de Pinel y Esquirol e iniciar el estudio científico de los alienados; las dificultades administrativas que halló en su camino le obligaron a abandonar su cargo. Fue un maestro admirable, en su clase y fuera de su clase. Sus discípulos le visitábamos muy a menudo, y en sus largas conversaciones con él, que se extendían a todas las esferas del saber humano y estaban impregnadas de espíritu filosófico, hemos encontrado un cúmulo de sugestiones y cultura. Simarro tenía el don de conversar; su clase misma era una conversación, un admirable diálogo que raras veces se trocaba en monólogo. Su discurso estaba libre de ociosa retórica, de afectaciones técnicas y pedantería, y rebosaba humor, a veces hasta picante. Alguien ha comparado a Simarro con Goethe y ha echado de menos un Eckermann que hubiese recogido sus conversaciones. Tuvo discípulos en todos los órdenes: en medicina general, en neurología y psiquiatría, en política y en filosofía y psicología.

Como psicólogo, su labor se concentró en sus clases. Por una parte divulgó entre nosotros la nueva psicología, principalmente la de Wundt. Recomendaba, a los que con él querían examinarse, como texto el Manual de Psicología de Wundt y como programa el índice de este libro. Por otra parte, su posición independiente y su fino don de observación, se revelaron en concepciones interesantes. Por último, Simarro estableció el primer Laboratorio de Psicología Experimental de España, primero en el Museo Pedagógico, después en la Universidad de Madrid. El contenido de sus lecciones, es decir, su psicología, queda sólo en las notas y la memoria de sus discípulos, pues no lo expuso por escrito nunca. Es difícil dar una impresión de cómo eran aquéllas; a la exposición sistemática se unía siempre en ellas un cúmulo de noticias informativas que Simarro nos proporcionaba, y que sacaba de sus constantes y extensísimas lecturas. Además, Simarro dibujaba con particular destreza, y de sus dibujos, improvisados de memoria con sus tizas de colores, en el encerado, se valía en sus explicaciones relativas al sistema nervioso. Trataremos a continuación de dar una idea de la psicología de Simarro (15).

La psicología es una ciencia de hechos, de los hechos que constituyen el fluir de la conciencia, y como toda ciencia de hechos dispone de dos métodos: la observación y el experimento. En cuanto a la primera, importa ante todo como introspección; como no podemos ejecutar actos y observarlos al mismo tiempo, nos queda el recurso único de la reflexión, de volver sobre lo experimentado. Esta reflexión es una posición incómoda para el hombre que naturalmente no le importa su espíritu, sino su acción, y para quien la inteligencia es un mero instrumento para ella. En una única forma la reflexión ha sido exigida muy pronto como útil a la vida; en la forma de la reflexión moral, que por esta razón ha precedido a la reflexión psicológica.

Los contenidos de la conciencia que son representaciones del mundo exterior, mundo que se nos aparece como una multiplicidad de objetos y una serie de relaciones de objetos, tienen por caracteres: la sensación, porque el mundo exterior es conocido por medio de los sentidos, la multiplicidad, puesto que los objetos son múltiples, y el cambio, puesto que los objetos cambian. Los contenidos que referimos a nosotros mismos se dan en forma de sentimientos, se relacionan con un único sujeto que se conserva, según nos parece, idéntico. Ahora bien; en el mundo exterior decimos que hay, además de objetos, sujetos; los últimos se nos presentan primariamente como objetos, pero cuando descubrimos en ellos ciertas expresiones análogas a las nuestras, les atribuimos el ser sujetos mediante un procedimiento llamado de eyección o proyección, que consiste en proyectar nuestra personalidad en un objeto. La distinción entre objeto y sujeto no es tan fácil como parece; desde el comienzo de la humanidad surgen dos doctrinas opuestas: la magia, que supone al mundo una multitud de objetos y relaciones de objetos, y el animismo, que cree el mundo formado por sujetos de propiedades de sujetos. La magia ha dado por resultado la física; el animismo, la psicología.

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(13) La casa se halla situada en la calle del General Oraa, 5 (Madrid).
(14) G. R. LAFORA, El profesor Simarro. Archivos de Neurobiología, II, 3, 1921.
(15) Me valgo capitalmente de mis notas de un curso de 1904-1905.
 
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