RES EXTENSA
Descartes llama «res extensa» a los cuerpos. La característica esencial o atributo de los cuerpos es la extensión, es decir, el estar en el espacio, y sus modificaciones variables o modos la cantidad, la forma y el movimiento. Como consecuencia de ello, los cuerpos se someten a la cantidad y pueden ser explicados en términos mecanicistas. Los seres humanos no son pura extensión, puro cuerpo, pues poseen mentes; los animales son pura extensión, puro cuerpo, son como máquinas y pueden ser explicados en términos mecanicistas
En este punto, Descartes se enfrentó al siguiente problema: los animales carecen de mente pero sin embargo muchas de sus conductas parece que descansan en estados o procesos mentales (se comportan como si percibieran el entorno, tuvieran miedo o alegría, y algunos incluso como si resolvieran con inteligencia problemas…). En su época los ingenieros habían construido máquinas con aspecto de animales y en algunos casos de dioses y hombres tan bien diseñadas que los espectadores ingenuos podrían atribuirles conducta intencional, inteligente o mentalista. Pero, evidentemente, no tienen mente puesto que han sido diseñados por el hombre y son pura materia. Lo mismo ocurre con los animales, pensó Descartes: la organización de las partes de su cuerpo ha sido diseñada de tal modo que les permite interactuar con el medio en términos que inducen a error y provocar dichas interpretaciones mentalistas, siendo como son, y al igual que nuestras máquinas, puros cuerpos. Obviamente, la diferencia está en que en el caso de los animales, el diseñador no es el hombre sino Dios.
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Como el reflejo es la conducta más claramente mecanicista, Descartes considerará que toda la conducta animal puede comprenderse a partir de los reflejos. La concepción mecanicista cartesiana, que él creía válida únicamente para los cuerpos, posteriormente fue ampliada también a los hombres, como se puede apreciar en la reflexología rusa y en el conductismo.
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