Torre de Babel

La psicología introspectiva de los psicólogos alemanes – 3

CAPÍTULO IV
Psicología introspectiva (Brentano, Th. Lipps, Dilthey, Natorp, e influjo de estos psicólogos)

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La Psicología introspectiva. Brentano, Lipps, Dilthey – La psicología de Brentano. Su influjo; en particular la fenomenología de Husserl – Theodor Lipps; su psicología aperceptiva. Objeto y contenido. Sustancialismo y causalidad. Paralelismo y psicología fisiológica. El método de la psicología. Introspección y sus formas. Experimento interno y externo. El sistema de la actividad mental. La empatía y sus clases. Valores y religión – Dilthey. Su crítica de la psicología causal. Psícología de las estructuras. Su influjo. Jasper y Spranger – M. W. Calkins – La Psicología filosófica. P. Natorp. Crítica de éste por De Sarlo – Bibliografía

  
II. Theodor Lipps (1851-1914) tiene en la psicología contemporánea una posición original e interesante. W. Wundt ha llamado a su propia psicología aperceptiva (en oposición a la asociativa) y considera la psicología de Lipps como aperceptiva también, pero no empírica, inductiva como la suya, sino especulativa, basándose en análisis de conceptos (10). Efectivamente, Lipps ha construido una psicología aperceptiva. Por otra parte, su mérito no reside en la construcción, que es excesiva y, a menudo, esquemática y artificiosa, sino en sus finos análisis de los estados de conciencia y en las descripciones que con ellos se enlazan. Como es ya natural, el método empleado es el de la introspección. Por esto pertenece al grupo de corrientes que ahora bosquejamos. Aún es preciso tener en cuenta que las diversas discusiones psicológicas de Lipps se hallan muy influidas por puntos de vista epistemológicos. Siendo imposible, por el corto espacio de que disponemos, dar un detallado bosquejo de esta psicología, nos limitaremos a lo esencial. Hablaremos, pues, al tratar de este psicólogo sucesivamente: de la determinación del objeto de la psicología, del método, del sistema de la vida mental, de la empatía y del concepto de valor y conceptos afines.

En la determinación del objeto de la psicología debemos tener en cuenta la fijación del campo de la psicología, el concepto de alma e inconsciente, y la estimación de la psicología fisiológica. En cuanto a lo primero, conviene recordar lo que Wundt dice con respecto al objeto de la psicología y de las ciencias naturales. Ambas ciencias, según él, se refieren a lo mismo, estudian lo mismo, sólo que desde diferentes puntos de vista. Para Th. Lipps, como para Brentano, esta aserción es errónea. La psicología tiene un dominio que le es propio. La psicología estudia los contenidos de conciencia que se presentan en la conciencia individual, no el objeto que se refleja, por decirlo así, en estos contenidos, por ejemplo en las percepciones. Así, la psicología estudia las percepciones, el recuerdo, etc., de un árbol, pero no este mismo árbol real. Lipps piensa que todo el psicologismo moderno se equivoca al pensar con Berkeley que existir es igual a ser percibido (esse = percipi) y que, por lo tanto, objeto y contenido es uno y lo mismo. Además del contenido, de la percepción o del recuerdo, existe, de un modo peculiar, el objeto que se percibe o se recuerda. Volviendo al anterior ejemplo del árbol, ejemplo tomado de Lipps mismo, es evidente que el árbol que veo junto a mí es una planta de cierto tipo, que se ha desarrollado de una semilla según ciertas leyes y cuyos antepasados han existido en alguna selva de Oceanía o América; es evidente, también, por lo tanto, que no se puede decir que cada una de las representaciones que yo tengo del árbol, o todas juntas, constituyen este árbol, o sea que el árbol es un complejo de sensaciones. El árbol, como objeto, debemos pensarlo en sí. Sin embargo, el árbol, el objeto-árbol, no es algo que trascienda de nuestro conocimiento, pues entonces no tendría sentido hablar de él. El objeto es un objeto de pensamiento; es espiritual, pero no espiritual-individual como el contenido. El objeto es espíritu, pero de este espíritu ya no se ocupa la psicología, que es sólo la ciencia que estudia el contenido; o, dicho de otro modo, el árbol es un algo cuyo estudio corresponde a la botánica; pero de este árbol objeto de la ciencia natural dará razón última, no la psicología que se ocupa de sus representaciones en la conciencia, sino alguna otra ciencia filosófica.

Los contenidos se entretejen complicadamente en el suceder psíquico del alma individual con otros sucesos o experiencias (Bewustseinserlebnisse, según Lipps). La psicología, como se acaba de decir, se dirige a este complejo tejido de sucesos psíquicos para su estudio; pero estudiarlo no es describirlo meramente, sino que es necesario también explicarlo. Ahora bien; explicar el mundo de la conciencia es presentarlo en sus enlaces causales; la psicología es, por lo tanto, para Lipps, causal y explicativa. Para este fin sostiene Th. Lipps, en abierta oposición con el actualismo de Wundt, que es preciso suponer un sustrato en que se realicen las experiencias de conciencia, pues, de otra manera, es imposible pensarlas como reales, dar razón de su surgir y desaparecer. Este substrato de la vida psíquica no es sino lo que llamamos habitualmente alma (11). Algunos pensarán que este substrato es el cerebro y que no es procedente hablar de alma; pero, según Lipps, cerebro y alma son conceptos que no se equivalen en el plano en que se coloca la psicología, ya que pertenecen a dominios radicalmente diferentes: el cerebro es un concepto fisiológico; el alma, un concepto psicológico (12). Esto no quiere decir, según Lipps, que ambos conceptos no pueden coincidir en un estadio ulterior de la investigación filosófica. Puesto que el alma es ajena en su esencia al mundo natural espacial, resulta de aquí que es absurda la antigua cuestión del asiento del alma, o del lugar que el alma ocupa en el cuerpo. El lugar, la localización, es una determinación o propiedad, sólo de lo que pertenece al mundo que se nos da en la percepción externa y espacial; pero no de lo que pertenece a lo que se presenta en el alma. Según gráfica expresión de Lipps, es tan absurdo hablar de un asiento o una localización del alma, como del olor de una fórmula matemática. Lo que acaece en el alma puede realizarse de una manera consciente o puede suceder en la subconsciencia. De hecho, para Lipps, aun en el primer caso, aparte de la apariencia existe siempre el fenómeno real subconsciente. Este punto de vista sustancialista tiene graves defectos: la duplicación innecesaria de la vida mental, ya que a todo proceso consciente acompaña un proceso subconsciente, y el emplear el concepto de subconsciencia, mucho más allá de lo que la experiencia lo permite, en atrevidas construcciones. Como se dijo antes, no en éstas, sino en la descripción está lo fuerte de Lipps.

La psicología fisiológica pretende basarse en el supuesto de un paralelismo psicofísico; pero éste es imposible, pues: 1º, en todo caso sólo podemos establecer una coordinación entre el alma entera y el cerebro entero. Efectivamente, no hay procesos separados psíquicos que puedan ponerse en relación con iguales procesos cerebrales, sino actos unitarios del sujeto; la separación de los procesos, su aislamiento, es un mero artificio de la abstracción; 2.º, sería así necesario enlazar todo el sustrato alma con todo el sustrato cerebro, y como la unidad de este último no está explicada y se halla comprendido en la del sistema nervioso, y éste, a su vez, en la del mundo entero, corresponde a la unidad del alma la unidad del mundo, unidad que tampoco explica la ciencia natural. ¿Qué queda, desde este punto de vista de las localizaciones cerebrales? La respuesta es muy sencilla, según Lipps; a saber: que a ciertos cambios o perturbaciones de la conciencia acompañan alteraciones del cerebro. Una psicología fisiológica es imposible aun entendida en esta forma amplia y sin el rigor de un estrecho y falso paralelismo; y es imposible porque supone una coordinación de los sucesos psíquicos y físicos, lo que, a su vez, supone un total conocimiento de ambos.

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(10)  «Dirección especulativa de la psicología de la apercepción con inclinación creciente a análisis dialéctico de conceptos», WUNDT, Grundriss der Psychologie, 10 ed., pág. 23.
(11)«Ningún objeto de la percepción sensible puede pensarse y considerarse real sin que se le añada una cosa como sustrato» a que pertenecen las cualidades sensibles y «los objetos subjetivos, las experiencias de conciencia… en tanto que se piensan sucediendo en el mundo real, en un cierto momento y lugar, llegan a ser algo en una cosa o en una sustancia. Esta sustancia se llama, en tanto que está unida con la vida de conciencia individual que se presenta en la realidad, alma» (Leitfaden der Psychologie, págs. 171-172).
(12) «Tiene tan poco sentido decir del cerebro que piensa, que reflexiona sobre la inmortalidad del alma, que quiere, que espera o dura, como preguntar cuántos gramos en promedio pesa el alma humana, o de qué células se compone» (Leitfaden der Psychologie, pág. 46).
 
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